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Martes, 14 de mayo de 2013

FERIA DEL LIBRO › BALANCE DE LA 39ª EDICIóN DE LA FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO, QUE TERMINó AYER

Una fiesta que es la punta del iceberg

Café Amsterdam, el Diálogo de Escritores Latinoamericanos, las charlas con notables escritores argentinos y extranjeros, entre otras actividades, jerarquizaron un encuentro que superó el millón de visitantes e incrementó el volumen de ventas respecto del año pasado.

 Por Silvina Friera

La Feria del Libro, como la teoría del iceberg de Hemingway, es un cuento que encierra un relato secreto. En un primer plano se despliegan la historia o las cartas del “juego” visible, lo que se percibe en la superficie sin mayores esfuerzos. La asistencia del público en esta 39ª edición, que terminó ayer, alcanzó 1.120.000 personas, un poco menos que el año pasado, cuando se calculó que más de 1.200.000 personas circularon por los pabellones de La Rural. A esta altura del partido, excepto que cunda una catástrofe y la variante numérica descienda por debajo del millón, la cifra es anecdótica. El éxito no se mide sólo por el número; hay una combinatoria de factores heterogéneos. Las ventas se incrementaron entre un 10 y un 30 por ciento, oscilación que depende de los expositores consultados. Lograr un “empate técnico” o aumentar el porcentaje de los libros vendidos no es un detalle menor. Las ojeras abundan en los trabajadores de los stands, luego de veintiún días de lidiar con el público lector. Pero también se perciben sonrisas, un modo de reflejar el optimismo. En general, dicen, esta feria fue “muy buena”.

En esta trama no se puede soslayar el papel de las visitas internacionales. Arrancar de entrada con una conferencia magistral de un Premio Nobel de Literatura como el sudafricano J. M. Coetzee es apostar por la calidad y la excelencia. Claro que se puede tirar toda la carne al asador y después quedarse con poco resto. Pero no fue el caso. Amsterdam, primera ciudad invitada, montó un cafecito de diseño vanguardista y una programación excepcional con Herman Koch, Cees Nooteboom y Arnon Grunberg, entre otros autores holandeses. En el Diálogo de Escritores Latinoamericanos, estuvieron Juan Villoro, Horacio Castellanos Moya y varios narradores más, a sala llena. Hasta hubo cupo para el “exotismo” con la presentación del ruso Vladimir Sorokin. Y autores imbatibles, como el cubano Leonardo Padura, los españoles Arturo Pérez-Reverte y Rosa Montero y la colombiana Laura Restrepo.

Si el arte del cuentista consiste en saber cifrar el relato secreto en los intersticios de la historia principal, ese rol lo cumple la directora de la feria, Gabriela Adamo. Cuando Bas Pauw, el encargado de Eventos Literarios Internacionales de la Fundación Letterenfonds, emprendió el camino de regreso a Amsterdam, estaba asombrado por la respuesta del público. “Nos pusieron en el mapa. Yo digo esto y algunos se ríen –comenta Adamo a Página/12–. Pero es así; para ellos la Feria de Buenos Aires no existía, la industria editorial argentina no existía. El mundo se les terminaba en España. Ahora nos pusieron en el mapa y armaron una red de contactos con las editoriales argentinas. Bas me dijo que el próximo año quieren volver. Fue un comentario de despedida, no sé si es sólo una expresión de deseo. Pero nosotros vamos a estar firmemente detrás y ojalá que el próximo año estén presentes, con un stand o con autores holandeses invitados. Lo que se ve en la feria es la punta del iceberg; una punta fuerte, importantísima y de la que más se habla, pero tiene sentido si se apoya en una base que se mantenga en el tiempo, con traducciones de ida y vuelta. Ahora tenemos que aprovechar que nos pusieron en el mapa, que vean a nuestros autores y los traduzcan más.”

Adamo subraya que está “muy contenta” con esta edición. “Es la segunda feria en la que tengo un poco más de incidencia y se empieza a ver el trabajo con los equipos que fuimos armando. Me alegra la programación cultural y la calidad de los autores internacionales que nos visitaron. La ciudad invitada de honor (Amsterdam) y el Diálogo de Escritores Latinoamericanos son actividades exigentes, con autores pocos conocidos, y muchos nos preguntábamos si en un contexto masivo iba a funcionar o no. Y todas fueron a sala llena y eso significa que si se presenta bien una actividad, el público responde a las propuestas de alta calidad. Y podemos seguir trabajando en este nivel.”

Sin embargo, por segundo año consecutivo, la Noche de la Ciudad no funcionó: el recital de Toquinho se suspendió y la lluvia espantó a la gente, que desistió de ir a La Rural, a pesar de que la entrada era gratis entre las 21 y la 1 de la madrugada. “Me parece que en una ciudad como Buenos Aires, con doscientas librerías y actividades literarias todos los días, atraer a tanto público es un record. La verdad es que la Noche de la Ciudad fue un fracaso. Pero fue coyuntural y vamos a seguir apostando para que la gente pueda entrar gratis hasta la 1 de la mañana”, plantea la directora de la feria y anticipa que el próximo año habrá una tercera edición del Diálogo de Escritores. “Más allá de las charlas en sí, este año vi acompañamiento de las editoriales. Todas las editoriales, incluso las más grandes, como Mondadori, pusieron a escritores chilenos como Nona Fernández y Diego Zúñiga, que tiene tiradas menores en comparación con otros autores, en lugares preferenciales en el stand y se ocuparon de exhibirlos. Ojalá que poco a poco la circulación no se limite sólo a los autores que viajan a la feria, sino que se extienda a los libros y que puedan estar en todas las librerías. Es un largo camino, pero estamos avanzando en esta dirección. Poco a poco, con paciencia, este trabajo va dando sus frutos.”

