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Lunes, 8 de mayo de 2006

FERIA “PERDONEN NUESTROS PLACERES”

Textos breves que buscan el placer

Mex Urtizberea y Fanny Mandelbaum acompañaron a Sandra Russo en la presentación de su nuevo libro, que será lanzado simultáneamente también en México, Brasil y España.

 Por Silvina Friera

“Hay algunos autores que producen casi un placer físico, es como si el corazón se expandiera”, dijo la editora Lidia María Riba durante la presentación de Perdonen nuestros placeres (V&R), de Sandra Russo, en la que participaron Fanny Mandelbaum, Mex Urtizberea y la autora. El libro es lanzado simultáneamente en Argentina, México, Brasil y España. Riba leyó uno de los relatos que integran el libro, Nada que hacer, ante más de doscientas personas. Las mujeres, que colmaron la capacidad de la sala Adolfo Bioy Casares, reflejaban las identificaciones que genera la escritora y columnista de Página/12 entre sus lectores: el balanceo de cabezas, la sonrisa espontánea, las miradas que se cruzan con la amiga que está sentada al lado o los ojos brillantes. Fanny Mandelbaum, compañera de Russo en Animados, que conduce Lalo Mir en Radio Mitre, señaló que “éste es un libro para las mujeres que somos culposas”, y sugirió que los hombres deberían comprarlo para regalárselos a las mujeres que quieren. “Se los van agradecer más que un ramo de flores, que se marchitan a los tres o cuatro días”, añadió la periodista.

Mandelbaum repasó los placeres con los que se identificó: la copa de vino, las sábanas limpias o ir sola al cine. “¿Qué es esto?”, le gritaron las panelistas y el público a Urtizberea, que llegó tarde, pero seguro para aportar su chispa a una de las presentaciones más amenas, placenteras y divertidas de esta Feria. “Sin chocolate no existe la felicidad –aseguró Mandelbaum–. Yo pensaba que era la única, pero veo que no. Y como los escondo, empiezo la búsqueda del tesoro recorriendo todos los cajones para ver dónde dejé esa tableta que escondí. Y una vez que la encuentro y cuando siento que se deshace dentro de la boca, ese momento es como un orgasmo.” Y Mex recogió el guante: “No sé para qué vine si lo que produce un orgasmo es un chocolate”.

Russo contó que su intención fue que las mujeres que leyeran el libro dijeran: “Uy sí, esto es así”. Y explicó: “Cuando uno escribe siempre está buscando que una parte del texto toque personalmente a sus lectores”. Urtizberea definió al libro como “instantáneas de la mujer contemporánea” y agregó: “Si hay un ser superior en la tierra es la mujer”. Todas lo aplaudieron a rabiar. “Vivo rodeado de mujeres y tengo más amigas mujeres que hombres. Lo digo en serio –aclaró Urtizberea–, aprendo muchísimo de las mujeres en el tema de los placeres, que uno no sabe muy bien de qué van: si la llevo a un hotel de cinco estrellas o si quizá resulta que otro la lleva a cortar malvones y ella muere por eso.” Mex estaba en su salsa y no paraba de hacer reír al público.

–¿Te desconciertan a veces?, le preguntó Russo.

–Todo el tiempo me desconciertan porque me vuelven a poner en mi lugar, y eso ya me llama la atención. Me guían por caminos, por senderos, son como agentes de vialidad.

Mex confesó que le gustaría transformarse en mujer para poder entenderlas y comentó el video Sencillamente, de la Bersuit Vergarabat, que él dirigió, para fundamentar ese deseo. “Cordera le dice a ella ‘dame lo que más te guste y nada más’. Y ella lo empieza a vestir de mujer para conversar con él.”

Una de sus lectoras le comentó a Russo que dos de las palabras dominantes en Perdonen nuestros pecados son la culpa y el perdón. “A veces parece que tenemos todas las batallas ganadas, pero hace medio siglo que podemos votar. No me siento feminista en un sentido estricto, pero tampoco me chupo el dedo. Es cierto que la culpa es un sentimiento que domina gran parte de nuestra vida y que es una herramienta de poder sobre nosotras mismas”, reflexionó Russo. Un hombre le advirtió que no había escrito sobre el placer de la escritura. “La gente que escribe tiene incorporado el oficio como un sexto sentido, como algo que uno hace porque no le queda más remedio”, opinó. “Cuando uno se va acercando a temas que lo roen, deja de ser placentero, pero lo hace porque es su manera de comunicarse con los demás. Lo que busca el que escribe es que a alguien le pase algo con eso.”

“La siesta, la copa de vino o ir al cine son placeres unisexs”, recordó Russo que le dijo un hombre que leyó el libro. “Lo femenino está en cómo está escrito”, agregó. “Estos textos son ejercicios muy minimalistas, es captar un momento e ir con el bisturí a fondo. Tal vez el hombre metería el bisturí de otra manera”, sugirió. Otra mujer le pidió que hablara sobre las cosas que los hombres creen que le dan placer a una mujer, pero que no son placenteros para ella. Russo reconoció: “Estoy desorientada. La respuesta te la debo”.

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“Las mujeres nos dicen por dónde ir, son como gente de vialidad”, dijo Mex.
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