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Domingo, 23 de diciembre de 2007

Una forma de resistencia al atropello y la colonización

A 20 años de su fundación, la emisora que alguna vez fue clausurada por el menemismo continúa siendo una herramienta de expresión popular. “Esta es una radio crítica, cuya esencia es tratar de cambiar el orden impuesto”, dice su director, Daniel Tornero.

 Por Cristian Vitale

Desde El Bolson

Hay que forzar bastante la imaginación para creer que a esa casita azul, que parece salida de un cuento, cierta vez llegó el brazo armado de la CNC (Comisión Nacional de Comunicaciones) con un objetivo fijo: cerrarla. Eran épocas de menemismo. De una secretaria de Recursos Naturales y Medio Ambiente –la señora María Julia–, cuya gestión coincidía con la quema de bosques en vastas tierras de Bariloche y aledaños. De sordera. Pero FM Alas –o la casita azul– resistió. A la orden de un juez federal le sucedió la irrupción de la Policía Federal. A dicha irrupción, la captura de los equipos de transmisión por la fuerza y el cierre de la emisora, por entonces la más escuchada de El Bolsón. Y a la clausura, una pueblada que determinó que las fuerzas del orden dejaran los equipos en la plaza de enfrente. “Lograron cerrarla y cortar la transmisión –cuenta Daniel Tornero, el padre de la criatura–, pero al rato la placita se llenó de gente y tuvieron que irse sin los equipos.” Podría empezarse por otros hechos para contar la historia soñadora y tesonera de esta radio comunitaria –a la altura de La Tribu o En Tránsito–, pero éste es seminal. Determinó no solo su “carta de presentación” ante el mundo mediático independiente sino también la atención de Eduardo Galeano, que terminó apersonándose en la zona para dar cuenta de su solidaridad. Estaba dicho: Alas tenía poder de vuelo para rato.

Hoy, a 20 años de su fundación, la casita azul permanece allí, intacta, junto al inmenso cerro Piltrimaiquen. Cuentan que en invierno, el alero se llena de nieve y los vecinos emergen de sus huertas suburbanas, morados y estoicos, con café, pan recién horneado o algún paquete de yerba para matizar el frío. “Esta es una radio crítica, cuya esencia es tratar de cambiar el orden impuesto –sigue Tornero, arropado en la camisa de algún trabajador de Zanon–. Nosotros creemos que otro mundo es posible, por eso acompañamos activamente muchas actividades de la comunidad urbana, semiurbana y rural. Ayudamos a que la gente se organice para diferentes cosas, ya sea para tocar música o sembrar papas. Todo tiene un valor.” No es llamativo, entonces, que el día que Página/12 visita la radio, un grupo de maestros rurales esté reunido al pie del cañón, para resistir una medida que consideran injusta. Están en el SUM de Alas –un salón de usos múltiples abierto a la comunidad– discutiendo alternativas para “frenar” lo que suponen un intento de precarización educativa en las escuelas 103, 118, 150, 139 y 211. “Están intentando cerrar secciones, cargos de maestros especiales y restringir el servicio de transporte escolar, una medida que afectaría a 560 alumnos. La pérdida de horas especiales implicaría un retroceso a condiciones de desigualdad, negando a los alumnos la posibilidad de acceso al aprendizaje de música, plástica, educación física y huerta”, dice parte de un documento firmado por directores, docentes y padres, que Página/12 recibe en mano.

La coyuntura viene al caso. Las escuelas se diseminan en bellísimos parajes, cuya problemática es la de siempre: inversores –gringos o no–- con afán de comprar naturaleza y desplazar al hombre: Paraje Los Repollos, Pampa de Mallín Ahogado, Puente de los Aplausos, Cuesta del Ternero... y la radio ahí, en el fragor de la batalla, transmitiendo contra la colonización permanente. “Uno de los ejes de la programación pasa por el tema de la tierra y el saqueo. Urge denunciar el robo, porque se están vendiendo tierras habitadas. Una de las causas del crecimiento de El Bolsón es, precisamente, que están echando mucha gente de los campos. El desalojo de familias es una constante”, dice Tornero. Por su parte, Daniel Fontenla, un ex porteño que se instaló en El Bolsón persiguiendo utopías, es el director de la escuela de la Comunidad Pichún, ubicada entre El Maitén y El Bolsón. Es, también, uno de los ejes humanos del proyecto de red de comunicación campesina que integrarán, en breve, Alas, Radio de la Tierra y la radio de la comunidad mapuche 14 de Octubre, que tiene su propio frente: Benetton y sus personeros.

“El Estado provincial pretende vender una enorme cantidad de tierras consideradas fiscales, que están ocupadas por comunidades mapuches –denuncia–. Esto genera tensión y conflicto, porque las escuelas rurales están sufriendo los embates de esta política de despoblamiento... paulatinamente se les está negando a los pequeños productores el estímulo para poder producir y este agobio económico está obligando a los pobladores rurales a vender sus tierras y trasladarse a los sectores urbanos. El problema de las escuelas va a redundar en un motivo más para migrar y vender tierras. La intención de ellos es tentar con títulos individuales a los que ancestralmente ocupan ese suelo para desactivar la idea de que la tierra pertenece a la comunidad. Así, mucha gente está vendiendo parcelas y cediendo sus derechos, y hay otro problema peor que son los asesinatos de la gente que resiste.”

El origen de Alas (FM 89.1) se remonta a 1987, cuando Tornero y un amigo decidieron irse de la filial de Radio Nacional en El Bolsón “por cuestiones ideológicas”. “Cuando llegó la democracia, en 1983, era todo flores y rosas en Nacional, pero tres años después se empezó a pudrir. Comenzaron a ponerle un freno a la libertad de expresión y, como nosotros trabajábamos directamente con el pueblo, pretendíamos seguir abriendo las puertas de la radio de par en par. Cuando se cortó esa onda decidimos poner Alas.” Hoy, la radio funciona con diez trabajadores fijos (entre locutores, operadores y administrativos “polifuncionales”) más unos cincuenta colaboradores entre fijos eventuales. “Es una banda, porque el proyecto es grande. Pegás un chiflido y aparece un montón de gente, uno que trae la yerba, otro que mantiene el pasto o pinta una pared”, cuenta Daniel. La programación combina programas regionales y nacionales (Revuelto Gramajo, programa histórico de La Tribu, se retransmite los viernes a las 19) y pasea por el universo a través de la web www.fmalas.org. En tanto asociación civil sin fines de lucro, se autofinancia en base a venta de publicidad, cursos de capacitación (producción de radio, operación técnica, comunicación popular), alquiler del SUM para shows, conferencias o debates. También se edita una revista (Awka) cuyo slogan es Cultivamos el vuelo y el fin, denunciar privatizaciones encubiertas, la depredación de la fauna, la explotación de recursos mineros, el tráfico de tierras y la tala de bosques. “El Bolsón es inquieto de por sí. Hoy por hoy estamos luchando en muchos frentes: la tierra, la represa, el casino, el derecho de pequeños productores y crianceros... y la competencia: en algún momento fue la radio más escuchada, pero hoy –dado el crecimiento de la ciudad– compite con otras que se han abierto con otras intenciones”, concluye Tornero, con el último mate en la mano, mientras el sol se esconde tras los cerros. El paisaje alucina, claro, pero este puñado de idealistas aumenta la belleza con una estrategia eficaz: ubica al hombre en el centro.

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“Pegás un chiflido y aparece un montón de gente”, cuenta orgulloso Tornero.
 
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