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Jueves, 27 de noviembre de 2008

MUSICA › LA PORTUARIA EMPIEZA A HACER RODAR LA VACA ATADA

“El éxito es una falsedad”

Diego Frenkel, Sebastián Schachtel y José Luis Belmonte hablan del disco que presentan mañana en La Trastienda, producto de su intensa experiencia en vivo: “Primero está la pulsión, la emoción, lo más espontáneo; después viene la arquitectura de la canción”.

 Por Roque Casciero

“El universo no se compra con dinero/ la compañía de seguros sólo te asegura/ un lugar en el cementerio./ El futuro es un sueño o un gran agujero/ nadie tiene la vaca atada/ lo que ayer era oro hoy puede no valer nada.” La voz que medio recita medio rapea estos versos es la de Diego Frenkel, y la base funky desconcierta de movida: nada del ritmo mundial en el que tradicionalmente abrevó La Portuaria. Con el pasar de los tracks de La vaca atada se confirmará que ambas características se repiten: en las letras el predominio es de lo social, en la música hay un regreso a la new wave y el pop que no cuesta demasiado relacionar con Clap, la primera banda conocida de Frenkel. Sin embargo, lo que predomina por encima de las referencias es la frescura de la banda, a la que no se le notan los veinte años de carrera (véase La ficha). Y no es de esos discos en los que el artista lleva a cabo una prodigiosa maniobra para aggiornarse: las canciones transpiran ganas y entusiasmo, como si La Portuaria fuera una banda nueva.

“Teníamos la idea previa de hacer un disco con mucho groove y baile, rítmico, que se basara en nuestra experiencia en los shows”, arranca el cantante y guitarrista, sentado a la mesa de un bar palermitano junto al tecladista Sebastián Schachtel y el baterista José Luis “Colo” Belmonte. Ellos tres son el núcleo de la banda desde la “recomposición” a principios de siglo (completan el quinteto el guitarrista Adi Azicri y el bajista Pablo Giménez), y desde entonces, recuerdan, se formó en los conciertos una especie de “bloque rítmico”, con hits como “Selva”, “El bar de la calle Rodney” y “Devorador de corazones”, entre otros. “Lo que pasa con la gente en esos temas es muy fuerte, entonces nos propusimos hacer un disco que capturara esa energía, pero traducida en temas nuevos”, explica Frenkel. Algo de eso podrá vivirse mañana en La Trastienda, cuando La Portuaria presente formalmente La vaca atada.

–¿Cómo se hace para sonar frescos después de veinte años de carrera?

Sebastián Schachtel: –Si se nota que no está hecho a la fuerza es porque, precisamente, abandonamos rápidamente los temas que sentíamos forzados. Nos pasó con un par, pero la cosa sobreactuada se pone muy evidente y eso no sirve. Pero la clave estuvo en que todo el disco surgió en la sala de ensayo.

Colo Belmonte: –Nosotros hablábamos del pastón, que es el cemento que se usa para la construcción: con eso después armás algo.

Diego Frenkel: –Es el germen de una idea, algo que no tiene forma y que es la condensación de toda una energía. Después tenés que empezar a pulir. Primero está la pulsión, la emoción, lo más espontáneo de nosotros, pero no está la arquitectura, la estructura racional que hace a una canción: es lo previo a llenarla de contenido y de sentido.

–¿Eso tiene relación con algo del pasado de la banda?

Frenkel: –Siento que sí, porque algunos temas de antes fueron compuestos desde ahí. Algunos son muy conocidos, como “Devorador de corazones”, por ejemplo.

Schachtel: –Incluso “Selva”, porque fuimos armándolo... Cuando grabamos un demo era un tema completamente diferente, lo llamábamos “El Michael Jackson” (risas).

Frenkel: –Es cierto, fue mucho laburo en la sala. Creo que esta relación con cosas del pasado es con esos momentos en los que la banda pasa mucho tiempo de gira, en contacto con un público masivo. Es entonces cuando se genera una especie de magma energético que se traduce en este tipo de temas. Creo que fue asumir un lugar de La Portuaria, que es la parte popular, de canto festivo, que nos divierte mucho porque nos da un alto contacto con la gente.

