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Martes, 12 de mayo de 2015

FERIA DEL LIBRO › BALANCE DE LA 41ª EDICION, QUE FINALIZO AYER

Terminó el evento, ahora, ¡a leer!

La cantidad de gente fue aproximadamente la misma que el año pasado –1.200.000 personas–, pero las ventas aumentaron entre un 5 y un 30 por ciento. Más allá de los grandes sellos, se lucieron pequeños stands, y se vivió el fenómeno adolescente de los booktubers.

 Por Silvina Friera

Amables lectores, curiosos insaciables que pueden creer sin pestañear lo que dice cada página del libro que tiene entre manos o pueden vacilar y dudar, llegó la hora de volver al mundo silencioso o menos ruidoso de la lectura. Vivir para leer o leer para vivir quizá sean experiencias complementarias, modos de representar con mayor o menor intensidad la compleja interpretación que se pone en juego en el acto de leer. La 41ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires terminó ayer y los números dicen que hubo una especie de “empate técnico”: 1.200.000 personas visitaron la Rural, la misma cantidad que el año pasado. Las ventas aumentaron entre un 5 y un 30 por ciento. Esta edición estuvo signada por la muerte del escritor uruguayo Eduardo Galeano y el lanzamiento de su penúltimo libro, Mujeres (Siglo XXI), que agotó su primera edición de 25 mil ejemplares; y la visita estelar del irlandés John Banville. Más allá de los números, algunas voces ponderan que lo que mantiene vivita y coleando a la Feria es la diversidad de catálogos que se desplegó en stands colectivos de editoriales independientes como Los Siete Logos, Todo Libro es Político y los Sólidos Platónicos.

Rubén Acosta, del stand de la Red de Editoriales Universitarias Nacionales (REUN), revela que este año fue “mucho mejor” que 2014. “Vendimos un 15 por ciento más en cantidad de ejemplares. Hay una producción literaria muy rica y diversa de las universidades nacionales. Intentamos diversificar más la oferta no sólo con libros estrictamente académicos, sino con literatura y libros de pedagogía. Tenemos libros de 46 editoriales universitarias; de Ushuaia a La Quiaca están todas”, afirma el encargado del stand. “El marco de la Feria incita al público a comprar. Acá encuentran un material novedoso que no está al alcance en muchas librerías y que tiene un precio muy accesible. El libro universitario no tiene el mismo precio de venta que un libro de una editorial comercial. El precio promedio no supera los 150 pesos. La producción universitaria a nivel editorial es muy alta. Acá tenemos la posibilidad de mostrar todo”, agrega Acosta y enumera los tres títulos más vendidos: La Iglesia Católica argentina de José Pablo Martín (Ediciones UNGS, Universidad Nacional de General Sarmiento), el Nuevo Código Civil, que editó la Universidad Nacional de Cuyo (Ediunc), y los Cuentos completos de Juan José Manauta (Eduner, Editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos).

“Me resulta muy intrigante que tantas personas vengan a la Feria porque Buenos Aires es una ciudad llena de librerías”, dice Adriana Hidalgo, que integra el stand colectivo Los Siete logos junto con Eterna Cadencia, Beatriz Viterbo, Katz, Mardulce, Caja Negra y Entropía. “Es sorprendente y al mismo tiempo emocionante la necesidad de sentirse en contacto con los libros.” Hidalgo opina que fue una “buena” edición: “Estamos muy contentos con el grupo que conformamos, es una linda experiencia”. Entre los más vendidos hay clásicos de esta editorial como El libro de la almohada, de Sei Shônagon, y Zama, de Antonio Di Benedetto. Pero también se vendió muy bien Tal vez Esther de la escritora en lengua alemana de origen ucraniano Katja Petrowskaja, una novela compuesta por fragmentos que conforman un mosaico familiar alrededor de la persecución de los judíos ucranianos en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial; Arab jazz, de Karim Miské; Escrito sobre la mesa, una antología sobre literatura y comida compilada por Mariana Dimópulos y Mariano García; y Los papeles salvajes, de la poeta uruguaya Marosa di Giorgio. La directora general de Adriana Hidalgo plantea que el desafío de cara al futuro es lograr que los libros de la editorial sean más visibles y que circulen más. “La calidad no la negociamos bajo ningún concepto”, aclara Hidalgo.

