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Jueves, 27 de agosto de 2009

MUSICA › LOS FABULOSOS CADILLACS, NOCHE CALIENTE EN EL LUNA PARK

Adiós al Satánico Pop Tour

El show que cerró la gira iniciada el año pasado –y que precalienta motores para el lanzamiento de El arte de la elegancia de LFC– mostró a la banda en un punto perfecto de ajuste, con el groove que dan noches y más noches sobre el escenario.

 Por Luis Paz

Vanesa Daniela Escobar vivió el martes una de sus mejores noches. Es que ¿cómo iba a imaginarse que frente a un Luna Park bastante colmado, Vicentico la identificaría? Si fue porque su DNI llegó al escenario desde el gentío, no importa. Si el cantante de los Cadillacs la invitó a retirarlo por donde le dijo –un espacio irreproducible, homologable a “la entrepierna” de una lora–, tampoco. El honor de preceder a “Carnaval toda la vida” en la primera jornada porteña de cierre del Satánico Pop Tour (la otra ocurrió anoche) fue la cereza que uno no espera cuando se pide un banana split en un cafetín de Monserrat.

Con poca publicidad propia y promoción ajena, los Cadillacs dieron un show de hora cuarenta y 23 temas que confirmó que “con esfuerzo, hay resultados”. La banda sonó ajustadísima, aunque fue difícil disfrutarla por los problemas de sonido crónicos del Luna Park. La buena onda fue reina en el escenario y debajo, pero con mucho más groove que en esa aparición fantasmática del Planetario, hace más de un año, e incluso que la de aquel River de diciembre. La lista de temas tuvo un puñado de momentos fabulosos y varios otros al menos mágicos. El clima fue ideal, las rampas que unieron campo y plateas fundamentales para airearse y el estado de LFC tras un año de gira, un derroche enérgico.

El show arrancó recordando a aquel del 1º de julio de 2008. Sólo que en lugar de la tela de kiwi oscura que los asistentes de escenario de Vicentico, Flavio, Rotman & cía. no podían descolgar en aquella tarde, aquí un telón hizo de soporte para las proyecciones de videos de Mandinga Project, Dos Minutos y Dancing Mood. Casi a las 20.30, Toto Rotblat, percusionista Cadillac que ve amanecer desde el otro lado, apareció proyectado para plantear de antemano una noche emocional.

Con catorce músicos en escena, los genios del dub y el ska empezaron con dos joyas ya desempolvadas para su próximo disco, El arte de la elegancia de LFC (y no El ritmo de la luz, como se anunció a priori): “Contrabando de amor” y “El sonido joven de América”, temas bidecanos que no llegaron a ser contundentes por las limitaciones del espacio, pero que aun así facilitaron las primeras manifestaciones superyoicas de Flavio. En el (ya no tan) estreno “La luz del ritmo”, el show pasó a manos de Rotman, que al fin encontró el mejor shampoo para su pelo. “Vos sabés” devolvió a Vicentico al eje de la puesta escénica, en la comunión con el público que siempre logra en esa canción. Y “El fin del amor”, crédito del Rotman mod, calentó los cilindros de aquello que alguna vez fue un Cadillac 57, para que rugiera con debida potencia en “Demasiada presión”, con coreo cumbiero propio de las bailarinas de Pasión de Sábado, un solo maravilloso de Hugo Lobo y los mejores arreglos de percusión que esa canción tuvo desde Volumen 5 hasta aquí.

“Muy buenas noches, queridos amigos. Y amigas también, claro. Es una alegría estar acá”, fue el comentario menos jocoso o emotivo que logró Vicentico en la velada y precedió al baile cadencioso que “Calaveras y diablitos” arma en cada fiesta. “Soledad”, en su versión 2009, sonó más cerca del soul, pero también originó un micropogo del que recién se respiró en “CJ”, con la volada guitarra de El Papu, de Los Kahunas. Una banda “del carajo”, según Vicentico. “Del carajo, mierda”, inmortalizado por la dama inmortal de los almuerzos, que se llevó una humorada algo escandalosa del cantante que enseguida intentó excusar.

Para “Nosotros egoístas”, Astorboy, el hijo de doce años de Flavio, ocupó la batería de Fernando Ricciardi, que se fue a compartir el set de percusión con José Bale. Lo del pibe era prolijo hasta que cerró el tema –donde Flavio va a viola, Vicentico a bajo, vuelve el Vaino y los vientos de Dancing Mood acompañan– con un rulo que convirtió todo en fantástico. “Dale, filmame para Internet, filmame las...”: otra vez es imposible reproducir al cantante. Pero es fácil adivinar qué.

“Saco azul”, que de tan alegre siempre fue distinto al que usaba “Juan Represión”, se acercó a un ska-punk épico. En “El genio del dub” los controladores del sonido hallaron la mezcla más perfecta posible. Luego de “Carnaval toda la vida”, Vanesa habrá recuperado su DNI. Pero “Santa Carmela” provocó que llaves, monedas y fotos como ésa de “el gordito y su novia” volaran de los bolsillos, treparan al escenario y llovieran de las plateas. Para más, con la malicia o las ganas de celebración al taco, LFC metieron “Mal bicho” y el Luna se vino abajo.

La “mágica expresión de nuestro pueblo” que según el frontman es la cumbia “Padre nuestro” llevó a Pablo Lescano a escena y a rubias que, de cruzárselo por la calle, cambiarían de vereda, a quebrar las caderas sin la menor pizca de ritmo tropical. En “Matador” nunca importa cómo se baila, aunque los breaks de su versión posmoderna, con un dub más profundo en el puente y un raggamuffin más esforzado en las estrofas que salen del estribillo, puso a muchos a destiempo de la comparsa. En “Silencio hospital” la gente se elevó a 40 centímetros del piso y volvió a bajar cuando LFC hicieron mutis, antes de volver con “Surfer Calavera”. Esta vez no subió Mimi Maura porque no hubo “Vasos vacíos”, pero “Mi novia se cayó en un pozo ciego” vino a explicar, para algunos fantasiosos, el porqué de la ausencia. Y “Manuel Santillán, el león”, catapultó a los enérgicos a la altura necesaria para volcarla en cualquier cancha de la NBA.

La despedida fue con la fiesta que siempre propone “El satánico Dr. Cadillac” y el pre-bajón dulce y meloso que anuncia “Siguiendo la luna”, esta vez más conceptual que nunca, porque el parque que el próximo domingo cobijará a Massacre tuvo anoche otra página fabulosa, con lo que parecen ser los mejores Cadillacs imaginables desde Chau: amalgamados por una música imperecedera, hermanados en el saludo final y celebrados por públicos de entonces, de ahora y de siempre.

9-LOS FABULOSOS CADILLACS

Anticipo de El arte de la elegancia de LFC

Público: 6 mil personas.

Duración: 100 minutos.

Músicos: Vicentico (voz), Flavio Cianciarullo (bajo), Sergio Rotman (saxo), Mario Siperman (teclado), Fernando Ricciardi (batería), Daniel Lozano y Hugo Lobo (vientos), Matías V. (guitarra) y José Bale (percusión).

Estadio Luna Park, martes 25 (repitió anoche).

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El grupo hizo gala del rodaje obtenido desde aquel show de retorno junto al Planetario de Buenos Aires.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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