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Viernes, 17 de octubre de 2008

NATURALEZA MUERTA, UNA PELICULA BELLA Y APASIONANTE

La geografía y la humanidad

En el film que ganó la Mostra de Venecia, el cineasta vuelve a demostrar su maestría para expresar las tensiones entre lo social y lo individual, entre el plano general y el detalle.

 Por Luciano Monteagudo

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NATURALEZA MUERTA
(Still Life/Sanxia haoren, China/2006).

Dirección y guión: Jia Zhang-ke.
Fotografía: Lik Wai Yu.
Música: Giong Lim.
Intérpretes: Tao Zhao, Sanming Han, Kai Chen y Ronghu Chen.
Proyección en soporte DVD en las salas Arteplex Centro y Arteplex Belgrano únicamente.

Se diría que hay un único, gran tema que obsesiona al director chino Jia Zhang-ke, sobre todo en los últimos años, y es el de la enorme transformación que está atravesando su país y su gente. Ese tópico, que ya estaba presente de manera embrionaria en su primera obra maestra, Platform, ganadora del primer premio del Bafici 2001, comenzó a desarrollarse de forma más amplia en The World (2002) y alcanzó su apogeo en las dos películas que filmó simultáneamente en 2006: Dong y Naturaleza muerta, ganadora del León de Oro de la Mostra de Venecia. Ambas fueron rodadas al mismo tiempo en la zona de la represa de los Tres Cañones, un monumental proyecto hidrográfico en la cuenca del río Yangtzé que se remonta a los tiempos previos a la Revolución, impulsado personalmente por el propio Mao a poco de asumir el liderazgo del país y que se calcula recién estará concluido en el 2009, después de un proceso de re-localización de millones de habitantes, forzados a desalojar una región que desaparecerá completamente bajo el agua.

Las formas de abordar ese impresionante paisaje geográfico y humano son, sin embargo, bien distintas en ambos films. En Dong –que tuvo la oportunidad de verse en el Bafici un año atrás–, Jia utiliza los modos de representación del documental, pero lo hace a través de una mirada en espejo, registrando la obra del artista plástico Liu Xiaodong, que pinta una serie de retratos al óleo de los trabajadores dedicados a demoler las ciudades en las que ellos mismos vivieron durante toda una vida. El efecto es a la vez conmovedor y sorprendente, por el impacto visual del film.

Esa misma conmoción está en el centro de Naturaleza muerta, estreno de hoy en Buenos Aires (aunque en proyección DVD, debe aclararse), donde Jia da cuenta de la diáspora del pueblo chino en la parábola simétrica de dos personajes desconocidos entre sí y que el film nunca se empeña falsamente en vincular. De los millones de habitantes que poblaron la región, Jia eligió un hombre y una mujer maduros que –después de años de separación– buscan a sus respectivas familias en ese inmenso río humano que se mueve incesantemente alrededor del Yangtzé.

Lo notable de la ficción del director de Platform es la manera en que vuelve a utilizar una escenografía ya dada (en The World era el inmenso parque temático en las afueras de Pekín) para expresar las tensiones entre lo social y lo individual, entre el gran plano general y el plano detalle, entre una ciudad entera que va desapareciendo sin dejar rastros y el destino frágil de esos hombres y mujeres empujados por los vientos inclementes del progreso y de la Historia.

Es muy interesante comprobar la evolución del cine de Jia desde entonces. Si en el díptico integrado por el documental Dong y la ficción Naturaleza muerta el director se ocupa de reflexionar, por separado, sobre las consecuencias en el paisaje –geográfico, humano– que provoca el monumental proyecto hidrográfico en la cuenca del río Yangtzé, en 24 City –su nueva película, que acaba de estar en la competencia oficial del último Festival de Cannes, en mayo pasado– aborda un problema similar, el desmantelamiento de una fábrica colosal, que data de los primeros años de la Revolución, y que dará lugar a un flamante complejo urbano de rascacielos y centros comerciales. La novedad está ahora en que Jia decidió hacer en un mismo film un documental y una ficción, entremezclando escenas y entrevistas con veteranos habitantes de la zona y “reportajes” a tres actrices (entre ellas, la famosa Joan Chen) que se mimetizan con la gente del lugar. El resultado es un fresco fascinante, que se verá el año que viene en Buenos Aires y que confirma la síntesis hacia la que se dirige el cine magistral de Jia Zhang-ke.

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Zhang-ke retrata de manera conmovedora la transformación que atraviesan el país y su gente.
 
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