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Domingo, 16 de diciembre de 2007

PRESENTACION DE “HISTORIA DE LA ECONOMIA ARGENTINA DEL SIGLO XX”

“Poder mirar el pasado evitaría muchos errores”

Pablo Gerchunoff, Aldo Ferrer y los directores de la colección que publica Página/12, Alfredo Zaiat y Mario Rapoport, formularon interrogantes, repasaron mitos y debatieron sobre las condiciones históricas que influyeron sobre la realidad económica de nuestro país.

 Por Silvina Friera

La ciencia económica podrá ser como un sordo que responde a cuestiones que ningún economista se ha planteado jamás, como sostenía el belga Paul Bairoch. Pero tres de los más lúcidos economistas argentinos de la actualidad, Mario Rapoport, Pablo Gerchunoff y Aldo Ferrer, formularon nuevos y viejos interrogantes, repasaron mitos y esbozaron respuestas para tratar de comprender por qué la Argentina tiene el dudoso privilegio de ser un caso de estudio por no haber logrado convertirse en un país industrial avanzado. La excusa fue la presentación de la obra Historia de la economía argentina del siglo XX, colección dirigida por Alfredo Zaiat, que Página/12 viene entregando en forma gratuita, todos los miércoles, en el marco de la celebración de los veinte años del diario. El propósito de esta colección, cuya dirección académica está a cargo de Rapoport, es transmitir a los lectores que la sucesión de auges y derrumbes económicos que castigaron al país no son ciclos desconectados y azarosos. “Estoy convencido de que poder relacionar y mirar el pasado para entender el presente evitaría muchos de los errores que se repiten, a la vez que se ahorrarían enfrentamientos desgarradores”, aseguró Zaiat en el salón de actos de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.

Zaiat observó que estudiar y analizar con visión crítica la historia económica argentina “sirve para esquivar a los falsos profetas, a los vendedores de ilusiones y a los que pretenden hundir a la sociedad en un sendero ahistórico para seguir cuidando los privilegios de una minoría”. Rapoport señaló que en los fascículos de Historia de la economía argentina del siglo XX se mira el pasado para preguntarse sobre la naturaleza de las crisis económicas o sobre las distintas formas de dominación imperial o de dependencia económica, “procurando extraer algunas lecciones o señales para poder guiarnos mejor en el presente”. El director del Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social de la UBA recordó que la exaltación de la globalización y el pretendido triunfo del neoliberalismo “llevó a muchos a soñar que éramos de nuevo una especie de colonia informal próspera del mundo civilizado, como alguna vez lo habíamos sido, y a creer que nuestro destino manifiesto era el de ser un foco cultural y material europeo en medio de la barbarie de nuestro continente”.

El pecado de lo nacional

Rapoport cuestionó la idea de que el país se hundió cuando pretendió transformarse en una sociedad industrializada. “Todo lo que suponía la defensa de intereses nacionales era atacado bajo el supuesto de que ‘ése había sido el pecado por el cual nos habían excluido del mundo”, ironizó el autor de Tratado de Economía política. “Argentina pudo haber tenido en algún momento un producto bruto interno mayor que el de España, o pudo haberse parecido a Canadá o Australia, pero si esos países crecieron mucho más que el nuestro fue porque hicieron lo que nosotros no hicimos: transformarse plenamente en sociedades modernas e industrializadas”. Los sesenta fascículos de Historia de la economía argentina del siglo XX retratan la evolución de la economía del país desde fines del siglo XIX hasta la actualidad. En cada período se estudia el marco internacional, las relaciones externas, la población e inmigración, los conflictos y problemas sociales, el rol de las organizaciones sindicales y empresarias, las políticas económicas y la evolución de los sectores económicos. “Argentina nunca vivió aislada del mundo, y lo nacional y lo internacional estuvieron siempre estrechamente ligados, a veces hasta el extremo de confundirse, como durante la Segunda Guerra Mundial”, precisó. Rapoport señaló que los economistas más lúcidos no olvidaron la historia. Parafraseando a Joseph Schumpeter, dijo que “nadie puede tener la esperanza de entender los fenómenos económicos de ninguna época, tampoco la de la presente, si no domina actualmente los hechos históricos o si no tiene un sentido histórico suficiente”.

