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Miércoles, 1 de abril de 2009

SELECCIóN OFICIAL INTERNACIONAL

El encierro como metáfora

Hunger, del artista multimedia británico Steve McQueen, transcurre casi enteramente dentro de una cárcel. Y en el caso de la argentina La risa, debut del santafesino Iván Fund, no se trata de cuatro paredes, sino de las cuatro puertas de un auto.

 Por Horacio Bernades

Día de encierros en la Selección Oficial Internacional del Bafici. Opera prima del artista multimedia británico Steve McQueen, Hunger transcurre casi enteramente dentro de la cárcel de Long Kesh, donde a comienzos de los ’80 el militante del IRA Bobby Sands inició, junto a un grupo de compañeros, una célebre, maratónica huelga de hambre. Pero nada más lejano del cine político estándar que este film, que en lugar de analizar la situación desde el plano general de la alta política se circunscribe, con efecto mucho más poderoso, al plano detalle de la celda, el prisionero, su cuerpo y su conciencia. En el caso de la argentina La risa, debut del santafesino Iván Fund, no se trata de cuatro paredes, sino de cuatro puertas, las del auto en que viajan los cuatro protagonistas, durante dos tercios de película. Pero si la de McQueen se sostiene sobre una situación de alta dramaticidad, la de Fund es una de esas películas que rehúyen todo drama, poniendo al espectador no frente a una circunstancia extraordinaria, sino frente a la más ordinaria de las circunstancias.

Ganadora de la Cámara de Oro en Cannes 2008 y paseada de allí en más por montones de festivales, Hunger es una de esas películas cuya presencia en competencia oficial del Bafici suena a elección demasiado fácil. Como si en lugar de aquello a descubrir (objetivo de una selección que focaliza en primeras y segundas películas) se prefiriera elegir lo consagrado. Es sorprendente que Hunger sea una ópera prima: se trata de una de esas películas en las que salta a la vista que ahí detrás hay alguien que tuvo absolutamente claro qué contar y cómo hacerlo. El qué son los meses previos a la huelga de hambre encabezada por Sands, y la huelga misma. El cómo, la concentración. Dicho esto no sólo en términos dramáticos y espaciales, sino también en el sentido de una cierta disposición anímica.

Hunger está ostensiblemente dividida en tres movimientos, el primero de los cuales tiene por protagonistas a un carcelero y un prisionero, recién ingresado a Long Kesh. Los prisioneros del IRA, en protesta porque el gobierno de Thatcher no reconoce su condición de presos políticos, vienen llevando adelante una peculiar medida de protesta, consistente en no lavar sábanas y no limpiar restos de comida y deposiciones. Las paredes de las celdas están tapizadas de materia fecal, los restos se pudren en los rincones, los gusanos pululan. Pausada y atenta, la cámara se posa no sólo sobre esos detalles, sino sobre todo aquello que constituye la vida cotidiana de la prisión: canutos que los prisioneros intercambian con las visitas, masturbaciones solitarias, limpiezas forzadas, algún castigo brutal. El segundo movimiento consiste en una única escena, de unos veinte minutos de duración y casi enteramente resuelta en un solo plano fijo. Esa fijeza permite concentrarse en el diálogo entre Bobby Sands y un cura católico que simpatiza con la causa, pero no con los métodos. Es una suerte de diálogo socrático en el que ambos exponen sus razones, que son tanto políticas como éticas.

El tercer movimiento de Hunger narra la huelga de hambre, con Sands internado en una cama de hospital y deteriorándose hasta morir. Hay en Hunger tres decisiones discutibles. La primera es una ejecución que, tal como está mostrada, suena a golpe bajo. Las otras dos son de orden estético y rompen, sobre el final, la unidad de una puesta en escena de infrecuente homogeneidad, que logra practicar lo que tal vez sea una anatomía de la resistencia en grado extremo. Algunos ven en ello una forma de martirio cristiano, lo cual no hace más que echar un leño más al fuego de la reflexión política que Hunger suscita.

Suscitar cosas no es una de las cualidades de La risa. Narrada en tiempo real, en el apretado interior de un auto, la película tiene por protagonistas a cuatro muchachos que vienen de una fiesta y no tienen, por lo visto, una borrachera divertida. Con amplio margen para la improvisación, en un único tramo la ópera prima de Iván Fund roza algo parecido a la tensión dramática, cuando los muchachos suben a una chica al auto y los machos amenazan con cornadas. Pero queda en el amague, nomás: pronto se distraen tirando piedritas a lo lejos, en una escena que se extiende durante unos diez minutos. Enteramente filmada en planos cortísimos, la fragmentación física no ayuda a relacionarse con los personajes como tales: tal como aparecen en cámara, son más pedazos que personas.

* Hunger, hoy a las 16.45 en el Hoyts 1 y mañana a las 18 en el Atlas Santa Fe 1.

* La risa, hoy a las 18.15 en el Hoyts 1 y mañana a las 20.15 en el Atlas Santa Fe 1.

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Hunger, ganadora de la Cámara de Oro en Cannes 2008.
 
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