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Sábado, 27 de noviembre de 2010

MUSICA › RICHARD GALLIANO ACTUARá JUNTO AL TANGO JAZZ QUARTET

El acordeonista sin fronteras

El músico francés aplica a su instrumento lo más variado del repertorio mundial, a partir de las raíces que Astor Piazzolla le aconsejó explorar. En su show de mañana en La Trastienda estará acompañado por la formación liderada por Gustavo Firmenich.

 Por Santiago Giordano

Entre el jazz, el tango, la tradición clásica y la música francesa, Richard Galliano es un músico saludablemente difícil de clasificar. El acordeonista y bandoneonista francés, acostumbrado a cruzar con audacia por las líneas de los géneros, ha recorrido un largo y ancho camino musical que lo llevó, a través de encuentros enriquecedores, a convertirse en uno de los más notables representantes del acordeón de la actualidad. Virtuosismo y versatilidad se conjugan en un instrumento tradicionalmente ligado –en el imaginario y en el sonido– a la música de baile, que desde varias regiones de Europa se extendió hacia distintas latitudes. Repitiendo esa travesía, Galliano se proyecta hacia otras músicas del mundo, y muchos rastros del itinerario que cumplió por los repertorios más variados pueden encontrarse en una discografía extensa.

Sus últimos tres trabajos publicados resumen el estado de una búsqueda que no se detiene. En Bach (2010), junto a un quinteto de cuerdas, Galliano transcribe con precisión y cierta propiedad estilística un contrapunto de El arte de la fuga, los movimientos del Concierto para clave, el Concierto para oboe y violín, o algunas danzas de las Suites para violonchelo, entre otras cosas; en From Billy Holliday to Edith Piaf (2009), con el quinteto de Wynton Marsalis, tiende puentes entre dos civilizaciones afines pero con características propias bien definidas: la canción americana y la francesa; en Paris Concert (2009) aparece el solista omnívoro, capaz de saltar con idéntica soltura y frescura de Piazzolla a las Gnossiennes de Eric Satie, de la canción italiana a los acordeonistas brasileños, de Thelonius Monk a sus propias composiciones. Algo de esa variedad aplicada al acordeón se podrá escuchar mañana a las 20.30 en La Trastienda (Balcarce 460), en el único concierto que el francés ofrecerá en Buenos Aires. Junto a Galliano estará el Tango Jazz Quartet, la formación liderada por el saxofonista Gustavo Firmenich, que se completa con Fernando Castellano en batería, Gerardo De Mónaco en contrabajo y Néstor Barbieri en guitarra.

Más allá de las afinidades que encontró en el tango, o más precisamente la música de Astor Piazzolla, Galliano logró enlazar muchas de sus inquietudes estéticas a través de la renovación de la musette, la danza en ritmo de tres por cuatro y elegante cadencia, que constituye uno de los rasgos identitarios más firmes para el acordeón en Francia. En 1991 se decidió a seguir los consejos que le diera Piazzolla, a quien había conocido ocho años antes, cuando lo contrataron como primer bandoneón para la ejecución de la música incidental que el marplatense había escrito para una puesta de Jorge Lavelli (sobre Sueño de una noche de verano, para la Comédie Française). Según Piazzolla, Galliano, que no lograba barajar como quería entre las idas y vueltas de los géneros, debía retornar a sus fuentes. “Tenés una imagen de acordeonista de jazz demasiado americanizado y eso no es bueno. Encontrá tus raíces, del mismo modo que yo inventé el tango nuevo, es preciso que vos te adentrés en una nueva musette”, dice Galliano que le dijo Piazzolla. Así fue como el francés, nacido en Cannes en 1950, regresó a sus orígenes y al repertorio tradicional de la valse-musette, de las javas, complaintes, y ese repertorio que había ignorado durante mucho tiempo, para desde ahí salir de nuevo.

Tras el espíritu de Gus Viseur y Tony Murena –iconos del acordeón moderno en Francia–, Galliano introdujo nuevos conceptos rítmicos y un estilo armónico totalmente nuevos, con los que el jazz y ciertos rasgos vanguardísticos de la música clásica podían dialogar con franqueza. Los primeros resultados aparecieron en New Musette (1991), el disco que grabó con un cuarteto integrado además por Aldo Romano, Pierre Michelot y Philip Catherine, que entre otras consideraciones significó para Galliano el premio Django Reinhardt de la Académie du Jazz como Músico Francés del Año en 1993. El “dime con quién andas y te diré quién eres” de este acordeonista de toque francés instalado en el mundo podría incluir nombres como los de Gary Burton, Charlie Haden, Chet Baker, Al Foster, Ron Carter, Serge Reggiani, Charles Aznavour, Juliette Gréco, Toots Thielemanns, Jean-Charles Capon, Biréli Lagrène, Enrico Rava, Michel Portal, Jan Garbarek, Martial Solal, Anouar Brahem, Paolo Fresu, Minu Cinelu, Hermeto Pascoal o Gonzalo Rubalcaba, por nombrar sólo algunos. Con estos músicos, y con muchos otros, Galliano compartió libertades y derramó talento. El domingo, el encuentro será con el Tango Jazz Quartet y con el recuerdo del indispensable Piazzolla.

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La de Richard Galliano es una búsqueda que no se detiene.
 
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