Gerchunoff afirmó que la colección de historia económica, publicada por el diario, “es un acontecimiento cultural que no es independiente de la inquietud por revisar la historia que nace con la crisis de 2001, pero que se refuerza con la aproximación al bicentenario”. El autor de El ciclo de la ilusión y el desencanto comentó que en las proximidades del segundo centenario percibe una reconstrucción del optimismo. “No estoy hablando de éxitos o fracasos de este gobierno en particular –aclaró–. Hay un clima de época, del cual sin duda las políticas actuales participan, en el que la posibilidad de que transitemos por un sendero virtuoso, con crecimiento sostenido e inclusión social, está presente en nuestro horizonte”, evaluó el economista. “La historia nos rescata del provincianismo del presente, pero no nos enseña qué es el presente.”

La “belle époque” popular

Gerchunoff destacó que los fascículos de Historia de la economía argentina del siglo XX tienen una mirada despojada de prejuicios, y que Rapoport pelea con eficacia contra varios mitos, como el de la Argentina rica en la época del “granero del mundo”. “Comparto que esa Argentina no era rica, pero también es cierto que aquello que se estaba construyendo se montaba sobre una renta de la tierra que no iba a durar mucho tiempo; entonces aparece la idea de la demora: no se construyeron las condiciones para que el país progresara más allá del precio del trigo o de la carne, más allá de ese momento en que se agota la frontera de la tierra”. En su exhaustivo repaso de los mitos que Rapoport desmonta, Gerchunoff se refirió a la idea de la decadencia, que para algunos historiadores económicos comenzó con el desarrollo industrial en los años ’40, más específicamente con el peronismo. “La mirada económico social de Mario (Rapoport) es muy importante porque si alguien dice belle époque para la belle époque oligárquica, alguien tiene que decir también que del ’45 al ’49 hubo una belle epoque popular. Si eso era sostenible en términos de patrón industrializador, es otra historia”, sugirió el economista.

“Mario es más industrialista que yo, que creo un poco más en el potencial dinámico del agro moderno, si el agro moderno tiene eslabonamientos posibles”, ponderó. “Una interesante pregunta de la actualidad es: ¿cuál es el patrón de desarrollo para hoy?, ¿es el patrón de la segunda industrialización, suponiendo que esto quiere decir una industrialización igual que la que tuvimos, o es una industrialización basada en nuestras ventajas? Los textos de Mario y de su equipo de investigadores nos remiten a una macroeconomía del desarrollo y me parece que ‘ése es un aporte muy importante.”

La densidad nacional

Ferrer admitió que en los últimos años la historia se ha convertido en un ejercicio de reflexión del país. “No es casual esta búsqueda de respuestas a los problemas actuales en la historia; se trata de encontrar en el pasado explicaciones a los dilemas del momento que son propios de un país que no terminó de construir su densidad nacional y que después de dos siglos de dependencia todavía está enfrentando los dilemas del subdesarrollo y la pobreza”, advirtió el director de Enarsa. “Los economistas que nos hemos ocupado de la experiencia latinoamericana tenemos bastante más facilidad para analizar el atraso en otras partes de América latina, en donde la fractura social originaria, provocada por la conquista y la dominación de poblaciones indígenas muy numerosas, marcó un perfil de estructura social a largo plazo. Cuando uno busca explicaciones a los problemas de Brasil o de otras partes de América latina, descubre que en los pecados originarios de la conquista se encuentran elementos de fractura social tan profundos que son parte explicativa y fundamental de las dificultades de encontrar senderos de desarrollo viables.”

Pero en el caso argentino, según Ferrer, el problema fue distinto. “Es difícil explicar cómo con condiciones fundacionales tan propicias no logramos conformar una sociedad y una economía avanzadas. Pienso en Canadá y en Australia, países muy grandes, que tempranamente lograron conformar estructuras sociales y económicas más articuladas, más diversificadas, más complejas que les permitieron ser países industriales avanzados, mientras nosotros no pudimos”, comparó el economista. “Ahora, aparte de buscar respuestas a por qué no pudimos, surgen los dilemas ante las alternativas que nos ofrece el mercado mundial. Una de las historias que nos puede ayudar a entender por qué no pudimos es la que practica Rapoport y sus colaboradores, que es la historia interdisciplinaria que vincula las variables económicas con el tejido social, con el cambio político, con el contexto internacional, es decir una visión integradora de los diversos acontecimientos que van construyendo el sendero del desarrollo y el crecimiento de un país.” Ferrer agregó que el fracaso argentino se debe a que “no logramos construir la densidad nacional ni liderazgos con vocación de acumular poder en el espacio nacional”. Zaiat resumió la sensación que dejó este panel de lujo: “Escucharlos me reconcilia con la ciencia económica”.

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Pablo Gerchunoff, Aldo Ferrer, Mario Rapoport y Alfredo Zaiat, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
Imagen: Bernardino Avila
 
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