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Domingo, 9 de diciembre de 2007

DEBATE SOBRE BLOGS Y CORREO DE AUTORES ENCUBIERTOS

Refugio para el anonimato

Investigadores y creadores de páginas personales analizan la violencia y la regulación que acompañan la proliferación de textos no firmados que se expanden en la red.

 Por Julián Gorodischer


El registro de los blogs anónimos
contradice el tan anunciado
“fin de la polémica”.

Anónimo como el mensaje de texto que llega al celular desde remitente desconocido, como el comment (comentario) hiriente que se deja en un blog cualquiera, o el spam (correo basura) que desborda la cuenta de mail, o el propio blog que se camufla detrás de un seudónimo para cantar verdades: Internet alienta el fin del nombre propio. En todo, hay matices. El anónimo del spam (correo basura) es recursivo, siempre igual a sí mismo: salido de una misma voz, sin cuerpo, en una zona austera del sentido que economiza variaciones para cómodamente reposar en algo que –se supone– nadie lee. En el spam, la venta suprime al autor; se expresa de forma tan codificada que extingue la voz propia, tal vez con suma confianza en la cualidad del objeto o como testimonio de la vagancia de las mentes creativas que hay detrás. Pero hay más...

El comment, en cambio, se hace fuerte como forma parasitaria: allí se construye una catedral para el insulto; es la prueba de resistencia que deberá pasar el espíritu sensible (al que se le adosa) para garantizar su permanencia en la red; no se le conocen pares más hostiles, ni refugios tan propicios para polemizar; el tono desaforado parecería sobrevivir allí, mejor que en letras de molde. En el blog (página personal anónima) reina el autor sin nombre ni apellido; allí funda un hogar; es su diario íntimo o su bitácora de paseos de fin de semana pero instalado en un sitio que no lo identifica más que por sus gustos, donde las referencias apelan a un mundo alternativo hecho de apodos cariñosos o guiños entendibles para unos pocos. La burbuja o cofradía suele interesar, sin embargo, al agente exterior; es la panacea para el voyeur que ingresa, cómodo e invisible, donde no fue invitado.

“El anonimato en general funciona como máscara –advierte Federico Kukso, periodista especializado en ciencia y tecnología–. La distancia y la frialdad que impone la ausencia de firma es como tirar una piedra a lo lejos y desconocer al agresor. Es fácil decir cualquier cosa de cualquiera sin exponerse, sin decir: Yo soy el que opina esto. Es una característica propia de los ‘años de Internet’ donde la autoridad del autor se borra, se diluye en el texto mismo. Wikipedia es el ejemplo más notorio de esto: cualquiera puede escribir cualquier cosa...”

–¿Qué legitimidad atribuye a la enciclopedia anónima?

F. K.: –El riesgo (y el poder) reside ahora más en el lector, en su capacidad de poner en tela de juicio lo que lee, algo poco frecuente si se tiene en cuenta que el lector en sí, acostumbrado a una cultura analógica, una época regida por la televisión y los diarios, deposita la confianza en quien le habla (el periodista de la pantalla o la firma del papel) y se deja llevar, sin cuestionar, por las palabras ahí volcadas.

Si la enciclopedia clásica ligó su anonimato al crédito institucional (en la figura de la Real Academia o la firma de prestigio que es más que un autor), Wikipedia socializa la autoridad entre los comunes, como si la legitimidad estuviera dada en la posibilidad de retocar sin límite, o de fiscalizar desde una PC cualquiera también en la Argentina. Nunca como en esta época las fuentes del periodista y el investigador han sido tan anónimas: la mencionada Wikipedia o el jerarquizador que hay detrás del buscador Google (¿quién indica o quién decide que eso y no otra cosa es lo importante cuando se introduce una palabra clave?) son llaves para conocer y saber, y cambian el panorama de la autoría periodística/ literaria/ monográfica: empiezan a abundar los plagiarios que se excusan con un no sé de qué página lo saqué, los magistrados que dictan sentencia tomando referencias del sitio anónimo Rincón del vago.com, las apropiaciones de palabras ajenas que no siempre se legitiman con una nota al pie. Lo que llega es un cambio brusco y central de la noción de autor; la libre/ desaforada circulación de textos en Internet no identifica una procedencia ni condiciones de producción.

“El desborde existencial que provoca la relación con Internet –opina el ensayista Alejandro Kaufman (UBA)– produce una forma posmoderna del pánico descrito a mediados del siglo XIX en relación con el anonimato de la muchedumbre urbana. Embriaga sumergirse en las multitudes virtuales. El pogo de los blogs invita a un estado entre alucinatorio y suprasensible, al compás de las titilaciones de las pantallas (las que –no obstante–, en sus mutaciones, hasta se proponen ahora con fondo negro para ahorrar energía).”

