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Domingo, 14 de mayo de 2006

CULTURA “EL CODIGO DA VINCI” Y “CIUDAD DEL PAPA”, EN LA MIRA DE UNA EMBESTIDA CATOLICA

La cruzada contra los herejes del arte

La Iglesia Católica acometió recientemente contra el programa animado de la MTV alemana Ciudad del Papa y la película El código Da Vinci, de Ron Howard, que se estrena el próximo jueves. Cuáles son los argumentos de quienes buscan la prohibición.

 Por Julián Gorodischer

El pecado de la serie animada Ciudad del Papa (Popetown, por la MTV alemana) fue mostrar un papa parecido físicamente a Benedicto XVI, desquiciado, infantil y secundado por un cardenal corrupto. El de la película El código Da Vinci, de Ron Howard, fue plantear una descendencia para Cristo y María Magdalena. Para detener a Ciudad del Papa, la iglesia alemana presentó una acción legal conjunta con otros grupos católicos bajo el argumento de que “la fe católica y la Iglesia fueron expuestas al ridículo”, dijo el arzobispo de Munich. La cruzada contra El código..., en cambio, es extrajudicial, pero incluye varios comunicados y un imperdible manual para detectar supuestas infamias a cargo del Opus Dei (que puede consultarse en su página de Internet www.opusdei.org). En un comunicado reciente del Opus, hay una insólita interpelación a la distribuidora: “Columbia –se lee allí– está a tiempo de hacer una contribución a la concordia”.

Con el Papa no

La Justicia alemana no encontró elementos injuriantes que comprometieran a Ciudad del Papa: uno de los diez episodios ya salió al aire, luego de un debate especial de MTV en el que se recabaron opiniones de público y sacerdotes. “Los espectadores votaron a favor de la serie”, concluyó Elmar Giglinger, director de programación, y levantó el pulgar. Sin embargo, la BBC inglesa no estaría dispuesta a pasarla. Y no hay estreno previsto para Ciudad del Papa en Latinoamérica. Para Giglinger, Popetown es apenas “una forma de entretenimiento satírico, y por lo tanto una forma de arte”.

¿Hay algo que ofenda a la fe católica? Las pocas imágenes de la serie animada que pueden verse desde la Argentina, a través de Internet, incluyen a un Cristo sentado cómodamente en un sillón comentado por la leyenda: “Reír en lugar de estar colgado”. La herejía de Popetown, que tanto irritó a la Iglesia alemana, incluye: a) un Papa inmaduro, de edad mental de ocho, consentido como un nene caprichoso, que prefiere hacer bromas con su bastón antes que atender el protocolo papal, b) un grupo de cardenales ociosos que se da la gran vida, c) un tal Padre Bush, de relación demasiado afectuosa con animales exóticos, d) una tal Madre Penélope, joven, linda, que posa sexy en avisos publicitarios... El Arzobispado de Munich y Freising, después de que la MTV rechazó su petición de no emitir el programa, solicitó a un tribunal que prohibiera la emisión, amparándose en el artículo 166 del Código Penal alemán (insultos contra la religión que pongan en peligro la paz social). Para el diario alemán Handelsblatt, “la cadena musical MTV no podía haber conseguido mejor promoción para sus dibujos animados que las protestas de los católicos y la denuncia de la Iglesia”. La inteligente reacción de la MTV alemana agudizó la polémica: organizó ciclos especiales para discutir el asunto y luego programó a Popetown en el horario central de los miércoles a la noche. “Somos la MTV. Nos gusta polarizar. Nos gusta provocar. Nos gusta romper tabúes”, justificó el programador Elmar Giglinger al diario Frankfurter Zeitung.

Hacía tiempo que la cadena MTV no generaba un producto polémico como Popetown, donde el escándalo llegó a compararse a la reacción musulmana por las viñetas danesas sobre Mahoma. “Hay que preguntarse –expresó la Federación Europea de Jóvenes Católicos– si deben producirse altercados callejeros y romperse cristales para que la tolerancia religiosa en Alemania se aplique también a los cristianos.” Joachim Herrmann, peligroso líder neoconservador que gobierna en la región de Bavaria, se quejó especialmente del Cristo con el slogan, y participó de la presentación a la Justicia. “Cualquiera no podrá decir cualquier cosa”, arengó. Desde la Argentina, mirando con interés el debate alemán, el periodista Nicolás Artusi, presentador de Noticias MTV, cree que “fue especialmente controvertido que el estreno de Popetown ocurriera justamente en Alemania, siendo la cuna de un Papa que ofrece una caricaturización paródica, pero real y no dibujada, de los defectos de su condición de Papa. El propio Ratzinger pone en escena los peores prejuicios sobre Benedicto XVI. Y el estreno se da justo al cumplirse el primer año de un Papado contrario a la imagen de Papa aeróbico, escalador, noble que daba Juan Pablo II”.

