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Miércoles, 3 de julio de 2013

MUSICA › MAñANA SE ESTRENA LA OPERA V. O. EN EL CENTRO DE EXPERIMENTACION DEL TEATRO COLON

En busca de la noche que lo cambió todo

Miguel Galperín, director del CETC, encargó la música a Martín Bauer y el libreto a Beatriz Sarlo. La idea era que ambos autores abordaran, desde sus respectivos campos, los vínculos posibles entre Igor Stravinsky y Victoria Ocampo.

 Por Diego Fischerman

En La máquina cultural, de 1998, se contaban tres historias. O se contaban tres partes de un mismo relato. Una maestra que recordaba su pasado y un grupo de cineastas que filmaban en una sola noche seis películas para participar, al día siguiente, de un festival político adonde nadie los había llamado, enmarcaban un trabajo ejemplar. Allí Beatriz Sarlo, más que proponer una biografía de Victoria Ocampo, definía un cierto perfil de intelectual en la Argentina. No pensó, en ese momento, que más tarde volvería sobre ese personaje. Y, mucho menos, que lo haría como libretista de una ópera.

La idea apareció como un encargo del Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC). Este año se cumplía un siglo del estreno de La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky, y entre los distintos ángulos desde los que podía abordarse aquella noche que cambió el rumbo de la música surgía el de la relación de Ocampo con Stravinsky. Al fin y al cabo, esa era, también, según decía, la noche que había cambiado su vida. Miguel Galperín, director del CETC, llamó entonces a Sarlo y al compositor Martín Bauer. La ópera, que se estrena mañana en esa sala, se titula sintéticamente V. O. y, en un aspecto, la elección de sus autores no podría haber sido más acorde con el tema. Ambos reproducen ese modelo victoriano de actores sociales por encima del valor de su propia obra. Independientemente del hecho de que Sarlo es una de las ensayistas fundamentales en el campo de la crítica literaria argentina y de que Bauer tiene una larga trayectoria como músico –Ocampo no se destacó particularmente ni como teórica ni como creadora–, los dos autores de V. O. tienen un peso insoslayable como personajes del medio cultural argentino.

El músico fue codirector del CETC, entre 2002 y 2007, conduce el Centro de Experimentación del Teatro Argentino y creó y comandó el Ciclo de Música Contemporánea del Teatro San Martín durante los últimos dieciséis años. Los límites y contornos de lo que hoy circula en Buenos Aires como música contemporánea fueron, en gran medida, definidos por él. Y Sarlo, ampliando su mirada crítica a aspectos de lo cotidiano y, en particular, a la política, como columnista de medios de comunicación masiva, acabó teniendo un sesgo de estrella inimaginable en sus tiempos universitarios. Sarlo bromea acerca de su papel como libretista, hablando de “canjear mis millas como espectadora”. Bauer hace hincapié en que se trata, sobre todo, de “crear un espectáculo” y que para eso no hay reglas demasiado fijas ni ortodoxia que valga. Los personajes sociales son, ahora, compositores de una ópera de cámara. Sarlo señala que “los encargos son la forma más alta de arte desde que existen el mercado y las instituciones, y esto desde la época de las stanzas vaticanas”. Y aclara que este encargo en particular coincidió, para ella, con una estadía en Harvard, donde hay una parte importante del archivo Ocampo y que encontró allí “un clima ocampiano” para su trabajo.

Con funciones, además de las del estreno, el viernes y el sábado, a las 20.30, y el domingo 7 a las 17, V. O. tendrá dirección musical de Pablo Druker, uno de los más talentosos directores jóvenes del momento, y escenografía e iluminación de Matías Sendón. El vestuario es de Luciana Gutman y la obra incluye videos de Minou Maguna, con colaboración de Gastón Luciani, y diseño sonoro de Javier Areal Vélez. Dirigida por Sarlo y Bauer, la ópera tiene como protagonistas a Analía Couceyro (Victoria), María Inés Aldaburu (Marguérite / Institutriz), Pablo Seijo (Igor / Drieu), Margarita Fernández (Mucama), Selene Lara (Cantante) y Florencia Vecino (Bailarina). El grupo musical está integrado por Grace Medina y Carlos Britez en violines, Mariano Malamud y Juan Castellanos en violas, Diego Fainguersch y Martín Devoto en violoncellos, Bruno Lo Bianco en percusión y Silvia Dabul en piano. “La idea medular –dice Bauer– es representar la conmoción de Victoria Ocampo escuchando La consagración, por eso tomo conceptos stravinskianos de manera muy abierta. A mí siempre me interesó ese carril más que el de la Escuela de Viena. Y es que una cosa es hacer una obra, aunque se trate de una obra de teatro musical, y otra cosa es construir un espectáculo. Y ahí es donde la cosa se desplaza y se desliza. Lo que me parece que es interesante en este tipo de trabajo es tratar de encontrar y percibir qué espectáculo pide la obra.” Sarlo, por su parte, define esa conmoción de Ocampo como “una especie de encuentro con lo que de allí en más iba a ser su existencia. Algo que ella buscaba sin saberlo y que encontró la noche de La consagración de la primavera. Podría haber sido otra noche, quizá. Pero fue ésa.” Para el compositor, “hay algo que tiene que ver más con la intuición y es la decisión acerca de qué trabajo se va a presentar. Todo un trabajo casi artesanal que consiste en sacar de aquí, en poner allá, sobre todo en descartar y transformar, para acercarse a esa idea que está desde mucho antes de que el espectáculo tome su forma definitiva. En ese sentido, siempre es difícil decir, por anticipado, cuánto de convención y cuánto de invención tendrá el espectáculo”. La libretista completa: “Trabajamos como un tándem desde el principio. No es que haya compuesto música, lo que resultaría absolutamente imposible, pero compartimos todas las decisiones y, permanentemente, las necesidades de uno condicionaron las elecciones del otro”.

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“La idea medular es representar la conmoción de Victoria Ocampo escuchando La consagración...”, dice Bauer.
 
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