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Sábado, 20 de noviembre de 2010

MUSICA › SMASHING PUMPKINS ABRIO EL HOT FESTIVAL EN EL LUNA PARK

Una especie de resurrección de los sueños

 Por Julia González

Se supo, por si había alguna duda: Smashing Pumpkins no sigue en pie sólo por el capricho de Billy Corgan, fundador y compositor absoluto de la discografía de la banda. El frontman logró reflotar a su banda. En un comunicado escrito hace cuatro años, dijo que quería que volvieran sus canciones y sus sueños. Y así fue el jueves, en el Luna Park, cuando pasadas las 20.30 se paró casi en el borde del escenario y sin siquiera saludar comenzó a cantar “The fellowship”, de Teargarden by Kaleidyscope (44 temas agrupados en once EP, con un arte repleto de mandalas). Corgan y el trío que lo acompañó respetaron fielmente las versiones originales a través de un sonido tan claro como intenso, donde primó la excelencia en las voces, las guitarras, y una base eficazmente aceitada.

La fuerza de la banda se trasladó hacia un estadio repleto de fanáticos que saltaron con los temas imprescindibles. Ese sonido exacto y macizo se vio reflejado en el círculo pequeño que ocupaban los cuatro en el escenario, ya que no se movieron de ahí. Tampoco hacía falta. El grupo estaba rodeado por dos torres con bolas gigantes, de las que se desplegaron dos molinos de espejos, cual floralis generica al llegar el día. La escenografía parecía austera, pero las luces lograron un simulacro de galpón o garaje, trasladando la mente hacia un lugar industrial y metálico. A partir del tercer tema, “Today”, arrancó el mosh, que seguiría a lo largo de la noche en un campo casi repleto. Al principio, Corgan tocó sólo algunos acordes en la guitarra, haciendo foco en el canto, y hubo cierta carencia de esas distorsiones a lo Pumpkins. Pero una vez entrado en calor, el cantante calvo dio cátedra de solos, sobre todo en “Ava Adore”, donde explotó el termómetro del Luna Park.

La primera vez que Smashing Pumpkins estuvo en el país, hace doce años, ya había aparecido en el mundo esa reliquia llamada Adore, cuarto disco de la banda, que no tuvo la mejor recepción en aquel entonces. Tal vez el sonido electrónico aún no era fácil de digerir para lo que quedaba de la Generación X, pero Adore era una perlita, con Billy Corgan pecando de original y gótico. Desde el arte, su cara pálida y aniñada, de nariz respingada y hoyuelos; su calvicie, el cuerpo flaco vestido de negro y las ojeras maquilladas acompañaban a esa voz tan particular. El resto del grupo no desentonaba y asistía a la fiesta, que reunía a los más freaks del vecindario. Los primeros compañeros de Corgan fueron una rubia platinada (la bajista D’arcy Wretzky), un japonés nacido en Estados Unidos (el guitarrista James Yoshinobu Iha) y uno con cara de loco y adicto a las drogas (el baterista Jimmy Chamberlin). Con este team, el grupo de Chicago se subió al caballo de la personalidad, la estética y una búsqueda musical propia. Eran los atributos necesarios para dejar de ser empañados por los éxitos de Nirvana y Pearl Jam en plenos ’90. Pero dicen que el gusto está en la diferencia.

Si bien la versión actual no es una banda que Corgan haya armado sólo para satisfacer a su voluntad, hubo momentos de autocomplacencia. El baterista, un virtuoso gurrumín, se traía algo entre manos con esa vincha a lo John Bonham: cuando mediaba el concierto que comenzó el riff de “Moby Dick” de Led Zeppelin. Sus compañeros abandonaron la escena para dejarlo solo emulando el sueño de Bonzo en The Song Remains the Same. Todo el estadio se había dado cuenta de lo sagaz (¡y joven!) que era el baterista, no hacía falta semejante gesto extemporáneo. Otro punto superfluo fue cuando Corgan tocó la guitarra con los dientes, la lengua, y hasta con el piso. Pero pudo lucirse solo cuando en los bises reapareció con una guitarra acústica. El unplugged duró sólo dos canciones y la banda volvió a aparecer para seguir con la fórmula de la felicidad para los fans. A más de uno le habrá llamado la atención la ausencia del hitazo “1979”. No obstante, la marea del campo se estremeció y coreó “Freak” y “Tonight”, “Zero” y “By Starlight”, “To Sheila” y “Disarm”. Corgan volvió a la carga como un lord, con su estampa mística, robótica y formal. Lo extraño fue que por momentos se mostró humano... ¡sonrió! Sobre todo al final, al comprobar una vez más que la banda de sus sueños había resucitado.

8-SMASHING PUMPKINS

Músicos: Billy Corgan (guitarra y voz), Mike Byrne (batería), Jeff Schroeder (guitarra) y Niole Fiorentino (bajo y coros).

Lugar: Estadio Luna Park, jueves 18 de noviembre.

Duración: 120 minutos.

Público: 7 mil personas.

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