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Viernes, 17 de octubre de 2008

TEATRO › UN HOMENAJE A MARCEL MARCEAU A CARGO DE DOS DE SUS DISCIPULOS

Un tributo al rey de los silencios

Los mimos Alexander Neander y Wolfram Von Bodecker explican cómo se retoma la enseñanza de su maestro y cuán vigente es seguir diciendo cosas sin palabras en el espectáculo Silencio, que se estrena esta noche en el Opera.

 Por Facundo García

No están claras las reglas que hay que seguir para hacer una entrevista a dos mimos. El francés Alexander Neander y el alemán Wolfram Von Bodecker trabajaron durante una década y media con Marcel Marceau. El viernes 17, en el Opera (Corrientes 860), presentarán Silencio, un espectáculo que rinde homenaje al maestro a un año de su partida. Llegan con su traje característico, que entrevera humor y elegancia. Dan la mano, observan todo, se comunican entre sí. Y la duda empieza a inflarse hasta estallar de alivio cuando se produce en la mesa del café lo que no sucederá en el escenario: ¡hablan!

¿Cómo ven el mundo los que se dedican a este oficio? Una opinión al voleo los supone lectores del cuerpo propio y ajeno, descifradores infalibles de lo que el resto no puede o no quiere expresar. Sin embargo, los artistas cuentan cómo vive el mimo desde lo cotidiano. Von Bodecker reconoce que “en esta carrera, el nivel de atención que les prestás a los movimientos de los demás es muy grande, y eso puede ser simultáneamente una ventaja y una desventaja. A mí me cuesta ir por la calle y no pensar todo el tiempo ‘cuál será la situación entre estos tres’, ‘que querrá ése que está sentado ahí’. Si no le ponés un límite, no terminás más”.

–Bueno, ventajas debe haber. Usted quiere mandar a alguien al carajo. Seguramente tiene un repertorio de señas más amplio que el corriente.

Neander: –En realidad, depende de lo que pueda comprender el otro. Nosotros hemos hecho giras –ésta es la cuarta por América latina, amén de las que hicimos en Oriente y Europa– y te das cuenta de que hay sutiles pero importantísimas variaciones gestuales entre países. Asimismo, hay que saber que el mimo no está para reemplazar al habla. Es un arte que transmite actitudes y sentimientos interiores. Esa es su magia y su potencia. Muchas veces decimos lo que no se puede definir con palabras.

Viéndolos ahí sentados, los dos con rostros y pestañas pintados, tan pálidamente europeos bajo la tarde porteña que amenaza con garuar, es imposible no preguntarse por qué este tipo de humor viaja siempre prendido a personajes frágiles. “Cuidado –advierte Von Bodecker, que es el más flacucho–: el vagabundo de Chaplin y el Bip de Marceau poseen fragilidad, aunque eso no les impide conservar una fortaleza enorme. No te olvides de que cuando el personaje débil se convierte en fuerte, el público lo perdona porque sabe de sus carencias. Ese es un punto clave.”

–Por lo que se puede ver en la web, este espectáculo –el primero de una larga serie que comenzó en 1996– contiene tramos de humor irónico y mucha poesía. Teniendo en cuenta que la única función en Buenos Aires será la del 17 de octubre, y que la obra se titula Silencio, ¿qué importancia le dan a este espacio sin habla, en un día saturado de discursos?

Von Bodecker: –Probablemente el nombre tenga que ver con que hoy el que es más fuerte con la palabra piensa que tiene la razón. No es así. Vivimos atormentados por los que quieren convencernos. Tanto, que cuando encontramos al silencio en alguna parte de la ciudad nos parece una novedad. Es lo que destaca el público: que ayudamos a descubrir lo que hay debajo del ruiderío diario. Ese lugar protegido de la locura es indispensable para la creación. Lo necesitas para componer, para digerir los pensamientos, para decidir qué hacer con tu vida. Hasta la estrella de rock más ruidosa lo precisa.

Neander: –Volviendo al asunto de los discursos: a diferencia de lo que pasa en la política, en el arte no hay mentiras. Te llega o no. Más en el teatro, donde está el actor, el público y nada más. No hay DVD ni controles remotos, ahí se acabó la sanata. Está mi olor a transpiración, mi polvo. De eso no se pueden hacer copias ni falsificaciones.

–¿Cómo se monta un espectáculo de mimodrama? ¿Hablan previamente para contarse las ideas o se ponen a hacer gestos?

Von Bodecker: –Lo primero es casi una foto, que se te puede ocurrir a partir de cualquier cosa. Esa imagen resume una situación. A continuación tenés que explorarla con improvisaciones, a ver qué sale. Sobre eso nuestro director Leonel Menard va haciendo modificaciones y nuestro compañero Didier Brun aporta cuestiones técnicas. Por último, el público. Como mimo, vos sacás fuerza e intensidades de los cambios en tu respiración y te percatás de que lo estás haciendo correctamente cuando hasta el último espectador del fondo está metido en ese ritmo.

Von Bodecker y Neander concretarán hoy su segunda visita a Buenos Aires, en el Teatro Opera, Corrientes 860.

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El francés Alexander Neander y el alemán Wolfram Von Bodecker se educaron con Marceau.
Imagen: Rafael Yohai
 
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