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Viernes, 12 de febrero de 2010

CINE › EL FORUM DEL CINE JOVEN ARRANCO A TODO VAPOR

Un espíritu fuera de campo

Es la histórica muestra paralela del festival. Ayer se vio Nénette, el magnífico nuevo trabajo de Nicolas Philibert. Y la argentina Inés Oliveira Cézar presentó El recuento de los daños, que quizá sea su obra más madura.

 Por Luciano Monteagudo

Desde Berlín

¿Qué se puede hacer salvo ver películas? El frío y la nieve no ceden (ni hay visos de que lo hagan), pero eso lleva a que no haya mejor refugio que el cine. Ayer, tanto la función de gala como las dos proyecciones de prensa de Apart Together, de Wang Quan’an, que fue la película oficial de apertura, estuvieron repletas. Y no es poco decir considerando la capacidad del inmenso Berlinale Palast. Pero el imán que provocó la nueva película del director chino (ganador del Oso de Oro de la Berlinale 2007 con El matrimonio de Tuya) no impidió a su vez que el Forum del Cine Joven, la histórica muestra paralela del festival, arrancara a todo vapor. Si la Berlinale esta temporada cumple 60 ediciones, el Forum –que nació un poco como la Quincena de los Realizadores de Cannes, después de las sacudidas de Mayo del ’68 y como una forma de rebeldía contra el festival oficial– cumple a su vez 40 (que, dicho sea de paso, serán celebrados en el próximo Bafici con una retrospectiva que dará cuenta de su historia). Pero la juventud que proclama su nombre, dicen los organizadores del Forum des Jungen Films, no está en la edad, sino en el espíritu.

Algo de eso probaron algunos de los primeros films proyectados ayer, empezando por Nénette, el magnífico nuevo trabajo de un veterano como Nicolas Philibert, pero que no está dispuesto a dejarse adormecer por la merecida fama que tiene como uno de los grandes documentalistas europeos del cine contemporáneo. El sigue probando y experimentando como si fuera un debutante. La nueva película del director de Ser y tener tuvo su estreno mundial en el docBsAs de octubre pasado, pero vale la pena volver sobre ella porque se trata de una obra de un rigor extremo y a la vez de una rara ligereza, una suerte de objeto conceptual no exento de humor y sensibilidad.

La protagonista absoluta de Nénette es la mona que le da su título al film, que aparece en cámara de la primera a la última toma. Pero al mismo tiempo, cuanto más se intensifican los planos de Nénette, cuanto más es consciente el espectador de que en los 70 minutos que dura el film no habrá en la pantalla otra imagen que no sea la suya, empieza a cobrar una importancia fundamental el llamado “fuera de campo”, aquello que está por afuera del campo de visión pero que sin embargo es determinante para la constitución del significado del film.

Hay toda una vida que se agita del otro lado de la jaula de Néne-tte en el Jardin des Plantes de París. En off, se escuchan voces académicas, risas infantiles, diferentes idiomas, una manifestación política, y toda esa experiencia humana que evoca el sonido del film –de una importancia equivalente e incluso superior a la de la imagen– expresa hasta qué punto aquello que está de un lado o del otro de la cámara hace (a poco de haber atravesado el año darwiniano, nada menos) a un todo, a un continuum, al cual el arte de Philibert le presta su capacidad de síntesis.

Por su parte, la argentina Inés Oliveira Cézar vuelve por tercera vez al Forum –después de Cómo pasan las horas (2005) y Extranjera (2007)— y entrega con El recuento de los daños, que quizás sea su obra más madura, aquella en la que forma y contenido se funden en un todo indivisible. La Argentina que se reconoce en la película es la de hoy, con sus paisajes, sus personajes y sus conflictos sociales, pero por detrás de esos afanes cotidianos (que la puesta en escena se ocupa de distanciar drásticamente del costumbrismo, de volver casi abstractos en su estilización geométrica) late la fuerza del mito.

Como en la tragedia de Edipo, hay un hombre joven que vuelve a su tierra natal, que sin saberlo mata en la encrucijada de una autopista a su propio padre y que al llegar a su destino no puede sino sentirse atraído por una mujer mayor que él, la reina del imperio (en este caso, la dueña de una fábrica), provocando una crisis de la que apenas se adivinan sus terribles consecuencias. Que ese joven se descubra a sí mismo como un hijo robado durante la dictadura militar y que esa mujer de quien nunca se sabe su nombre pero que no es otra que Yocasta (magnífico trabajo de la actriz cordobesa Eva Bianco, dueña de una máscara impresionante) dan la dimensión, el espesor de una tragedia universal en su variante más propiamente argentina.

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Eva Bianco, excelente protagonista de El recuento de los daños.
 
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