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Lunes, 5 de diciembre de 2005

MUSICA › EL PERSONAL FEST CONVOCO A 55 MIL PERSONAS EN DOS NOCHES

Los ‘80, pero sin raros peinados

Duran Duran y Simple Minds fueron las principales atracciones de un encuentro marcado por el cruce de géneros musicales.

 Por Mariano Blejman

No deja de ser curioso que las dos bandas centrales del Personal Fest del viernes y sábado pasado, en el Dique 1 de Puerto Madero, hayan sido señorones millonarios y un tanto afeminados cuya música no ha sabido madurar con el paso del tiempo. Porque no deja de ser extraño que estas dos bandas (Simple Minds el viernes y Duran Duran el sábado) hayan cerrado ambas noches como corolario de fiestas –siempre hablando del escenario principal– un poco más modernosas que el pop-punk de Good Charlotte el primer día y Babasónicos, la banda moderna por excelencia argentina, el segundo día. O, para explicarlo de otro modo, si la música pudiera ser una parábola del desarrollo tecnológico de nuestro país, en el Personal Fest del fin de semana deberían haber convivido tanto los últimos teléfonos celulares que mandan fotos y videos, como aquellos viejos zapatófonos con pinta de ladrillo que comenzaron a conocerse a fines de los ’80 en las películas norteamericanas y llegaron al país con la primavera convertible. Algo de eso sucedió en estos dos días, donde la cruza por momentos incómoda de géneros fue acompañada por un público que bien podía venir de comerse un plato de pescado fino en Puerto Madero, y que recuerda con fervor aquellos años ’80. Es probable que mucho de lo que se festejó (sobre todo el sábado, con la presentación de Duran Duran), no fuese tanto el presente, sino la conexión del público con su propio pasado.
Entre las 20 mil personas del viernes, mientras Simple Minds cerraba cartel, parecía una ironía el show de los Plastilina Mosh (mexicanos asentados en EE.UU.), que proponían una parodia de los ’80, una parodia de los ’90, y una parodia de los 2000. Pero no sólo de ochentismo se tiñó el viernes. También se vivió la presencia de (raros peinados viejos) Macy Gray y el punk maquillado de Good Charlotte. En la carpa electrónica los Thievery Corporation demostraron que poco tienen de ladrones. Acaso una de las mejores “carpas” de la noche haya sido la de Tonolec, Javier Malosetti, Chick Corea, Kevin Johansen, Paulinho Moska y Bajofondo en una versión remixada.
El sábado, producto de la lluvia, el barro y el frío, el comienzo de la programación se demoró dos horas. Párrafo aparte para la competencia de vip’s que algunos pagaron y otros lograron apropiarse, ubicados justo en el lugar exacto en el que se cruzaban los sonidos de dos escenarios. Así, mientras –otra vez raros peinados viejos– Erykah Badu ensayaba unos cánticos afroamericanos, en otro costado se sentían los acordes de La Portuaria, o de los carismáticos Aterciopelados, o la fría presentación de Circo, que quedó vacía de público, después de la aparición de Duran Duran, a las 2 de la mañana. Antes, la performance de Babasónicos se convirtió en una especie de presentación porteña del cd Anoche. Poco antes de la 1.30 de la mañana, hacía también su debut festivalero el mismísimo Miguel García, más conocido todavía por tener un papi histórico del rock nacional (un tal Carlos García) que por haber sacado su flamante disco Quieto o disparo.
En el momento en que los técnicos terminaban el escenario de Duran Duran una bruma londinense se apoderó del Dique 1, para una banda nacida en Birmingham. Cerca de 30 mil personas dejaron vacío el resto del predio cuando Simon Le Bon (con saco blanco), John Taylor, Nick Rhodes, Andy Taylor y Roger Taylor saludaron a la gente al borde del escenario. Abrieron con Sunrise de su último álbum Astronaut. Pero allí todos querían hits y clásicos. Así que llegaron Hungry like the Wolf y Planet Earth. En un momento, Le Bon se apoderó del micrófono para arengar a su público con “Olé, olé, olé, olé...Duran, Duran!”. Después llegó The Reflex, que hicieron olvidar el frío. Los Duran Duran habían estado en 1993 con una formación “parcial”, así que para muchos éste era el verdadero encuentro. La discoteca se puso a pleno con Notorious y Girls on film Rio y, finalmente, se supo qué tema de John Lennon iban a tocar: Instant Karma. La fiesta se cerró con Wild Boys y el campo, en cambio, carecía de peinados raros.

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Simon Le Bon cantó todos los éxitos de Duran Duran y hasta arengó al público.
 
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