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Jueves, 10 de diciembre de 2009

SE ESTRENA LA MESA ES UN PEDAZO DE MADERA, DE DIANA SZEINBLUM, AUSPICIADA POR PáGINA/12

Cómo bailar las cadenas significantes

La coreógrafa volcó en la obra su interés por la idea del encadenamiento lingüístico y su relación con los objetos reales.

 Por Alina Mazzaferro

La historia del arte moderno abunda en ejemplos de creadores que, a través de su obra, han abordado la relación entre las cosas y las palabras que las nombran. René Magritte fue uno de los primeros en poner el acento en que la imagen de una pipa no es una pipa, volviendo evidente el problema de la representación. Luego Michel Foucault escribió Esto no es una pipa, un ensayo acerca de la obra del pintor belga sobre la que se apoyó para desplegar su tesis acerca de la débil ilusión que une a los objetos y al lenguaje en cada sociedad. Claro que la lingüística de Ferdinand de Saussure ya había reparado en la arbitrariedad del signo; es decir, de esta asociación entre una imagen acústica que es el significante con un significado. Este problema, cuyas derivas filosóficas han sido múltiples, le interesó a la coreógrafa argentina Diana Szeinblum. Con esa idea, llevó adelante un proceso de exploración coreográfica que ha tenido como resultado La mesa es un pedazo de madera. La obra se estrena hoy con auspicio de Página/12 en el Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata (Avenida 51 entre 9 y 10) y podrá verse hasta el domingo, siempre a las 21.

Lo curioso y sumamente significativo de la obra de Szeinblum es que se propuso armar una obra de danza con una consigna: explicitar las cadenas significantes, a la que ella llama “encadenamiento”. “Por ejemplo, ‘la mesa es un pedazo de madera’ es el primer eslabón de una gran cadena que se puede formar si quiero nombrar a la mesa sin usar esa palabra”, explica la coreógrafa. “El punto de partida fue armar encadenamientos que nos permitieran ir de lo más simple a lo general. Por ejemplo: la mesa es de madera y la madera viene del árbol, que a su vez está en el bosque; este último es parte de la naturaleza, que a su vez corresponde al planeta Tierra, que es parte del sistema solar. De algo particular, con tres simples pasos, llego inmediatamente al sol. También trabajamos con la asociación libre, lo que permitió que cada intérprete encontrara nuevos encadenamientos para una palabra como mesa.” Todo surgió a partir de que Szeinblum se fascinó con la idea del encadenamiento lingüístico y su relación con los objetos reales. “Eso venía rondando en mi mente desde que tomé unos cursos de filosofía en los que estudiábamos a Spinoza, un autor que me capturó.” El resultado de su interés filosófico fue una obra de danza que tiene un leve “olor a Spinoza” y que promete tender una inmensa red que entrelazará personas, palabras y cosas.

Pero, ¿cómo lograr reflexionar acerca del mundo y la lengua que lo nombra a través de otro lenguaje que no es verbal sino puramente físico? Ese fue el desafío de Szeinblum, que confiesa que “ésta es la obra con menos movimiento” de toda su producción. Sin embargo, el movimiento que inspiró a la coreógrafa fue otro diferente al del cuerpo: “En realidad, si uno lo piensa bien, el encadenamiento es puro movimiento. Aquí habrá mucho movimiento conceptual”, aclara. Para llevar adelante este proyecto, la creadora que se consagró en el campo de la danza contemporánea con Secreto y Malibú convocó a tres intérpretes que participaron de las nuevas tendencias coreográficas porteñas de los últimos años. Uno de ellos es Luis Biasotto, integrante del grupo Krapp, que este año generó polémicas con Octubre (una pieza en la que cuestionaba los modos de hacer de la danza en la que prácticamente nadie bailaba). También está Florencia Vecino, admirada en su interpretación de Maneries, de Luis Garay. Y Edgardo Castro, que no es bailarín sino actor, pero que ha participado de obras coreográficas como Bajo, feo y de madera.

“A Biasotto lo conozco desde hace mucho tiempo y siempre había querido trabajar con él”, comenta Szeinblum. “A Vecino la conocí en Maneries y quedé obnubilada ante tanto talento. Y llamé a Castro porque me gustaba la idea de que no fueran tres bailarines sino que uno de ellos viniera de otro campo.” La coreógrafa confiesa que compartió el proceso creativo con los protagonistas, del mismo modo en que lo hacen la mayor parte de sus colegas de danza contemporánea de los últimos tiempos. Szeinblum describe su tarea como “un trabajo no tradicional, que tiene que ver con lo que hay que decir y no con lo que es bello”; sin embargo, considera que pertenece a una generación anterior a la de Biasotto, que rompió con todos los cánones y límites de la danza. De hecho, ella fue parte del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín en los tiempos en que era dirigido por Oscar Araiz. “Una de las cosas que celebro de ese tipo de trabajos, como Octubre, es que están muy poco ocupados en lo que piensa el público; pero eso sería imposible e impensable para mí, porque vengo de otra generación, no siento que pertenezca a ese grupo de nuevos creadores.” Aun así, con Biasotto, Vecino y Castro al mando del escenario, esta obra promete ser menos convencional, menos danzada y mucho más alegre que otros trabajos de la coreógrafa: “La he pasado muy bien trabajando con estos tres seres increíbles, me he divertido un montón, cosa que no suele pasarme mucho. Me pongo siempre en obsesiva y soy muy oscura para crear; en cambio, este trabajo fue muy relajado, abierto, alegre, incorporamos el humor”.

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La obra de Szeinblum se verá entre hoy y el domingo en el Teatro Argentino de La Plata.
 
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