Belmonte: –Es algo interno que termina reflejándose en los shows: el festival está adentro. Cuando empezamos a hacer el disco hacía calor, había poco por hacer, pero nosotros teníamos adentro un montón de movimiento: de ahí parte la espontaneidad del disco. Queríamos hacer una fiesta, pero no sabíamos cuántos invitados iba a haber, qué íbamos a comer ni qué había para tomar.

Schachtel: –Más allá de la gente y de la masividad o no, el disco era muy popular... ¡entre nosotros cinco! Hubo un momento en que perdimos el interés por hacer cosas tan expansivas, para afuera, y estábamos más introspectivos o con una sonoridad acústica. Pero eso pasa por el gusto nuestro en cada momento, por nuestras sensaciones previas a hacer un disco.

–Desde el retorno de la banda, es claramente su disco más pop.

Frenkel: –A la palabra pop hay que usarla con cuidado porque está muy asumida como “música producto”. Con eso no tenemos nada que ver, obviamente. Nosotros pensamos la música pop en el sentido de popular y moderna, de lenguaje contemporáneo. Podemos hacer una descripción de los ritmos y los climas que influyen en el disco, porque desde siempre estamos atravesados por el dub, el pop, el hip hop, la música disco y el funk. En gran parte, lo que mencioné tiene que ver con lo afro. Pero está visto desde nuestra mirada argentina y porteña.

–La palabra “contemporáneo” es clave: las letras de “Camino hacia el mañana”, “Big bang”, “Estrella” y “Puedo pensar” parecen mirar hacia atrás y adelante, pero claramente desde el presente.

Frenkel: –En términos generales, las letras son el emergente de la música y de un contenido grupal. Si bien soy quien las escribe, reflejan un modo de ser y de pensar de toda la banda. Traducen el ánimo de nuestra forma de vivir, de ver las cosas, no son personalistas. Y al ser un disco más hacia afuera, habla de nosotros en medio de la gente. Respecto de la ubicación temporal, hay mucha incógnita sobre el futuro, hacia dónde vamos. Ese interrogante está presente en la humanidad porque es un momento crucial y uno no puede despegarse de eso. “Big bang”, por ejemplo, habla del origen del universo y trae un mantra infantil con un deseo: “Quiero un futuro”. “La vaca atada” describe con mucha ironía el pensamiento que rige nuestro tiempo, esa fantasía del capital, de tener la vida asegurada. Y es un absurdo, porque sabemos que no tenemos el futuro comprado.

Belmonte: –Pero una cosa es saber que no lo tenemos comprado y otra es comprobarlo (risas). Se comprueba viviendo, cuando te agarrás de algo y se te cae a pedazos: después de que te pasó varias veces, antes de agarrarte a algo ya sabés que puede caerse. Pero eso, por otro lado, le da sal a la vida, le da swing.

Frenkel: –Lo que pasa es que en el fondo hay algo de lo que agarrarnos, que es aquello donde volcamos nuestro deseo y nuestra confianza: la música y los afectos.

–En “Camello”, el mundo está “jodido y complicado”, pero lo que al protagonista lo salva es el cariño, ¿de una mujer?

Frenkel: –También puede ser una respuesta social, que en el rock últimamente está ligada a algo contestatario. Nosotros somos personas con una alta conciencia social y el grupo tiene conciencia social, pero se expresa desde un punto de vista personal de La Portuaria. Apostamos constantemente a la pulsión vital, a este proyecto comunitario, a la música como un lenguaje maravilloso que habla de cosas intangibles y que a veces abarca más que la palabra.

Schachtel: –Aparte, después de tantos años, nos juntamos a trabajar este material nuevo y eso nos generó un entusiasmo increíble. Ese festejo por volver a hacer canciones y a juntarnos a tocar se ve reflejado en los temas. El encuentro fue el germen de todo lo que después apareció en el disco.

Frenkel: –Y eso es el lugar de donde nos agarramos, pero hay que nutrirlo permanentemente. Es como una pareja: las cosas no suceden solas, hay que ponerles onda.

Belmonte: –La inestabilidad es la constante y hay que vivirla así. Para los músicos es natural no tener la vaca atada: estamos agarrados de una canción, de un estribillo. Si tu vida depende de un coro, no es tan estable...

