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Viernes, 5 de agosto de 2005

JUAN VATTUONE PRESENTA EN VIVO SU NUEVO DISCO

El que es burlón y compadrito

 Por Cristian Vitale

Si existe un arquetipo de cantante de tango –prolijo, carilindo y producido para exportación–, Juan Vattuone está claramente en los antípodas. Tiene 55 años, usa un gorro rojo que a cada rato acomoda para taparse los oídos –sin rastros de gomina, por supuesto– y ni por asomo parece un tibio. Más bien, responde con pasión desbordada a cada pregunta. “Odio el fenómeno tango. Me hinchan las pelotas por un lado la cosa comercial y por otro la cosa insidiosa. Me molesta que no se diga que el tango ha sido prohibido, contestatario, prostibulario, y que nadie hable de la homosexualidad en él, como si los tangueros fueran lo más macho de la vida.”
Sus palabras resuenan en un bar. Hay mucha gente alrededor, pero a él le importa poco: “Yo soy pasional cuando estoy con una mujer, cuando cuido a un pibe o cuando hablo de las Madres de Plaza de Mayo, y, también, cuando odio al tango for export. Me hincha que se crea que el tango es un fenómeno nuevo. Odio eso. ¿Qué es el tango nuevo? El tango es lo que es y va mutando con la vida, pero no hay tangos nuevos y viejos”. No extraña que su disco debut se llame Tangos al mango, porque él mismo parece vivir de esa manera. Nacido en 1949 –con antecedentes familiares africanos, italianos y vasco-franceses–, músico, actor autodidacta y con tres hijos, llegó a materializar su sueño luego de cantar “en cualquier lado” desde los cuatro años. “No voy a negar que tengo influencias de Pappo, de los Stones, de Los Beatles; me atravesó todo eso, pero hay una columna vertebral que me sostiene. El tango me abrazó desde chiquito, cuando me acunaban escuchándolo. ¿Cómo escapar a esto?”, dice. Tangos al mango –que Vattuone presentará hoy y el viernes próximo en el Bar Tuñón– contiene 15 composiciones propias y muestra un péndulo estilístico que, centrado en ese género, incorpora habaneras, valses peruanos, milongas, blues y algún que otro clima candombero.
“Las mutaciones le hacen muy bien al tango, lo lustran”, determina. Entre los músicos que lo acompañan están Daniel Maza, Jorge Mazaet, Eduardo Pandolfo y Silvana Boggiano. “Ellos tienen claro cómo lograr el sonido de la calle”, elogia y agrega: “Una calle que no tiene el mismo sonido que tenía cuando yo era pibe, jugaba a la pelota y gritaba ‘viene un auto’ cada diez minutos, mientras que hoy te llevan por delante, te matan, y siguen de largo”. Mordaz, frontal, reo y desbocado, Vattuone ha compuesto letras como La chacón de mi naherma, Misántropo –dedicado a Menem– o El yuta Lorenzo. Pero a la hora de rescatar uno, prefiere su hit Ni olvido ni perdón. “En esta letra rescato a Charly García, porque me parece más auténtico que los jóvenes cantores de tango, que se peinan a la gomina, van a Alemania, Francia o Japón, pero no conocen nuestra identidad. Vivimos en una sociedad hipócrita, llena de mentiras, cuando para mí la verdad y el amor son más revolucionarios que cualquier cosa.” Vattuone confiesa que “antes, como toda mi generación, quería cambiar el mundo. Pero perdimos la batalla y hoy me conformo con embellecerlo”.

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