El valor agregado está en un detalle colectivo. Ediciones Continente hace sus libros con cinco empresas recuperadas: la imprenta Chilavert, Nueva Unión –encuadernación–, 22 de Mayo ex Lacabril –plastificación–, Campichuelo –impresión de las tapas– y Coopar, que diseña, arma y diagrama los libros. Jorge Gurbanov subraya que la 41ª edición concluyó para la editorial con 60 por ciento de aumento en las ventas en pesos y entre un 35 y 40 por ciento más de ejemplares vendidos. “Cuando presentamos Economía callejera, de Iván Heyn, hubo más de mil personas. Eso nos levantó la venta. Presentamos el viernes pasado el libro de Pablo Llonto, El juicio que no se vio, y fue tanta la gente que vino que tuvimos que hacer algo que nunca hicimos: dividimos el acto en la mitad, primero entró una parte del público y luego la otra. Hicimos siete presentaciones de libros a sala llena, con mucha gente que se quedó afuera”, explica Gurbanov. “Aunque los medios dominantes digan exactamente lo contrario, hay un aumento del poder adquisitivo. En la realidad, que además es la única verdad, hay plata. Nosotros logramos el incremento de las ventas con el programa Ahora 12. Venían a buscar un libro de Jorge Abelardo Ramos, por ejemplo Revolución y contrarrevolución en la Argentina, que tiene cinco tomos, y con el Ahora 12 se llevaban todos los tomos. Ahora 12 nos ayudó a aumentar mucho las ventas y el Banco Provincia tenía una promoción de 35 por ciento de descuento y seis cuotas sin interés.”

Elogio de la diversidad

Carlos Díaz, editor general de Siglo XXI, advierte que fue una Feria “rara”, signada por el impacto de la muerte de Galeano. “Este mes lanzamos Mujeres, su penúltimo libro, y la primera edición de 25 mil ejemplares se agotó. Sólo con las compras de los bibliotecarios vendimos como unos 600 ejemplares, que es muchísimo. Esto hizo que esta edición fuera muy buena en términos económicos. Vendimos un 20 por ciento más de ejemplares”. Además del libro de Galeano, salieron como pan caliente Las neuronas de Dios de Diego Golombek y los dos libros de Thomas Piketty: La economía de las desigualdades y La crisis del capital en el siglo XXI. “Ir a la Feria es parte de un paseo fijo que todos los años la gente decide hacerlo, así como algunos se van de vacaciones en enero o febrero. Llegó la feria y hay que ir; para mucha gente es un evento al que no puede faltar –reflexiona Díaz–. Cuando estaba en el Centro de Exposiciones era más feria, en el sentido de que era menos ostentosa, más pobre y encantadora. Encontrabas más libros raros, había más stands porque como era más barato el espacio muchos participaban y había más diversidad. El paso a La Rural en términos de profesionalización, de visibilidad y de imagen fue fantástico, pero al principio algo de esa cosa de feria se había perdido y creo que en los últimos años hemos recuperado algo de esa diversidad. Zona Futuro es una de las mejores propuestas que se han hecho en los últimos años para atraer a otros públicos. La Feria apunta a distintos públicos y no creo que sea cierta esa idea tan repetida de que los lectores de verdad no van a la feria. Hay stands chiquitos como Todo Libro es Político o Sólidos Platónicos que le están generando otro movimiento de lectores tal vez más asiduos o sofisticados y eso está colaborando mucho para mantener muy viva a la Feria”.

