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Lunes, 1 de junio de 2015

SERIES › TERCERA TEMPORADA DE HANNIBAL, CON MADS MIKKELSEN EN EL ROL PROTAGóNICO

“Yo quiero que Lecter sea como un ángel caído”

El actor danés encarna al caníbal más famoso de la cultura pop. Este jueves AXN estrenará el primer episodio de la serie que ya se ha ganado el favor de los “fannibals”. “Es sorprendente como todos tienen en esta ficción la capacidad de convertirse en psicópatas”, dice.

 Por Federico Lisica

Página/12 En Canadá

Desde Toronto

“El vestíbulo pertenece a la capilla de los normandos en Palermo, grave y hermosa y atemporal, con un único recordatorio de la mortalidad en el cráneo esculpido en el suelo”, escribió Thomas Harris, autor de las novelas que dieron origen al Dr. Lecter. Y Mads Mikkelsen, el actor que lo interpreta en Hannibal (AXN estrenará el primer capítulo de la tercera temporada el próximo jueves a las 23), está sentado en una banqueta sobre la imagen referida. No se trata de la iglesia italiana sino de una cuidada reproducción emplazada en un estudio televisivo. Y que el caníbal más famoso de la cultura pop arrime su calzado a unos huesos, con el reflejo del dorado bizantino por detrás, tiene bastante de enigmático. Por más que la serie haya jugado, inteligentemente, con diversos géneros (el policial de procedimiento, el thriller y lo hará hasta con la novela romántica); por más que haya presentado una gama atractiva de personajes a cargo de Gillian Anderson y Laurence Fishburne –entre otros–, el centro de este universo refinado y aterrador sigue siendo uno solo: Hannibal Lecter (interpretado previamente en la gran pantalla por tres actores en cinco películas). “El mayor miedo que tuve al encararlo fue el de ponerme en los gigantes zapatos de Anthony Hopkins y Brian Cox. Obviamente ellos quedaron en nuestra memoria y por una buena razón. Sus trabajos fueron inmaculados. Aquí intentamos hacer algo diferente y cada día nos tuvimos que convencer de que lo teníamos permitido”, declara el actor en conferencia a la prensa.

¿Qué le ha agregado Mikkelsen a su criatura como para que sea señalada como la definitiva? El danés de aspecto imperturbable, rasgos angulosos y voz doliente ya le había dado vida a uno de los criminales más verosímiles de la saga Bond en Casino Royale y demostrado que puede acarrear grandes dilemas éticos con apenas un pestañeo o movimiento de labios (Después de la boda, La cacería). En este caso, al garbo, sapiencia y bestialidad le ha añadido una debilidad inesperada. Es que Lecter será un asesino serial, un sibarita, un manipulador perverso, pero también alguien que necesita la amistad de Will Graham (Hugh Dancy), personaje central de la saga. Este investigador del FBI tiene la capacidad de adentrarse en la mente criminal y recurría a Lecter como terapeuta. Juntos resolvieron casos y se obsesionaron el uno con el otro (¿hasta un nivel sexual?). “Es sorprendente como todos tienen en esta ficción la capacidad de convertirse en psicópatas. No creo que haya algo sexual entre ellos. Su relación, sin dudas, tiene que ver con el amor, un amor bastante raro...lo que sea. La analogía que uso para Will es que durante toda su vida ha sido como un jugador excelente de ajedrez y que además es la única persona que conoce las reglas. Luego aparece otra persona en el cuarto que es tan eximio como él y eso le da cierto sentido de gratitud, alivio y un reconocimiento poderoso”, explicó Dancy. Es más, la dependencia le significó a Graham pasar un buen tiempo encerrado en el manicomio de Baltimore, señalado como principal sospechoso de los crímenes perpetrados por “el destripador de Chesapeake”. Sólo la audiencia supo desde un comienzo que se traba de su “amigo”. “Lecter está obsesionado con Will. Es la persona más importante en su vida”, sintetiza Mikkelsen.

–¿Cómo fue la preparación para un personaje que es como un hombre renacentista, alguien con tantas habilidades?

–Es bastante difícil en un punto. A ver, obviamente tenés los libros y las películas. Como no estamos haciendo lo mismo que en los films necesitás agarrarte de algo. Los libros pueden darte una ayuda. Creo que es un hombre viviendo el momento. No tiene espacio en su agenda para beber un mal vino o estar con gente aburrida. Y para eso no necesitás demasiada investigación. Está haciendo lo que el resto de nosotros deseamos, salvo por eso de matar gente, supongo. Para él, cada segundo es una oportunidad de belleza y definitivamente va tras ello.

–Pero se trata de un asesino serial. ¿Es consciente de que confronta a la audiencia con la idea de volver simpático alguien que no lo es en absoluto?