Frenkel: –Pero se parece más a la realidad que otras fantasías como la Bolsa (risas). Hay algo muy primitivo en la esencia de una banda. Sebastián lo describió muy bien hace poco, cuando hablaba de un grupo de hombres con un trabajo nómade, que salen a la conquista –no en el sentido dominante– del material para vivir, y del placer que hay en ese desafío.

–Algo de ese trabajo nómade se refleja en “Amanece en la ciudad”, donde retoman la costumbre de pintar su aldea.

Frenkel: –En ese sentido, es la letra más tradicional de la banda, con una descripción del andar urbano. La diferencia está en que tiene un sentido más social, más macro que el viaje personal de “El bar de la calle Rodney”. Hay una descripción de la multitud y una referencia fuerte a la sectorización social en la canción. Si tuviera que citar referentes líricos, citaría a Javier Martínez y “Avellaneda blues”. Es un poco esa esencia: el amanecer en la ciudad, cómo se va poblando, la gente en los trenes suburbanos...

–¿Surgió realmente del regreso de un show en Santa Fe?

Frenkel: –Son imágenes de llegar cansado por la ruta, en un micro, y ver la ciudad que está arrancando. Empieza el día y vos llegás desde otro lugar, de otra realidad, casi, entonces tenés la posibilidad de tener una visión panorámica.

Schachtel: –Antes Diego mencionó a Javier Martínez. Y cuando yo conocí a Diego, su familia estaba muy en contacto con Javier...

Frenkel: –Sí, convivía cotidianamente con él y, la verdad, su poesía y su manera de pensar me iluminaban bastante. Es un gran relator del contexto urbano, quizás el mejor, pero también tiene todo eso metafísico, como “Hoy nací”, que es tremendo.

Belmonte: –Para mí, “Avellaneda blues” es medio Cortázar...

Frenkel: –Y medio Arlt, también, mezclado con una mirada discepoliana, aunque sin la carga angustiosa del tango.

–¿Cómo salió lo de meter refranes en la letra de “La vaca atada”?

Frenkel: –La verdad es que... no tengo la menor idea (risas). Creo que un día estaba yendo a la sala de ensayo y en el auto escuché algo de hip hop por la radio, pero después me olvidé. Al otro día me apareció la idea de la vaca atada y el resto de los refranes apareció por eso. Pero poner los refranes como un discurso casi serio era tan absurdo que me gustaba mucho.

–La letra mira con escepticismo a los que creen que tienen la vaca atada. Y la de “Chiquitita pegó”, a los que se desesperan por la fama.

Frenkel: –Claro, tiene que ver con los realities, los concursos y la fama efímera. Es lo que propone la tele hoy, esta parafernalia de información vacía y la fantasía del éxito como si fuera una salvación divina. Todos los personajes que habitan el tema, incluido yo que canto en primera persona, estamos al margen de ese éxito. Porque es un éxito no le pertenece a nadie, en realidad: es una falsedad, una mentira. La canción habla sobre la gordita a la que nadie le daba bola ni miraba, pero “llega”, tiene sus quince minutos de fama y después vuelve al barrio. La historieta terminó.

–¿Hubo algo en especial que disparara la idea?

Frenkel: –No, porque no miro nada de eso, pero está en el aire. Y nos reímos un poco de eso.

Belmonte: –Claro, también se puede aplicar a la gente que lleva al hijo a jugar al fútbol pensando que va a salvarse. Es tomarse la vida como una timba, salvarse hoy en lugar de construir. Si vas a dedicarte al arte, andá a estudiar, no a un reality. Está bueno identificar ese concepto tan destructivo para sacárselo de encima, para no quedar pegados a él.

Frenkel: –Y también es porque hay gente que cree que la única manera de ser feliz o de acceder a los placeres de la vida es salir del supuesto anonimato que significa ser una persona común.

Belmonte: –Esa fantasía aleja de la realidad, de que hay gente haciendo discos, curando enfermos, criando niños... O sea, haciendo cosas de verdad, no comiéndose una película que no existe.

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“La vaca atada describe con ironía el pensamiento que rige nuestro tiempo, esa fantasía del capital, de tener la vida asegurada.”
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