Oche Califa, director de la Feria, señala que un millón doscientas mil personas es “un número fantástico”. “Tendríamos que pensar en otro tipo de valores de éxito o de trascendencia. Ya seguir hablando en términos de campeonato, metimos tantos goles, no sirve. Lo que hay que pensar es, por ejemplo, cómo hemos atendido al fenómeno de lecturas adolescentes con el encuentro de booktubers. La Feria es un acontecimiento cultural de masas que energiza a la gente y la predispone a encontrarse en la soledad que el libro requiere después, porque nadie viene a leer un libro acá adentro. Pero logramos que la gente se entusiasme con los libros porque se encuentra con el autor o con un debate que le hace pensar en un libro que no había advertido o en un tema que puede buscar en un libro de ficción, sobre genética o historia. Nos importa el libro en toda la geografía argentina. No somos una empresa organizadora de eventos. La Feria es una estrategia para la promoción del libro y la lectura”. Califa anticipa a Página/12 que para la próxima edición “vamos a trabajar para aprovechar mejor el papel que está teniendo el libro universitario”. “La editorial de Villa María edita muy bien, la editorial de la Unsam y de la Untref también. Las editoriales universitarias han salido a conquistar una parte importante del mercado”.

Alejandro Archain, gerente general de Fondo de Cultura Económica (FCE), pondera las Jornadas Profesionales porque “no sólo hubo buenos expositores y buenas mesas, sino también porque se hicieron negocios”. El FCE cierra esta 41ª edición con un incremento del 30 por ciento de facturación en pesos y un 5 por ciento más de ejemplares vendidos en comparación con el año pasado. Entre los títulos más vendidos está Leer el mundo de la antropóloga y socióloga francesa Michèle Petit, libro que la autora presentó en La Rural; El capital en el siglo XXI de Piketty; la Antología personal, de Ricardo Piglia; los libros del sociólogo polaco Zygmunt Bauman y La razón populista de Ernesto Laclau. “Los sábados fueron muy buenos, los domingos no. En la semana nos fue muy bien porque como tenemos libros académicos y universitarios, hay estudiantes, profesores y profesionales que ponen el GPS para venir a nuestro stand”, comenta Archain.

Todos a favor

“Nadie, no había nadie.” Paula Pampín, hija de Manuel Pampín, el creador de Ediciones Corregidor, todavía se acuerda de aquel 2 de abril de 1982, cuando empezaba la Guerra de Malvinas. “Estaba con mi papá en el predio municipal y la Feria estaba vacía. El año pasado nos dieron un reconocimiento por estar entre las 15 editoriales que estuvimos en todas las ferias”, recuerda Paula. “Esta edición fue buena, a pesar de que hubo menos gente. Aun así nosotros tenemos un público cautivo que vuelve a buscar los libros de la editorial, como la reedición que estamos haciendo de la obra de Macedonio Fernández o toda la obra de Arturo Jauretche en formato de bolsillo. Vendimos entre un 20 y 30 por ciento más en cantidad de ejemplares. Muchos llegaban a la caja con un libro en la mano y cuando les comentábamos del Ahora 12, nos decían: ‘Entonces, esperá...’ y sumaban dos o tres libros más. La compra que hacen los bibliotecarios es importante; en general las bibliotecas populares buscan los libros de nuestro catálogo”. Hay varias colecciones de Corregidor que tiene un puñado de lectores fieles. Una de esas colecciones es Archipiélago Caribe, que cuenta con varios títulos del puertorriqueño Eduardo Lalo, como Simone, novela con la que obtuvo el premio Rómulo Gallegos 2013, y una novedad como los relatos de Emoticons de Aurora Arias, narradora y poeta dominicana que reside en Estados Unidos.

“Es mentira que los lectores no vienen a la Feria. Vienen los días de semana, lunes, martes o miércoles, cuando saben que no se van a encontrar con tanta gente y pueden estar más tranquilos. No es verdad que se encuentra lo mismo en cualquier librería que en la Feria. En una librería no está todo el catálogo completo de Corregidor. En los stands de los países, por ejemplo, siempre te vas a encontrar con algún libro que no conseguís en las librerías”, desmitifica Pampín. “En un momento se puso de moda hablar en contra de la Feria del Libro, pero creo que ese trauma ya lo hemos superado y estamos todos a favor porque es algo bueno para todos. Estamos cansados, pero felices”.

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Un evento de masas que luego se proyecta en la soledad de la lectura.
Imagen: Bernardino Avila
 
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