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Domingo, 1 de marzo de 2009

MUSICA › LA COMPAÑIA ESTADOUNIDENSE MUZAK PRESENTO UN PEDIDO DE QUIEBRA

¿Adiós a la música de ascensores?

Para los verdaderos amantes de la música, el hecho sólo puede ser interpretado como una buena noticia: el invento del mayor general George Squier es la pesadilla de millones de personas.

 Por Jonathan Brown *

Podría decirse que es uno de los fenómenos más vilipendiados del siglo XX, un género odiado y conocido por sus millones de detractores como música de ascensor. Si se viaja a Fort Mill, Carolina del Sur (EE.UU.) para visitar el cuartel general de Muzak Holdings LLC –el hogar espiritual del muzak–, se podrá escuchar la musiquita en todos los espacios, brotando de la gigantesca base de datos que concentra 2,6 millones de tracks. Todos los espacios... salvo el ascensor. Con sus cuerdas y tonos amigables, los sonidos creados en los laboratorios de sonido Muzak en los ‘60 colonizaron casi todo espacio público amenazado por el fantasma del silencio. Del lobby de hotel a la sala de espera del dentista, del comercio al salón del aeropuerto, Muzak era al mismo tiempo una compañía y una forma musical, y una contraseña de bobería corporativa para una era de consumidores sin alma.

Los empleados de Muzak dicen que la ausencia de sonido en los propios ascensores de la compañía se mantiene “por profundas razones simbólicas”. El mundo, según dicen, ha recorrido un largo camino desde que los arquitectos de Nueva York necesitaron una melodía que calmara los nervios de los pasajeros dentro de los estrechos límites de sus nuevos transportes verticales. Según la teoría, el muzak es ahora mucho más que música de ascensor. Pero hace dos semanas, el largo y sufrido esfuerzo para transformar la percepción de la música del mayor general George Owen Squier sufrió un duro revés: la compañía presentó la quiebra. Aunque el ejecutivo Stephen P. Villa insiste en que la música seguirá: “Pretendemos salir adelante en este proceso lo antes posible, y creemos firmemente que este curso de acción mejorará la posición de Muzak a largo plazo”, dijo.

Pero, por desgracia, tras el fracaso de la fusión en 2008 con uno de sus mayores financistas, la compañía de marketing DMX, la firma que comenzó como Wired Radio Inc. en 1930 está al borde del colapso. Mientras empresas como el sello EMI reclaman su dinero, muchos de los 1250 empleados de la compañía enfrentan la redundancia. Parece que los clientes de Muzak, que alguna vez totalizaron el 60 por ciento de la música de fondo en los Estados Unidos, están buscando formas más baratas de satisfacer a sus clientes. Para millones de personas que crecieron odiando la música de ascensor –y su hija bastarda, la música de espera en el teléfono– no resultará sorprendente: los orígenes del muzak pueden ser rastreados hasta el ejército de Estados Unidos. Además de poseer un doctorado y ser un inventor serial en el campo de la radio (incluso experimentó intentando usar árboles como antenas), el general Squier era también pionero de la aviación que ayudó a la fuerza aérea estadounidense con sus primeros aviones y trabajó con los hermanos Wright. Tras la Primera Guerra, durante la cual estuvo al frente de la emergente tecnología de señales militares, el general Squier vio un mercado civil para su sonido a través de cables, y vendió sus patentes a una compañía pública que empezó a transmitir música a Staten Island directo de una grabadora manual situada en Nueva York. Ese servicio enfrentaba un inevitable eclipse frente al crecimiento de la radio, pero aún quedaba un buen campo de explotación comercial. Y antes de morir, en 1935, el general tuvo una última inspiración para el fenómeno: inspirado por la celebrada marca Kodak de George Eastman, rebautizó a su compañía como Muzak.

Pero Muzak siempre fue algo más que la música. En los ’40 impulsó algo llamado Stimulus Progression, la creencia de que la música, tocada apropiadamente, podía estimular la producción en el lugar de trabajo. La cuasi científica (algunos podrían decir “seudocientífica”) teoría sostenía que el estado de ánimo de un individuo podía ser mejorado a través de la escucha de un sonido programado en segmentos de quince minutos. En ese bloque, la música va de menos a más estimulante, con el track final y más enérgico seguido por quince minutos de silencio. La teoría probó ser un buen argumento de venta y llevó al muzak a los oídos de cien millones de oyentes al día. Llegó a la Casa Blanca cuando el presidente Eisenhower se convirtió en el primer comandante en jefe en transmitir música en el Ala Oeste, e incluso los astronautas de la NASA la escucharon en el espacio. Pero durante la Guerra Fría la paranoia hizo su trabajo, y la compañía fue acusada de manipulación subliminal y lavado de cerebro. El efecto llegaría a su cumbre en los ’80, cuando el guitarrista y cantante rocker Ted Nugent quiso comprar la compañía por 10 millones de dólares... sólo para cerrarla.

En 1968 apareció la competencia. Yesco empezó a transmitir música “de fondo” tocada por bandas reales, en lugar de las versiones dulzonas, sentimentaloides, producidas por la orquesta de Muzak. Recién en 1984 la compañía completó su oferta al producir su primer material artístico original. Dos años después se fusionó con Yesco y fue adquirida por la tienda de Chicago Marshal Field V. A partir de allí comenzó un agonizante período de diez años en los que Muzak cambió nuevamente de manos y se mudó a su actual hogar en South Carolina, hasta apretar el botón de “cerrar” en la era de la música de ascensor, emergiendo con el más atrayente término de “diseño de audio”.

Desde entonces, la tecnología transformó los modos de transmisión; los satélites y la banda ancha convirtieron al viejo sistema de cintas, pequeños parlantes y cables en una pieza de museo. Y a pesar de todo Muzak consiguió clientes de renombre como Gap y Armani. Hoy transmite una serie de canales, todos diseñados para reflejar el requisito de “arquitectura de audio” para su público. El muzak moderno puede ir de Eminem y Dr. Dre a Mantovani como si nada. La fortuna de la compañía que le dio al mundo la música de ascensor puede estar trabada en el sótano. Pero el único camino desde ahí, dicen, es hacia arriba.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Una de las primeras máquinas transmisoras de Muzak.
 
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