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Sábado, 6 de mayo de 2006

A 150 AÑOS DEL NACIMIENTO DE SIGMUND FREUD, EL PADRE DEL PSICOANALISIS

La estampita de la tierra de los divanes

Su teoría psicoanalítica sigue levantando polvaredas, polémicas, discusiones a favor y en contra y estudios que intentan desentrañar (aún más) el pensamiento del médico vienés. En la Argentina, donde el psicoanálisis encontró un campo fértil, habrá varias actividades de homenaje.

 Por Karina Micheletto

Se cumplen 150 años del nacimiento de Sigmund Freud y, como todo aniversario redondo, la fecha despierta celebraciones en todo el mundo. Y de paso, reaviva debates que arrastran más de un siglo, con defensores y detractores encolumnados en escuelas varias. En la Argentina, tierra fértil del psicoanálisis, también. Y es que la teoría freudiana se volvió parte del sentido común, una suerte de verdad obvia y evidente, sustentada, paradójicamente, en todo aquello que no es obvio y evidente. Al adentrarse en el terreno del inconsciente, Freud sentó las bases de la psicología actual y cambió la forma en que el hombre se concibe a sí mismo. Tanto que suele atribuírsele uno de los tres grandes golpes al narcisismo, después de los de Copérnico y Darwin.

Las celebraciones en lo que ha sido estatuido como “el año de Freud” se multiplican en todo el mundo. Sobre todo en Pribor, en la actual República Checa, la ciudad natal del padre del psicoanálisis, donde se lo homenajea con un museo, y en Viena, donde vivió desde los tres años. En la Argentina, diversas instituciones psicoanalíticas preparan su homenaje en forma de clínicas y jornadas (ver aparte).

¿Cuál es esa “revelación del siglo XXI” que introdujo Freud, tal como reza el lema de los festejos internacionales de este año? “Su obra instauró una concepción de lo humano. La idea del alma humana es diferente desde el desarrollo de Freud”, apunta el psicoanalista Andrés Rascovsky. El médico psiquiatra y psicoanalista José Eduardo Abadi sintetiza la potencia del “golpe al narcisismo” freudiano: “Freud viene a decir que hay aspectos del hombre que él mismo desconoce, porque son inconscientes. Fueron reprimidos porque nos provocaban angustia, pero se expresan en nuestros actos de la vida cotidiana. Cuando aquello que fue reprimido puede pasar a la conciencia, el sujeto tiene una mayor libertad, se vuelve más protagonista y autor de su historia”.

Lo que comenzó más de cien años atrás en Viena, sin demasiados seguidores al principio, hoy sigue siendo objeto de investigaciones y continúa abriendo puertas hacia el descubrimiento. Especialistas como el psicoanalista Juan Carlos Cosentino siguen trabajando sobre manuscritos inéditos que Freud no llegó a publicar, que proporcionan nuevas puntas de análisis alrededor de su teoría y refuerzan otras (ver nota de opinión). La riqueza de estas lecturas se multiplica si se tiene en cuenta que el propio Freud fue corrigiendo y reforzando su obra a lo largo de los años.

En estas nuevas lecturas, hasta se encuentran respuestas anticipadas: “Las corrientes actuales, complacientes con la exigencia de aceleración de esta época, ubican al psicoanálisis propiamente dicho como excesivamente trabajoso y lento”, advierte Cosentino. “Un fragmento suprimido, que no se conocía hasta ahora, del pos-escrito que escribió Freud sobre La cuestión del análisis profano se anticipa. Cuestiona la posibilidad del trabajo analítico en una sociedad guiada por el precepto time is money”, cuenta.

“No hay ninguna concepción teórica o técnica que se haya desarrollado durante cien años, como el psicoanálisis”, resalta Rascovsky en relación con su influencia psicoterapéutica, y toma partido: “Hay varios miles de psicoanalistas argentinos que han hecho una carrera de por lo menos diez años de estudio y por lo menos diez años de su propio psicoanálisis. Y hay otros miles que han implementado algunas modificaciones técnicas o han incorporado alguna forma teórica diferente. El 99 por ciento de ellos, para decirlo citando a Freud, cocinan su guiso en nuestro fuego. Y el fuego es la concepción del inconsciente, los conflictos y fantasías básicas, la problemática de los duelos, etc. Le pondrán algún ingrediente y sacarán otro, pero sigue siendo el mismo fuego”.

La Argentina, se sabe, es tierra de divanes. La vigencia del pensamiento de Freud aparece materializada no sólo en estudios teóricos, sino en distintas formas cotidianas, tal como apunta José Eduardo Abadi: “Muchas de las formulaciones que hizo Freud en su teoría son tomadas a diario como herramientas de comprensión por los medios de comunicación, las investigaciones en otras disciplinas o el arte. En la lectura misma de la realidad cotidiana, aquella que llega a nosotros a través del periodismo, por ejemplo, vemos muy presente el interrogante que proviene de una mirada influida por el psicoanálisis. Esa curiosidad que nos lleva a querer saber qué más está presente por debajo o entre los pliegues de lo que sucede o lo que se dice, y que alude indudablemente a aquello que escapa a la conciencia. Toda esta visión está influida por la teoría psicoanalítica, que ha destronado a la conciencia como rectora única”.

¿Cuáles son las causas de esa cercanía argentina hacia el psicoanálisis?

Rascovsky rescata la labor de aquellos pioneros que originaron el movimiento latinoamericano del psicoanálisis (entre ellos, su padre Arnaldo, fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina). Abadi (otro hijo de un psicoanalista destacado) concuerda con esta visión histórica, pero agrega un punto de vista personal, que desarrolló en su libro No somos tan buena gente. Un retrato de la clase media argentina. Según este punto de vista, tanto paciente, tanto psicoanalista y tanto consultorio criollos tienen que ver ni más ni menos que con una búsqueda de identidad, en un país donde la identidad grupal está siempre amenazada. “Los argentinos tenemos un déficit como identidad comunitaria. En el análisis, parte de lo que inconscientemente se busca tiene que ver con algo que sustituya esa pertenencia y esa autoafirmación que da la identidad social. Esa búsqueda intensa de la propia identidad está en parte potenciada en un país donde la identidad social es precaria”, explica el psicoanalista.

Frente a las críticas que denuncian al psicoanálisis como excesivamente trabajoso y lento –entre las más comunes–, Rascovsky destaca “el combate cultural que libra el psicoanálisis contra la reducción del hombre a su estructura química”, y opone un ejemplo mediático: “Diez años atrás, la revista Newsweek había decretado la muerte de Freud, bajo el título ‘Freud is dead’. En su última edición sacó la misma tapa, pero tachada: ‘Freud is not dead’. Eso está hablando de algo”, asegura.

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Freud será el centro de tributos en todo el mundo.
 
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