“Insulto y deshonra”

“Quisiera manifestar –dijo a Página/12 Esteban López del Pino, de la Prelatura de Opus Dei Argentina– que no tenemos ningún deseo de polémica y que no habrá ningún boicot ni nada parecido. Seguiremos manejando esta situación con una actitud de transparencia, serenidad y espíritu constructivo... No me gusta que insulten a Jesucristo ni a mi madre la Iglesia, sólo porque supuestamente esto hace la historia más atractiva. Sony/Columbia ha tenido tiempo para reflexionar y hacer una contribución a la concordia... Me parece que no necesitamos más caricaturas de ninguna religión. Tendríamos que estar todos de parte de la concordia, de la tolerancia, de la comprensión. No se puede pedir la paz con la mano izquierda y golpear con la mano derecha.”

En un manual con argumentos para detectar supuestas “infamias”, el Opus Dei se indigna porque “el mensaje que transmite El código Da Vinci, la película de Ron Howard con Tom Hanks y Audrey Tautou, es: Jesús no es Dios, tuvo como compañera sexual a María Magdalena; sus hijos, portadores de su sangre, son el Santo Grial”. Como si enseñara a leer la novela de Dan Brown o el film de Howard sin inocencia, el manual sigue interpretando que según el director:

n El maquiavélico Opus Dei trata de impedir que los héroes saquen a la luz el secreto de que el Grial son los hijos de Jesús y Magadalena, y que el primer dios de los cristianos gnósticos era femenino/ los libros serios de historia o arte escasean y brillan las paraciencias/ la web de libros Amazon.com es la primera beneficiada enlazando El código... con libros de pseudohistoria neopagana, feminismo radical y new age/ El gnosticismo está al servicio de un feminismo radical...

La reacción en cadena de protestas en la semana del estreno de El código... (el miércoles próximo en el Festival de Cannes, y un día después en el resto del mundo) incluye:

- Un listado de películas recomendadas por la Iglesia mexicana para fieles desprevenidos (que menciona al documental mexicano Una mirada detrás del Código da Vinci, el italiano El Código da Vinci: una falsificación magistral y el estadounidense Jesus Decoded).

- La recomendación del arzobispo chileno Cristian Caro Cordero a los católicos “para no ver la película y no contribuir con dinero a cosas que no tienen fundamento histórico y sólo tratan de destruir la fe católica”.

- Un comunicado de la Conferencia Nacional de Obispos Brasileños que advierte que “la obra, en su género fantasioso, presenta una imagen profundamente distorsionada de Jesucristo”.

- Un acuerdo del separatista Frente Moro de Liberación Islámico (FMLI) y el gobierno filipino a favor de la censura a la película. “Abusar de la libertad de expresión –anunciaron– no puede traer ningún bien a la gente.”

- Un decreto de las islas Feroe, en Dinamarca, convertidas en el primer territorio que ya decidió impedir la exhibición de El código... “por blasfema”.

El propio Ron Howard se negó públicamente, esta semana, al pedido de la Iglesia de colocar una leyenda que advirtiera que “todos los hechos y personajes de El código... corresponden a la ficción”. Ese reclamo había sido uno de los últimos pedidos de la línea dura española del Opus Dei, luego de que fracasara el intento de impedir el estreno. Howard, que también se negó a quitar referencias reales a la congregación y a nombres tomados de los Evangelios, contestó esta semana a la multitud de críticas (que llegaron a comparar a la película, según un documento del Opus Dei, con cualquiera que se le ocurriera a alguien sobre el Ataque a las Torres Gemelas). “Negar el derecho a ver El código Da Vinci –replicó Howard– es una expresión fascista.”

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El código Da Vinci provocó una cadena de reacciones en iglesias de todo el mundo.
 
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