–Esperá que miro que no se vaya mi gordita...

–¿Es una nena? –pregunta esta cronista, preocupada.

–Nooo, es mi mujer...

Las carcajadas de Alberto Obrizo por el equívoco de la “gordita” se oyen más allá del stand de Librería de las Luces. Su mujer continúa revolviendo las estanterías, como si no le importara extraviar un ratito al marido. “Esta es una feria muy concurrida, veo mucha gente –cuenta Alberto–. No compré libros porque en este momento no puedo. Estuve viendo unos de cocina para mi gordita, pero están caros. Me invitó un amigo que presentó un libro en un stand y aprovechamos para pasear.” Alejandro Todorovich, el encargado de Librería de las Luces, confirma que les fue bien. “No hice el balance todavía, pero vendimos igual que el año pasado, quizás un poquito más. Creo que fue una de las ferias más exitosas de los últimos tiempos.” Y agrega que uno de los caballitos de batalla fue un clásico que siempre vende en este stand: las colecciones del CEAL (Centro Editor de América Latina) y el Diario de Ana Frank. “Nosotros tenemos una oferta interesante en cuanto a variedad y precio: empezamos de 10 pesos para arriba. Acá conseguís por 10 pesos una edición del Martín Fierro.” Miguel Abelleyro, de Galerna, pondera lo positiva que fue esta edición. “A mí me gustó mucho y veo que está mejor organizada –explica Miguel–. Tengo la sensación de que vendimos más. Todos los años siempre empezamos con miedo por la poca gente, pero después viene la Conabip con la vorágine de bibliotecarios comprando sin parar y el repunte del final. Nosotros vendimos muy bien algunos títulos de nuestra editorial como Stand up (de Guillermo Selci), Rockología (de Eduardo Berti) y La Polaca (de Myrtha Schalom); y varios libros infantiles...”

–Los padres no gastan para ellos, pero sí para sus hijos.

–No te creas, compran para los hijos y también para ellos –responde Miguel–. Los libros sobre el Papa también salieron bien. Esta vez noté que muchos chicos vinieron a buscar clásicos de la literatura contemporánea de Hemingway, García Márquez y Cortázar.

Los grandes sellos también festejan. En Random House Mondadori andan exultantes: la cantidad de ejemplares vendidos araña el 30 por ciento más y la literatura salió como pan caliente. La feria fue, dicen, “espectacular”. En Planeta el incremento superó el 10 por ciento. Stella Olmedo, de Siglo XXI, asegura que también están entre los sellos favorecidos por el entusiasmo de los lectores a la hora de comprar. “Nuestro público busca libros de historia, sociología y psicología. Vendimos muy bien los títulos de la colección ‘Ciencia que ladra’, el nuevo de Foucault (La inquietud por la verdad) y los de Eduardo Galeano”, resume la encargada del stand. Damián Bonvino, de Grupal, que distribuye el sello Siruela, señala que están por encima del 10 por ciento de ventas en comparación con el año pasado. El mundo de Sofía, de Jostein Gaardner, y los Cuentos reunidos de Clarice Lispector encabezan el ranking de los más vendidos.

A Inés no le importa que alguien se tropiece con ella. Esta cronista, un tanto distraída, casi la patea sin querer. No la vio arrodillada, hurgando en el fondo de uno de los estantes de Waldhuter, haciendo fuerza para sacar Antropología simbólica, de Jaume Vallverdú. Es docente y estudia antropología en la Universidad de La Plata, donde vive. “Vengo muy seguido, llegué temprano y es la primera vez que compré tantos libros. Estoy chocha –revela–. Es lindo ver a los jóvenes solitos, comprando, buscando, investigando. Ellos saben muy bien lo que quieren.” De una de las bolsas saca uno de los libros que compró: Los ignorados de Otto Vargas. “Este año guardé platita y me vine a comprar a la feria. Hice una muy buena inversión, ¿no? Y seguimos cargando libros”, señala Inés cuando el marido se aproxima con otra bolsa. Hay espacios más acogedores y “silenciosos”, stands como el de Waldhuter o Los Siete Logos –que reunió a las editoriales Adriana Hidalgo, Beatriz Viterbo, Caja Negra, Entropía, Eterna Cadencia, Katz y Mardulce–, donde el lector puede alejarse del mundanal ruido –el ambiente en los pabellones es bullicioso, ajetreado; la feria es eso también: entusiasmo y bullicio–, elegir una novela de Selva Almada (El viento que arrasa o la última, Ladrilleros) y empezar a leerla.

La feria cumplirá cuarenta años en 2014. “Tenemos un desafío enorme por delante porque hay que festejar con bombos y platillos y es difícil superarse año tras año –reconoce Adamo–. Ya estamos pensando actividades culturales muy llamativas y tenemos garantizado el atractivo de San Pablo como ciudad invitada. Es muy rica la cultura de San Pablo, mucho más variada y accesible para nosotros que Amsterdam. Si Amsterdam tuvo una presencia tan buena, creo que lo San Pablo será para alquilar balcones.”

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Imagen: Luciana Granovsky
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