Dos bloggers con larga trayectoria en la red de redes –que eligieron caminos opuestos: el anonimato o la acreditación desde un comienzo– responden a la consulta de Página/12 sobre cómo se expresa y repercute la reserva de identidad en blogs. ¿Hace falta exigir mayor responsabilidad sobre los dichos en formato virtual, tanta como la que acompaña a una firma o un editor responsable, como sucede en el soporte del papel? “No sé si hay que regular ni quién debe regular –dice Papipo (delmedio.blogspot.com), que nació como un seudónimo y recientemente identificó detrás de sí al periodista Diego Igal–, pero el límite debería ser el delito y los delitos en la red son delitos en la realidad.” “El anonimato –sigue– genera una sensación de impunidad que no es tal porque todos somos rastreables en la red.” El comment sin firma suele ser una ráfaga de malevolencia que –por su brevedad y su multiplicidad– impide sospechar al autor que encubre, como sí sucede con los blogs. La cadena de identidades ocultas o trastrocadas se completa en un círculo vicioso cuando el comment sin nombre ni rostro se ensaña con el blog que no revela a su autor. “A mí –asume Papipo– me provocaban algún efecto al principio porque lo tomaba como un ataque personal, pero después me di cuenta de que todos los que me puteaban no me conocían. La firma aporta respaldo, pero no credibilidad. Credibilidad es que el mensaje sea cierto, y no todos los que escriben con nombre y apellido mandan información chequeada como es debido. Tengo guardados entre mis favoritos decenas de blogs y los visito de vez en cuando pero de manera periódica según el orden en el que fueron guardados.” Su lista de recomendados alterna los espacios de autor con los de los otros. “El de Samurai (lotuyaesta.blogspot.com) –enumera–; el de Guillermo Piro (wimbledon), el de Sereneider, el de Peralta te putea, el de Aguilucho, el de Alejandro Wall, el de Herbie y el de Ringo forman mi cabecera.”

Leandro Zanoni (que siempre firmó como tal en eblog.com.ar) no cree que haya que regular. “La red se regula sola, ya hay muchos casos que sostienen lo que digo. La gente no es tonta, y la red tiene su propio impulso para decantar lo que sirve y lo que no.” “Quien no pone la cara –sigue– tiene algo que ocultar (su identidad) y ahí ya da lugar a la sospecha general (¿por qué no da la cara?, ¿por qué opera? ¿Por qué tiene algo que ocultar? ¿Por qué miente?) Tiene esa fascinación de ir a una fiesta con antifaz, no es nada nuevo; creo que a la larga termina por caerse la falsa estructura montada alrededor de ese anónimo. Sin embargo, a veces, muy pocas, termina bien. Ahora recuerdo que Roberto Pettinato empezó a escribir en la revista El Expreso Imaginario después de meses mandando cartas de lectores con el nombre de una mujer que, por supuesto, volvía locos a los periodistas de la redacción.”

Para Federico Kukso, el blog anónimo reproduce las variantes de su par con identificación. “Por diversas razones, no hay una fórmula: está el blog confesional (como si fuera una ventana por donde entrar a la intimidad de esa persona que tal vez uno no conozca nunca; si no tienen frecuencia los posts uno se aburre y lo abandona); está el blog de la persona que uno conoce (y los posts sirven para conocer esos pensamientos que no se vuelcan en la charla, pero que permiten conocer más a esa persona); blogs con información sobre un medio de trabajo.... Y así...”. Si su lista detecta en el anonimato un desafío para localizar allegados detrás de los textos, y hasta optimistas permisos para decir lo que de otro modo no se podría expresar, hay miradas más desconfiadas sobre la cantidad de blogs anónimos que proliferan. “El ciberanonimato –señala la investigadora Lila Luchessi (UBA)– es un arma peligrosa. Detrás de nicks y nombres falsos se esconden miserias, cobardías y prácticas imposibles de sostener bajo la propia identidad. La naturalización de la violencia de palabras permite justificar la que deja marcas en el cuerpo. Y los perdigones de su impacto estallan en la sociedad. Chorreras tipográficas, que destilan resentimiento y odio, son factibles en posteos sombríos y de alta densidad en blogs y comentarios de los medios más tradicionales. Por supuesto que ninguna editorial se responsabilizaría por las apologías delictivas que se disfrazan de participación ciudadana, por los actos discriminatorios aberrantes o la violencia intolerable frente al que no pertenece al club. Sin embargo, y en nombre de la libertad de expresión, se llega a justificar la violencia, el festejo frente a la enfermedad y la degradación del diferente.”

–¿Es partidaria de registrar a los poseedores de blogs y sus comentaristas?

L. L.: –La regulación existe y obra en el código penal. La apología del delito está tipificada y en ella pueden encuadrarse aquellas que atentan contra las instituciones, las minorías, los grupos étnicos y religiosos o, sencillamente, contra quienes pertenecen a sectores socioeconómicos que no integran los lectorados de los blogs en los que se permiten exabruptos, abusos y violaciones al marco legal.

En esa violencia, para el semiólogo Rafael Blanco, “no hay novedad, ya que lo mismo ocurría antes con otros géneros (como la carta de lectores, los panfletos, etcétera) en los que la firma también funcionaba como último argumento (por ejemplo, Perón firmando como Descartes). Pero eran textos públicos sobre discursos públicos. La novedad en todo caso es que lo que ponen en escena muchos blogs es algo de lo doméstico, lo privado, la intimidad y de ahí las reservas de identidad de muchos de quienes escriben y de quienes postean una respuesta. Pero es una reserva de la identidad acotada, limitada: lejos de ser un mecanismo de disputa y confrontación, los vínculos en los blogs son parte de un nuevo modo de sociabilidad, de encuentro”. “La reserva de la identidad –agrega– parece ser un modo de acercamiento primero que algo a ser mantenido en el tiempo. Por eso no sé si es correcto creer que el anonimato y la reserva de la identidad definen los blogs; son un pretexto. Como el que se pone un nick para chatear pero al final de la conversación pasa su celular o arregla una cita.”

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