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Domingo, 12 de septiembre de 2010

OPINION

Una potencia ficcional autónoma

 Por Alejandro Catalán *

En la segunda mitad del siglo XX el traslado del teatro a espacios no teatrales y la anulación de la distancia entre actor y público aparecieron como nuevas condiciones escénicas que habilitaban una nueva percepción. Evitar las determinaciones prácticas y subjetivas que la sala teatral imponía mostrando al teatro capaz de producir su fenómeno en un lugar no preparado arquitectónica ni técnicamente para tal cosa permitía ver su potencia ficcional autónoma. La aproximación del cuerpo del actor genera una fuente de acontecer escénico que renueva el sentido presencial del hecho teatral. De esta manera, el “encuentro”, que siempre fue asumido como fenómeno esencial del hecho escénico, es rescatado de la cristalización de sus convenciones y de la domesticación estética de lo vivo.

En nuestros días, el espacio no teatral y la proximidad entre actores y público son opciones, entre otras, para la configuración de una obra. No tienen el sentido de ruptura respecto de la convención ni vinculación con los cuerpos. Si se apela a ellas, será entonces por hacer a la consistencia puntual de la dinámica escénica de esa obra. El “encuentro” hoy no depende de romper condiciones perceptivas instituidas sino más bien de configurar percepciones indeterminadas muy influenciadas por lo que el mercado escénico con sus medios y corrientes de opinión preanuncian respecto del valor y sentido de ir a ver tal o cual obra. Es entonces que quizá sea más importante que el tipo de espacio y la proximidad, la manera en que esa obra va a convocar a su público, lo que se dice en el programa de mano y, obviamente la dinámica que hará de esa obra una experiencia escénica o mediática. Actualmente una obra puede contener las condiciones de espacio y proximidad que analizamos y ser en su manera de convocar y desplegarse una experiencia absolutamente snob y publicitaria.

Allí el espacio real y los actores cerca pueden ser operaciones que buscan tener “impacto” y en términos expresivos no hacen a ninguna experiencia puntual. Contrariamente, obras hechas con estas condiciones escénicas u otras diferentes logran que espacio y distancia hagan perceptibles texturas ficcionales y acontecimientos expresivos que bajo otras condiciones no serían posibles. Allí el “encuentro” retorna como posibilidad, ya que se configura una manera puntual, local, actual y autónoma en que las percepciones pueden entrar en contacto.

* Director teatral.

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