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Miércoles, 3 de julio de 2013

UTE LEMPER FRENTE AL MEDIO SIGLO DE VIDA

Una diva solamente en el escenario

 Por Manuela Imre

Está considerada como una diva inaccesible. Pero la alemana Ute Lemper, conocida por sus interpretaciones de canciones de cabaret berlinés, sólo adopta ese papel sobre el escenario, según explica ella misma: “Sólo me gusta ser una femme fatale, una exótica dama de la noche sobre el escenario”, explica la cantante, que hoy cumple 50 años. “Me parece demasiado agotador, demasiado destructivo. En mi vida privada elijo concientemente el lado armónico”, agrega. Fuera del escenario, Lemper se convierte sobre todo en madre y esposa. Y sus cuatro hijos, el más pequeño nacido en 2011, la mantienen entretenida. Pero además produce discos, como Ute Lemper canta Pablo Neruda, que verá la luz a final del verano, sale de gira y se pone a prueba una y otra vez. “Me gusta la variedad”, reconoce.

Hija de un empleado de banca, Lemper nació en 1963 en la ciudad alemana de Munster. De niña ya cantaba y bailaba ballet; poco después se convirtió en la líder adolescente del grupo punk Panama Drive Band. El éxito le llegó rápido y pronto. A los 20 años fue descubierta para Cats, en Viena, y a ese musical siguieron otros como Peter Pan. Alemania tenía una nueva estrella de piernas largas y mucho sex appeal. En 1987 interpretó a Sally Bowles en Cabaret, en el teatro Mogador de París. Recibió el premio de teatro Molière y fue celebrada como el descubrimiento del año. París estaba a sus pies y se arriesgó con proyectos en solitario, como su primer disco con canciones de Kurt Weill, un éxito internacional.

En Alemania, donde al principio se hablaba de ella con orgullo, la prensa comenzó a tratarla con dureza, de forma a menudo hiriente, y las críticas empezaron a ser destructivas. Sobre todo en 1992, cuando interpretó a Lola en una versión de Peter Zadek de El ángel azul. Lemper le dio la espalda a su país natal, se marchó a Londres y Nueva York y volvió a tener éxito, como sucedió con el papel de Velma Kelly en la versión de Chicago que interpretó en Londres en 1998, con ese mismo papel en Broadway. Con el tiempo dejó la vida estresante de los musicales, pero no Nueva York. “Sencillamente amo esta ciudad. Aquí reina una libertad política, moral y espiritual, no hay nada pequeñoburgués, todo es cosmopolita y a la vez distendido”, asegura.

No piensa volver a Alemania, no por las críticas que recibió en el pasado, sino porque ya tiene su vida hecha en la ciudad estadounidense, en el Upper West Side. Allí vive con sus hijos adolescentes Max y Stella –fruto del matrimonio con el músico David Tabatsky– así como con Julian y el pequeño Jonas, que tuvo con su actual esposo, Todd Turkisher. Lemper tiene previsto celebrar sus 50 años con su familia, en su casa de campo. No tiene planes concretos para los próximos años, pero seguirá siendo una mujer fatal sobre el escenario. Desde hace años está considerada una estrella de la canción gracias a su interpretación de temas de Kurt Weill y Bertolt Brecht. Su último disco, Lost Tango, es una declaración de amor al argentino Astor Piazzolla, fallecido en 1992. No le tiene miedo a la edad: “En realidad estoy orgullosa con mi edad y no tengo problemas para decirla. Me siento bien, joven de espíritu e intemporalmente atractiva”, reconoce.

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