–Sí, soy muy consciente de eso. Es una de las cosas que más me gusta de este programa, y también de mis películas favoritas. Tengo el vívido recuerdo de la primera vez que vi Taxi Driver. Esa película fue una tremenda inspiración para mí en el sentido de que abandoné el cine sin saber bien si apreciaba o no a ese tipo. Fue muy complejo, hasta entonces teníamos el bueno y el malo, al bueno siempre le daban un Oscar, ¿no? Tenemos la tendencia a querer ser muy estrictos, pero cuando hay algo confuso, es porque ahí están nuestros reflejos. Queremos hacer lo correcto pero no necesariamente lo hacemos...

–Bryan Cranston dijo que, cuando terminó Breaking Bad, se sintió vacío. ¿Se imagina su vida sin Hannibal?

–Muy fácilmente. Vivo sin él todos los días. No lo cargo conmigo. Me parece pretencioso cuando los actores dicen eso. Como que necesitan atención extra. Aunque amo el personaje y doy el ciento por ciento, mentiría si digo que me apropio de él.

–En las dos primeras temporadas lo vimos como un psiquiatra que jugaba mentalmente con sus pacientes. Ahora tiene una posición académica en Europa, ¿eso lo hizo más difícil o desafiante?

–No, porque es curador y traductor del Pallazo Capaldi, y ése es para él un lugar maravilloso para vivir. Está en el medio de las cosas que ama de la antigüedad. Está en el corazón del Renacimiento. Sigue manipulando todo y a todos porque disfruta de ello. Tiene una audiencia que aprecia su intelecto. Si tuviera que señalar una falla, la que lo llevará en algún momento a ser atrapado, es su actitud. Es un hombre vanidoso. No puede remediarlo.

El DJ de Lecter

Sin dudas el mayor desafío para el creador de la serie, Bryan Fuller, era el de borrar de la mente del espectador la imagen de Anthony Hopkins sorbiendo detrás de unos barrotes. Quizá por ese mismo motivo, Fuller asegura que en algunos años esta serie será recordada por la caracterización de Mikkelsen. “Hace algo muy diferente. Es un personaje como de una obra de Shakespeare –asegura–. Ves a cada actor que le imprime algo nuevo y fresco.”

Por otro lado, para crear su “propia versión de esta mitología”, Fuller recurre al mash up musical. “Somos como DJ’s, tomamos algunos tracks de El silencio de los inocentes y los mezclamos con las voces de Hannibal: El origen del mal. Ese tipo de cosas. Uno puede notar el ADN y decir “Ah, eso proviene un poquito de acá”, y si estás familiarizado con las novelas mucho más, pero todo es como un pastiche. Como hubo tantas adaptaciones de los libros lo que quisimos es darle un giro a todo, para seguir sorprendiendo a los fans”, explica el realizador que saltara a la fama por el tono siniestro y ligero de Pushing Daisies.

Por cuestiones de derechos, en Hannibal no pueden mencionarse personajes exclusivos ni situaciones puntuales del film dirigido por Jonathan Demme en 1991. Así que por ahora nada de “hello, Clarice” susurrados, ni de Buffalo Bill despellejando mujeres. Para suplir al personaje femenino más trascendental de este gran tapiz, Fuller ha recurrido a la Dra. Alana Bloom (Caroline Dhavernas), Beverly Katz (Hettiene Park) y creado a la Dra. Bedelia Du Maurier (Gillian Anderson). La psiquiatra del adicto a los banquetes de carne humana es interpretada por la actriz de The X-Files. Primero con breves apariciones, fue adquiriendo mayor trascendencia y en el episodio de apertura de la nueva temporada es, prácticamente, la protagonista. Distante, glamorosa y cada vez más intrigada por la personalidad de su paciente –posiblemente igual de tenebrosa– se hará pasar por la esposa de Lecter. “Es mi personaje favorito luego de Hannibal –revela Fuller–. Es interesante pues todo luce realmente nuevo. Ya sabés que Hannibal es un caníbal y mucho de lo original tienen que ver con la dinámica que generan Gillian y Mads, tan fría y caliente a la vez. Si no viste las dos primeras temporadas, podés entrar en la tercera muy rápido. Obviamente ayuda haber visto lo anterior pero esto es como un reset”, plantea.

