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Martes, 7 de febrero de 2012

OPINIóN

En aquellas jornadas

 Por Adriana Rosenberg *

A fines de los años ochenta las Jornadas de la Crítica presentan a su organizador, Jorge Glusberg, ansioso, fumando un habano o su pipa; caminando rapidísimo, con su traje negro y una colita recogida, entre notables críticos, investigadores del arte, directores de revistas y de museos. Era una semana intensa para la actualización de tendencias, con presentaciones inéditas como las de Max Koszloff sobre el valor del instante en la fotografía, las teorías de Nelly Richard; o las últimas ideas sobre la marginalidad, de la mano de Gregory Battcok.

Recuerdo el silencio total de Clement Greenberg mirando la obra de los artistas jóvenes; la novedad del pensiero debole (el “pensamiento débil”) que proponía Gianni Vattimo, o la Transvanguardia, de Achille Bonito Oliva. Uno de los recuerdos más intensos que tengo fue cuando en una edición de aquellas jornadas, Jorge Romero Brest, enfermo ya, entró en el auditorio colmado de gente, para ver, saludar y despedirse de sus amigos. La relación de Romero Brest y Glusberg era complicada, distante, pero ese día fue un gran homenaje al maestro. Un instante de silencioso acuerdo entre ambos. Romero Brest sabía que muy probablemente vería por última vez a muchos de sus colegas y con su presencia en aquellas jornadas le dio su reconocimiento a Glusberg.

* Directora de la Fundación Proa.

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