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Viernes, 5 de agosto de 2005

MUSICA › “EL BARBERO DE SEVILLA” DE ROSSINI EN EL TEATRO COLON

“Los límites me estimulan”

Willy Landín es el régisseur, escenógrafo e iluminador de la nueva puesta que subirá a escena en seis funciones a partir de hoy.

 Por Diego Fischerman

“¿El Barbero? Ni loco”, cuenta Willy Landín que dijo una vez entre amigos, en la época en que estudiaba la carrera de régie en el Instituto Superior del Teatro Colón. Los amigos, el también régisseur Horacio Pigozzi y el director de orquesta Carlos Calleja, no se olvidaron de la frase cuando Landín hizo El barbero de Sevilla en el Argentino de La Plata y lo recuerdan, claro, ahora, en que subirá a escena en el Colón su nueva puesta de esta ópera de Gioacchino Rossini. Y el chiste, según Landín, está ni más ni menos que en el origen de su visión de la obra: “Durante mucho tiempo, a partir de aquella frase, me dediqué a pensar todo lo que no quería que fuera El barbero y de ahí fue surgiendo lo que sí me interesaba”.
El tono general de la ópera, para la que, según cuenta con cierto orgullo, sus colaboradores vaticinan ovaciones o abucheos, sin términos medios, es el del cine mudo. “No tanto porque se le parezca, sino por la idea de los gags imprevisibles. La ópera está llena de clisés, que en muchos casos provienen de una tradición de cantantes que le han ido agregando tal o cual gesto, determinado chiste en un momento particular, ciertas características del personaje. En El barbero de Sevilla todos los Fígaros son más o menos iguales y todos los Bartolos también. Yo busqué que no lo fueran.” Formado musicalmente en el Conservatorio Municipal Manuel de Falla y con estudios de cine en la Fundación Universidad del Cine, Landín inició su actividad profesional como asistente de régie en el Teatro Colón. En 1993 fue convocado como régisseur colaborador por el Teatro Comunale di Firenze. Como colaborador de Hugo de Ana, trabajó en el Teatro Carlo Felice de Génova, en la Opéra de Lille, el Teatro Municipal de Río de Janeiro, el Teatro Municipal de Santiago de Chile, La Fenice de Venecia, Arena Sferisterio Festival de Macerata, Opera de Roma, Teatro Real de Madrid y Opera de Israel. En el Teatro San Carlo de Nápoles dirigió a Gérard Depardieu e Isabella Rossellini en Edipo Rey y Persephone, de Stravinsky, y está ensayando el musical Bharti en Bombay, para estrenarlo en septiembre en la Opera de Israel, y con el que realizará una gira por Escandinavia, Francia, Holanda y España. “Esta puesta está ambientada en los años cincuenta”, cuenta Landín. “Los títulos, como ‘conde’, por ejemplo, funcionan como apodos, todo está un poco encomillado. Y tuve la suerte de contar con un casting muy bien hecho, un coro extraordinario y con un maestro de coro como Salvatore Caputo, que es genial. Todas las ideas habrían tenido que cambiarse por otras si hubiera tenido una Rosina de 60 años y con dificultades para moverse. De todas maneras, esos límites me estimulan. Eso es algo que ya he aprendido y es parte del mundo de la ópera: hay que trabajar con lo que hay. Y, por otra parte, hay una regla de oro: cuanto mejores son los cantantes, menos tiempo los tiene uno para ensayar. Las estrellas son las últimas en incorporarse al equipo de trabajo y eso es así en todos los teatros del mundo.”
El barbero... vuelve al Colón después de 8 años de ausencia y, además de Landín –que es también el escenógrafo e iluminador de la puesta–, serán parte del equipo Julian Reynolds, como director musical, y la vestuarista Luciana Gutman. Junto a la Orquesta y el Coro estables se alternarán dos elencos a lo largo de las seis funciones. Hoy, el domingo 7, el jueves 11 y el martes 16, el papel de Fígaro será asumido por el barítono italiano Roberto De Candia, el Conde Almaviva será el tenor italiano Antonio Siragusa, Rosina será la mezzosoprano italiana Elena Belfiore y Don Bartolo el bajo buffo norteamericano Kevin Glavin. En las funciones del domingo 14 y el sábado 20 el mexicano Luis Ledesma será Fígaro, el Conde Almaviva será el estadounidense John Osborn y Rosina estará a cargo de la soprano uruguaya Luz del Alba. Compuesta en 1816, esta ópera cómica es uno de los mejores ejemplos posibles del género. “No tengo reparos en decir que traté de que fuera un divertimento y nada más. El barbero... es lo que es y, en ese sentido, es una máquina perfecta, que funciona a la perfección. Las situaciones se encadenan con naturalidad y, en realidad, al texto no hay que hacerle nada raro.”

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“Me interesa la imprevisibilidad de los gags”, dice Landín.
 
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