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Lunes, 8 de febrero de 2010

OPINION

Unitarios y federales culturales

 Por Pablo Bonaparte *

El caos y el orden sólo existen en nuestras cabezas. Nacen de la capacidad que tenemos para comprender la realidad. Ella no está ordenada, ni es caótica, sino a través de los modelos de análisis con los cuales la encaramos. Prigogine decía: “La naturaleza nos responde en el lenguaje en el que le hablamos”. Cuando las variables que manejamos comienzan a multiplicarse más allá de lo cotidiano, tendemos a asustarnos y a poner el grito en el cielo para que el Dios Orden resuelva el caos. Por eso cuanto menos variables, mejor. Los sistemas políticos y sociales son mucho más sencillos desde una concepción unitaria. Un centro define la realidad y opera controlando todas las variables. Los sistemas federales deben organizarse con una lógica diferente para ser ordenados. En ellos nadie maneja todas las variables. Esto presupone que debe existir respeto y confianza entre los actores, ya que cada uno va a manejar un conjunto del total de las variables, siendo la resolución de los problemas que surjan responsabilidad de todos. Cuando a una mentalidad unitaria se le presenta un problema federal tiende a resolverlo como aquel viejo martillo que veía todos sus problemas con forma de clavo. Así descalifica a los actores, habla de la inviabilidad de los proyectos y declama su capacidad de poner orden en el caos, centralizando todas las decisiones. Y tiene razón. Por dos motivos: uno, la multiplicidad de problemas que no tienen resolución desde él. El otro, que no estamos acostumbrados en nuestra sociedad a respetar al otro, ni a trabajar en equipo. Nuestra generación del ’80 caló culturalmente muy adentro de nuestra sociedad ilustrada, discriminando a sus habitantes.

Es entonces que decidir cambiar una mentalidad unitaria en la cultura implica construir primero una federal. Y esto no es sencillo. Primero se deben generar lazos de confianza y respeto entre las partes. Saber que nos vamos a equivocar todos y mucho, porque la vieja mentalidad unitaria sigue instalada en nosotros también. Por lo tanto debemos aprender de los errores, no negarlos. Aquellos que fueron sojuzgados o despreciados deben aprender a pararse sobre sus pies; y aquellos que sojuzgaron, a descubrir en el otro a un igual. Los éxitos o fracasos de los proyectos deben medirse por el grado de integración alcanzado.

La Secretaría de Cultura en el área de artesanía logró que las veinticuatro jurisdicciones que integran nuestro país, apuesten a trabajar juntas en los proyectos “Uno por veinticuatro. Integración por la interacción” y “De mis manos a las tuyas. Herramientas para una nueva generación de artesanos”; a ellos se sumaron la Subsecretaría de Capacitación y Organización Popular del Ministerio de Desarrollo Social y artesanos de la talla de Juan Carlos Pallarols. La mayor gratificación del trabajo en equipo no está al final de la tarea sino durante, en el trabajo, cuando entre todos buscamos y encontramos las respuestas a los escollos que se nos presentan.

Hoy, en la Feria Nacional de Artesanías de Colón (Entre Ríos), los organizadores, los artesanos independientes y las provincias de todo signo político visten con sus artesanías y su cuidado al stand de su Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación. Depositan en nosotros su afecto y confianza. Esperamos poder retribuir semejante honor.

* Antropólogo. Director del Mercado Nacional de Artesanías Tradicionales (Matra).

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