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Martes, 28 de noviembre de 2006

IAN MCEWAN SALIO A DEFENDERSE DE ACUSACIONES DE PLAGIO

Sólo un acto de inspiración

Un artículo periodístico señaló que en el libro Expiación se roban ideas de Lucilla Andrews, autora de novelas románticas. “Inspiración, sí. ¿Copié a otro autor? No”, respondió McEwan.

 Por Lourdes Gomez
Desde Londres *

¿Inspiración o plagio? Es la cuestión que planea sobre Expiación, la novela del respetado autor británico Ian McEwan. La polémica saltó el fin de semana pasado, en un artículo de prensa donde se acusa al novelista de “robar ideas” y modelar a la heroína de su obra en base a la figura y autobiografía de Lucilla Andrews, prolífica escritora de novelas sentimentales. McEwan, en tanto, reconoce que recurrió al texto de la memoria, sin llegar a copiarlo.

Ian McEwan respondió a las alegaciones de plagio en un artículo publicado en la edición del domingo de The Guardian, en el que da cuenta de las fuentes en las que basó Expiación. “Inspiración, sí. ¿Copié a otro autor? No”, puntualiza en el título de su escrito. La novela hace un trazado de la retirada de las tropas británicas de Dunquerque, la humillante derrota aliada en la Segunda Guerra Mundial, en escenas de alarmante crueldad y violencia. Los heridos comienzan en los siguientes capítulos a amontonarse en un hospital londinense, donde trabaja la protagonista de la obra, Briony Tallis, una joven aspirante a novelista. En ocasión de la edición en castellano de la novela, en octubre de 2002, McGregor habló de su heroína como su “mejor creación de un personaje”. “Hay mucho de mí en Briony”, dijo de esta mujer ficticia, que a la vez se inspira en Virginia Woolf al escribir su primer relato. Pero el dominical The Mail on Sunday sugiere otra fuente de inspiración en la figura y experiencia de Lucilla Andrews, talentosa autora de las llamadas novelas románticas de hospital. “En cierto sentido, Briony está modelada en ella”, señala en el artículo Natasha Alden, estudiante de Oxford que descubrió la conexión mientras preparaba su tesis doctoral en narrativa bélica.

Hay aspectos coincidentes entre el personaje de McEwan y la trayectoria de la escritora. Andrews fue enfermera durante la Segunda Guerra Mundial y atendió a los soldados heridos en Dunquerque en el mismo hospital que aparece en Expiación. “El autor de una novela histórica puede resentir su dependencia del documento escrito, de las memorias e informes de testigos. En definitiva, de las palabras de otros escritores, pero no hay escape: Dunquerque o un hospital en tiempos de guerra se puede materializar novelísticamente, pero no se puede reinventar”, admite el autor. “Insertar personajes imaginarios en acontecimientos históricos es un asunto inquietante e entrometido. Cierta libertad se compromete de repente. A medida que uno cruza y recruza las líneas entre la fantasía y el documento histórico, uno siente una pesada obligación de respetar una estricta exactitud”, añade.

McEwan reconoce que se “inspiró” en los pasajes que Andrews rememora de sus tiempos de enfermera en su autobiografía No Time for Romance, publicada en 1977. “Para algunas obsoletas prácticas médicas, ella fue mi única fuente, y siempre le he estado muy agradecido”, observa McEwan en su respuesta a la polémica. El escritor creyó zanjada su deuda en una nota de agradecimiento que incluyó en Expiación, en las entrevistas de prensa que se hicieron para la promoción del libro y en un especial radiofónico sobre la veterana escritora, autora de 35 novelas románticas. Nunca la conoció ni podrá aclarar con ella la controversia: Andrews falleció en agosto pasado, a los 86 años.

Julia Langdom asegura en su artículo para The Mail on Sunday que la prolífica novelista iba a “ajustarle las cuentas” a McEwan poco antes de morir. Se había tomado con humor la apropiación de sus vivencias, pero quería compartir parte de las alabanzas que acumula el respetado autor y su galardonada Expiación. “Mi único pesar es no haberla conocido”, escribió ayer McEwan a modo de sutil disculpa. La autobiografía de Andrews no es la única fuente de inspiración en esta historia de contrición y asunción de responsabilidades. McEwan se basó principalmente en las memorias de su padre, quien, según devela en The Guardian, “nunca se cansó de contarme cómo le dispararon en las piernas con una ametralladora montada en un tanque alemán; cómo se juntó a un compañero al que habían herido en ambos brazos y cómo entre los dos consiguieron llegar hasta las playas de Dunquerque en una motocicleta”. De su padre también escuchó anécdotas de hospital. Evacuado de Dunquerque, el soldado McEwan pasó seis meses en un centro de Liverpool: “Me contaba repetidas veces cómo las víctimas de quemaduras eran las menos afortunadas, siempre sedientas, siempre en agonía, sus extremidades envueltas en bolsas protectoras; cómo chillaban aterrorizados soldados duros al escuchar la voz de las enfermeras...”.

McEwan advierte que hay muy pocos documentos sobre la labor de las enfermeras en la guerra mundial. “La historia de la guerra es mayoritariamente militar y política. Los historiadores han descuidado su deber.” Aun así, localizó un texto oficial y un manojo de cartas que arrojaban algunos detalles sobre la personalidad y posición social de jóvenes como Briony. Finalmente, en No Time for Romance tropezó con “un relato de las prácticas clínicas, de la rutina diaria, de la llegada de los soldados de la evacuación de Dunquerque y de su tratamiento”. “Que yo sepa no existe otro documento. Andrews incluso cuenta un episodio que se asemeja a la experiencia de mi padre cuando le llamaban la atención por gritar insultos.” “Lo que Andrews describe –afirma– no es un mundo imaginario. No era ficción. Era el mundo de una realidad compartida, de las cartas del Museo de la Guerra, de la prolongada estancia de mi padre en el hospital. Es un reportaje soberbio. Y yo hice uso de las escenas que ella describía.”

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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“Para algunas obsoletas prácticas médicas, Andrews fue mi única fuente”, explicó el británico.
 
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