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Miércoles, 22 de septiembre de 2010

MUSICA › ARI BRICKMAN, HOY EN ULTRA

Música y sentidos

 Por Cristian Vitale

“Canto canciones y eso, creo, me hace un trovador.” Así de escueta tira Ari Brickman la primera señal de labor. Las otras desgranan detrás: el trovador es un mexicano oriundo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, que además ha tenido una movida participación en cine, teatro y televisión. Fue actor en Cinco días sin Nora, film mexicano que recibió el Astor de Oro en el Festival de Mar del Plata. Fue músico en la banda de funk latino Niños Héroes. Fue cantante y productor de otra banda azteca, Siconauta, un combo de rock melancólico que le aportó a Trey Gunn, maestro del stick en King Crimson, algunos temas para el soundtrack del film Lost on the B Side. Fue musicalizador de obras de teatro y coreografías. Un cruzado de las artes, en suma, que esta noche mostrará su primer disco solista en Ultra (San Martín 678). “Las tres actividades me hacen vivir la vida de la manera más intensa y eso, al final, genera emociones, reflexiones y puntos de referencia para mis canciones”, asegura Brickman. “Sin el teatro no existiría el cine y la música ayuda a contar las historias, pero las historias también se pueden contar a través de la música que, a su vez, puede ser parte del soundtrack de una película... Es un círculo.”

Todo este querer, el debut de Brickman en solitario, se compone de doce canciones acústicas, sosegadas, encerradas por sentimientos que pasan por el ser cuando le aparece el mundo como amenaza o cobijo. Una guitarra, una voz y un contrabajo, más alguna sección de trompetas, haciendo las veces de guarida ante el vivir existencial. “Quise plasmar un momento de mi vida en un disco sencillo y suave, pero con la fuerza de la emoción. Intenté expresar mi duelo, mi esperanza y mi amor, por eso la mezcla de ambientes de melancolía y humor”, define. Minimalismo cancionero y vital, al cabo, que se refleja en cantautores de los que Brickman bebió: Jorge Drexler, Bob Dylan, Leonard Cohen, Nick Drake, Lou Reed, Caetano Veloso, Jeff Buckley o Jack Johnson son nombres que le brotan espontáneamente. “Hay de todo. Vengo de una familia de músicos, mi madre es violinista y desde niño escuché música clásica y recibí una educación enfocada a eso. Y luego vino el rock y el enamoramiento del mundo de la distorsión. Escuché y escucho desde Beatles, Zeppelin, Bowie, Tom Waits y Zappa a cosas más recientes, como Jeff Buckley, Elliott Smith, Radiohead y Charly García o Kevin Johansen, por nombrar algún argentino”, enlista.

–Su minimalismo trovador no rehuye al uso de computadoras. Incluso, las capas de voces que emergen en ciertas canciones tienen que ver con eso. ¿Es una contradicción?

–No. Me tocó la transición de los grandes estudios de grabación a la aparición del mundo digital y la era de la producción en computadora. Mi relación con las computadoras es muy intensa y agradezco mucho vivir en este momento, porque me permite una independencia y una fluidez en mi creatividad que hace quince años era posible sólo en sueños. Ahora bien, creo que la música tiene que seguir siendo de los músicos. Es decir, hay muchos programas que le permiten a cualquiera pegar un montón de loops y sampleos y decir que hizo una canción. A mí me seguirá gustando más escuchar a un músico con su instrumento que pone a su servicio estas nuevas herramientas, usándolas como un complemento para su creación.

Brickman nació en Chiapas y vivió allí hasta los tres años. Después emigró a Xalapa, Veracruz, pero regresa cada año, puntualmente, para registrar los cambios que se producen en su cuna. “No fue ninguna sorpresa enterarme de lo que estaba pasando en el ’94... El Ejército Zapatista es una continuación lógica de un pasado trágico. Desde pequeño fui testigo de la tremenda injusticia y el olvido que sufre esta zona del país, de la brecha extrema que separa a los poderosos, a los blancos y mestizos, de los indígenas y su pobreza, producto de una historia completamente injusta. Aprendí que, a pesar de todos los conflictos, la gente no se rendía y que las vidas tan rudas estaban también llenas de una alegría muy particular y de una solidaridad fundamental. Soy producto del hippismo de esa época y por lo tanto conviví con gente de todo tipo, desde campesinos indígenas, coletos –clase blanca y dominante de la ciudad–, extranjeros perdidos y gente de diferentes partes de México que buscaban refugio en un ambiente que ya desde entonces era producto de una fusión compleja. Creo que nuestros pueblos de América latina, por sus historias de dolor, pobreza y lucha, son realmente heroicos. Y la aparición del EZLN fue sin duda un parteaguas en la historia de mi país y también en Latinoamérica”, dice.

–Se nota su interés por el tema, pero es paradójico que en sus canciones no aparezcan problemáticas sociales.

–No me enfoco directamente a un asunto social, es cierto. He tenido y tengo otras canciones que hablan más directamente de esos temas, pero éste no es el caso. Creo, sin embargo, que la música es tan universal que siempre tiene un sentido en la vida y genera un alivio de algún tipo.

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