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Jueves, 10 de diciembre de 2009

MUSICA › LA ORQUESTA DE JAZZ DE FRANCIA EN EL FESTIVAL DE BUENOS AIRES

Una aventura sonora constante

El grupo rindió homenaje a Billie Holiday pero, sobre todo, al espíritu creativo. Con arreglos de Alban Darche, fue un cierre ejemplar para un festival que afianzó su perfil y conjugó calidad con riesgo. A lo largo de cinco días concurrieron 28.000 personas.

 Por Diego Fischerman

Un cantante a lo Tom Waits, con un brazo enyesado y un bastón con el que golpeaba el piso en los momentos más expansivos. Otra vocalista, de afinación exacta y recursos expresivos notables, enfáticamente opuesta al énfasis y, sobre todo, a ese lugar común según el cual quien canta, sobre todo si es mujer, debe bailar y en lo posible parecer sensual. Una orquesta de jazz cuyo modelo estuvo más cerca de Frank Zappa que de Count Basie. Y una “revisita” a Billie Holiday que se convirtió, en manos de la Orquesta Nacional de Jazz de Francia, en una aventura sonora constante.

Este grupo, fundado en 1986 y dirigido artísticamente por Daniel Yvinec desde hace un año, es uno de los emprendimientos más interesantes de la música popular europea –y de la política estatal en relación con ella–. Financiada por el gobierno francés, esta orquesta se plantea como un laboratorio abierto, con dirección rotativa (Yvinec será el primero con un período de tres años a su cargo, después de una serie de ciclos bianuales) y con carta blanca para que sus conductores decidan desde el repertorio hasta la propia conformación instrumental del grupo. Interesado en los cruces y en las posibilidades de la electrónica –entre muchas otras cosas–, Yvinec, que acaba de estrenar en París un homenaje a Robert Wyatt –el baterista y fundador de Soft Machine, luego figura inclasificable y muchas veces genial de la música británica– plantea, en este caso, un recorrido que rescata, del repertorio de Holiday, más la idea de expresión descarnada que otra cosa.

En ese sentido, cuenta con un grupo de solistas excepcionales que se mueven con absoluta fluidez entre los códigos del jazz más atonal, de las vanguardias históricas del siglo XX –un extraordinario solo de piano preparado a cargo de Eve Risser, por ejemplo–, de la irreverencia casi circense o de la electrónica aplicada a un ostinato de capas superpuestas por una flauta baja (un excelente Joce Mienniel). Y los arreglos de Alban Darche que extraen sorpresa de cada una de las texturas. Antonin Tri-Hoang en saxo alto y clarinete, el guitarrista Pierre Perchaud (de exquisito lirismo en “Skylark”, un tema con una larga tradición de melodistas en su haber), la batería de Yoann Serra y las voces de Ian Siegal y Karen Lanaud sobresalen, en todo caso, dentro de un organismo colectivo donde aun los solos cumplen un papel estructural ireemplazable.

El concierto de la Orquesta Nacional de Jazz de Francia fue el cierre de la edición 2009 del Festival de Jazz de Buenos Aires, por el que pasaron alrededor de 28.000 personas a lo largo de cinco días de una programación tan variada como estimulante (para los músicos, al proponerles desafíos inusuales, y para el público). Y la clausura no podría haber sido más acertada. Porque, en muchos aspectos, esta orquesta, con su mirada sobre la tradición pero, sobre todo, con su poderoso latido contemporáneo, con su conjunción de excelencia y riesgo estético, sintetiza algunas de las mejores virtudes del festival. Un festival, eventualmente, que se plantea como algo mucho más amplio que una serie de conciertos y que es capaz de conectar a los músicos consagrados con quienes estudian en la cátedra de jazz del Conservatorio Manuel de Falla, a los artistas internacionales con los argentinos, a unos géneros y a unas disciplinas con otros (encargos de obras de danza, de revisiones de estéticas y repertorios como los del Cuchi Leguizamnón, Piazzolla o el Gato Barbieri) y, sobre todo, de poner en escena a quienes están todos los días frente al público, construyendo el buen momento creativo del jazz local, pero encarando proyectos de más largo alcance que la propia mecánica del show semanal no sería capaz de sustentar.

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La Orquesta Nacional de Jazz de Francia brindó un inmejorable final de fiesta.
 
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