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Miércoles, 27 de febrero de 2013

STEVEN SODERBERGH Y SU FILM MAGIC MIKE

En el mundo de los strippers

El director de Traffic subraya que “para filmar esta película hubo que dejarlos gustos y la sensibilidad personal en la puerta”. Se internó entonces en un ambiente en el que, según reconoce, “no podría permanecer ni un minuto”.

 Por Mike Balaban

Lo de Steven Soderbergh parece un chiste, y tal vez lo sea. Realizador reconocido y exitoso desde su primera película, uno de los hitos históricos del cine independiente (Sexo, mentiras y video, 1989), Sodebergh logró, a partir de cierto momento, alternar películas personales, en algunos casos al borde mismo de lo experimental (Schizopolis, Full Frontal, The Girl Experience) con grandes proyectos de la industria, de Un romance peligroso, Erin Brockovich o Traffic a las dos partes de Che, pasando por la trilogía de La gran estafa. En el pico de una carrera que nueve de cada diez colegas envidian, y que incluye productora propia (Section Eight, en la que tiene por socio a George Clooney), Soderbergh anunció, tiempo atrás, que pensaba filmar hasta los 50 años, momento en que abandonaría el cine para dedicarse a la pintura.

¿Qué hizo a partir de entonces este nativo de Atlanta, Georgia? En lugar de ralear su filmografía, que es lo que haría alguien cansado de su trabajo, redobló su ritmo de producción, filmando ya no una película por año, como hasta ese momento, sino, en ocasiones, dos. Los 50 llegaron (los cumplió el 14 de enero) y después de cumplido el plazo prometido Soderbergh viene de presentar película nueva, en la última edición del Festival de Berlín. Se llama Side Effects y es un “thriller farmacéutico”, protagonizado por Jude Law, Catherine Zeta-Jones, Rooney Mara y Channing Tatum. Soderbergh asegura que fue la última. La última para estrenar en cine será, porque el realizador tiene en gateras una producción especial para HBO, sobre la relación entre Liberace y su amante.

Mientras tanto, mañana se estrenará aquí su película inmediatamente anterior. Se trata de Magic Mike, protagonizada también por el grandote Channing Tatum y con Matthew McConaughey haciendo de algo así como su “guía espiritual”. Las comillas tienen que ver con que Magic Mike, estrenada en Estados Unidos en junio del año pasado, transcurre en el mundo de los strippers masculinos. Lo cual ocasionó que su estreno en Estados Unidos se viera rodeado, como era de esperar, de cierto aura de escándalo, por la franca exposición de torsos y otros abultamientos por parte de los protagonistas.

–Magic Mike, filmada como de costumbre para la Warner Brothers (N. de la R.: el realizador filmó para ese sello la mayor parte de su obra) se inicia con el logo que la compañía usaba en los años ’70. ¿Usted ve la película como un homenaje a las que se hacían entonces?

–Ya cuando filmé la primera de la serie La gran estafa quería usar el sello de la Warner de esa época. La compañía no lo permitió y nunca supe por qué. Usted sabe cómo son estas cosas: uno no tiene trato directo con los que manejan la compañía. “No”, me dijo un ejecutivo. “¿Quién dice que no?”, pregunté. “La corporación”, me dijeron. Me quedé con las ganas y ahora volví a insistir. Pedí reunirme con el presidente de la Warner y le expliqué que posiblemente fuera mi última película para el sello, que sería lindo para mí darme ese gustito antes de despedirme, que a la compañía no le produciría ningún perjuicio. El lo transmitió a la gente de la corporación (N. de la R.: Time Warner) y al final logró convencerlos.

–Hablando del cine de los ’70: en tiempos de Traffic usted mencionó Todos los hombres del presidente como referente para la película. ¿Tuvo alguna otra en mente esta vez?

–En términos de tono, tenía muy presente Shampoo, donde el realizador, Hal Ashby, mostraba una gran generosidad para con los personajes. Una generosidad que se expresa en el lugar que se les da en cada escena. Entonces se me ocurrió recurrir a tomas largas, que son las que les dejan más libertad a los actores, algo que también caracterizaba el estilo de Robert Altman. Me di permiso a mí mismo para eso: para cortar menos de lo que se usa actualmente, para dejar que las tomas fluyan y los actores también.

–¿Qué lo llevó a filmar una historia de strippers?

–Por un lado me despertaba curiosidad el ambiente de los clubes de strippers, que es muy distintivo y totalmente ajeno a mí. El ambiente, los decorados, lo que allí sucede. Era gracioso, porque entrábamos a un club con el diseñador de producción y decíamos: “Este es el color de pintura de pared más feo que vi en mi vida. Dejalo así como está”. Para filmar esta película hubo que dejar los gustos y la sensibilidad personal en la puerta. Rodábamos exactamente en la clase de ambientes en los que normalmente yo no podría permanecer ni un minuto. Lo mismo con el director de fotografía: tenía que tolerar cosas (brillos, reflejos, luces artificiales) que en cualquier película serían intolerables. Era “cuanto más feo, mejor”. Lo mismo con respecto a la música: teníamos que poner la que nosotros jamás escucharíamos.

–Lo que sucede durante los shows en esos clubes también es bastante peculiar.

–En esa clase de clubes se juntan cientos de mujeres desaforadas, gritándoles barbaridades a los strippers y tratando de arrancarles la ropa. De hecho, como algunas de las escenas las filmamos con público del lugar, eso sucedió con los actores. A Matthew McConaughey una espectadora logró aflojarle la tanga, y se tuvo que cubrir con lo que tenía a mano para no quedar desnudo.

–El protagonista, Channing Tatum, trabajó un tiempo como stripper, ¿no?

–Sí, y de hecho funcionó como una suerte de asesor espontáneo durante el rodaje. Incluso incluí alguna escena que tiene que ver con cosas que él vivió en realidad, como una en una “hermandad” de chicas preuniversitarias, donde llegan los novios de las chicas durante la fiesta y la cosa se pone pesada.

–En la película el dinero es todo un tema. ¿A qué se debe?

–Bueno, básicamente a que esta gente hace ese trabajo por dinero. Por más que haya en ellos componentes de narcisismo, de exhibicionismo, de gratificación por las reacciones que despiertan en el público femenino, la motivación básica es ganar plata. Por eso era muy explícita en nosotros la decisión de que los personajes hablen sobre el tema. Así como en una escena el protagonista va al banco a pedir un préstamo, y más adelante comienza a preguntarse si no le están pagando menos de lo que merece. No es demasiado distinto de lo que nos pasa a cualquiera de nosotros, en el empleo que sea.

Traducción, edición e introducción: Horacio Bernades.

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Soderbergh prometió que se retiraría a los 50 años. Los cumplió en enero pasado.
 
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