La crítica ha sido muy elogiosa con esta entrega original de la NBC. Propuesta que consiguió algo tan singular como ser de culto y masiva al mismo tiempo (sus seguidores se autodenominan “fannibals”). Para Caroline Dhavernas, el suceso se explica por la factura de los parlamentos. “Bryan tiene una manera única de escribir. Es como una locura muy racional. Piensa muy por fuera de una caja. Hay algo poético en el horror que está contando, es muy teatral y operístico, lo cual es todo un desafío”. Además de los guiones con varios pliegues y los diálogos elaborados, en Hannibal se destaca el estilo visual que no les teme a ciertos tramos surrealistas y otros bien explícitos (hasta se utilizan planos de cámaras quirúrgicas). La importancia estética es tal que Hannibal cuenta con diseñadores de indumentaria (Christopher Hargadon) y una estilista de la comida (Janice Poon). Sea diseñando alta costura o zurciendo pedazos de cerdo que, según apuntan en el set, es la que más se asemeja a la piel humana.

La serie, sin embargo, es parte de la tendencia actual de las reversiones y de los protagónicos otorgados a cierto tipo de villanos carismáticos. “Lo interesante sobre los antihéroes, sea Dexter, Hannibal, o Tony Soprano, es que tienen una belleza muy humana con la que podemos relacionarnos. Cualquier persona es capaz de hacer cosas terribles y a la vez muy bellas. Es como una manera de ser indulgentes con nosotros mismos. Es como si nos dijéramos: ‘Bueno, al menos nosotros no nos estamos comiendo a nadie, no podemos ser tan malos’”, apunta Fuller.

Suelto en Europa

Ciento quince litros de sangre. Esa fue la cantidad de plasma utilizada al cierre de la segunda temporada de Hannibal. Su máscara como el buen profesional de Baltimore ha caído y debe escapar a Europa. La secuencia inicial nos ubicará algunos meses después de ese orgasmo de violencia. La apertura es casi como un cortometraje con Lecter manejando una moto por una París nocturna, viste cuero y persigue a quien será su cena y futuro. Es una versión completamente remozada, urbana y enloquecida del personaje. También de género. De tener al “asesino serial de la semana”, sus realizadores decidieron partir la serie en dos. La primera mitad enseñará su nueva fachada en el viejo mundo y con los agentes del FBI yendo tras él. Jack Crawford, interpretado por Laurence Fishburne, es uno de ellos. “Ninguno de los personajes sabía que mataba y comía gente. Ahora lo sabemos, el gato salió de la bolsa, ya no está ese secreto, y vamos tras él. ¿Y cómo va a ser? Va a ser muy excitante”, seduce quien interpretara a Morfeo en Matrix.

Según Steve Lightfoot, productor ejecutivo, este nuevo comienzo tendrá algo de novela romántica con toques góticos (“como una reversión de El talentoso señor Ripley”). Bryan Fuller fue un paso más allá. “Ciertamente tomamos diferentes estilos. Para mí tiene algo de comedia negra. Y hay un episodio clave que parece de horror, como las películas de la Hammer”, destaca.

La segunda mitad de la temporada, por otro lado, será una miniserie basada en el asesino principal de El dragón rojo, Francis Dolarhyde (Richard Armitage). “Se siente mucho más orgánico de esta manera y ya no hay tanta gente loca haciendo cosas extrañísimas con los cuerpos de los asesinados”, clarifican sus creadores.

También ésta será la temporada (que AXN retomará desde el 3 de agosto) en la que se apreciará la técnica del “palacio de la memoria”. Ese lugar en la mente de Lecter, con ecos a la iglesia descripta en las primeras líneas. Para Fuller es como una computadora en la que Lecter downlodea toda la información relativa a su vida y utiliza en momentos particulares. ¿Se acerca el confinamiento y la mascarilla sobre su quijada? “Estar en prisión es parte de la vida de Hannibal –plantea Mikkelsen–. Me refiero a que él no tiene problemas con estar encerrado, no es el fin del mundo, porque puede recurrir a esta técnica. Puede cerrar los ojos y estar donde quiera. Lo cual también es un desafío muy interesante para la serie. Siempre quiere saber qué es lo que sigue del otro lado de la esquina. Obviamente aprecia su libertad. Ama estar en París y Florencia. Está en lugares y hace cosas que nunca ha hecho antes. Pero si eso cambia tiene un as bajo la manga. Tiene su palacio de la memoria”.

–Se trata de un personaje icónico, como Otelo o el Guasón, tocan fibras muy íntimas para un actor. ¿Tuvo algún cuidado al introducirse en la mente de un psicópata?

–Me preocuparía si no fuéramos radicales. Si empezáramos a suavizarnos o a tratar de explicar a la audiencia los motivos por los que él es así, por qué es que se convirtió en un monstruo. Odiaría eso. Lo que yo quiero es ser él. Quiero que sea como un ángel caído. No quiero demasiadas explicaciones. Creo que eso es banal. Hannibal lo odiaría más que yo. No es que él es así por algo puntual. Es alguien complejo que explora la vida al máximo.

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Hannibal funcionó como policial, como thriller y también coqueteará ahora con la novela romántica.
 
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