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Martes, 13 de marzo de 2012

MUSICA › AMADOR & ROMERO ENSAMBLE Y SU DISCO AL GITANO, POR FLAMENCO

Un Sandro andaluz y sin bata roja

 Por Cristian Vitale

Cuesta suponer a Geromo Amador en bata roja y juntando tangas del piso. No canta como Sandro y tampoco lo emparda en rasgos físicos. El cantaor flamenco –tal vez el principal en la Argentina– es un gitano de piel oscura, voz neutra, ojos bien negros y mirada fugaz. Es él. Héctor Romero toca la guitarra y no como cualquier sesionista del Sandro clásico. Más bien deviene de Paco de Lucía, o de tales improntas andaluzas. Es todo lo que hay que saber para evitar sorpresas inesperadas cuando este jueves ambos –o sea, el Amador & Romero Ensamble– pisen la cálida escena de Clásica y Moderna para exponer en vivo el disco que grabaron: Al Gitano, por flamenco. “Me dieron una zunga para la presentación... pero es que estoy medio tímido ya”, se ríe Amador. “¿Mirá si nos agarran las nenas de Sandro y nos pegan, o nos tiran con calzoncillos?”, distiende Romero.

–Más allá del chiste, encarar un disco con versiones de Sandro implica un riesgo en cierta medida. Hay una voz y un ídolo popular un poco intocable ahí...

Geromo Amador: –Por eso nos reímos (más risas). A ver, yo soy una persona que tira para adelante, ¿no?, aun con mis miedos y tal, pero hubo momentos de la grabación en que me puse a pensar: carajo, ¿me asesinará una de las nenas de Sandro? Empecé a grabar muy a mi rollo y al escucharlo sonaba como muy fuera de contexto. Lo fundamental es que tiene que respetarse una armonía, y fue difícil. Sí, fue un riesgo: yo canto flamenco y sentí limitaciones, porque las canciones de Sandro tienen su rollo.

–¿Pero son intocables?

G. A.: –No sé. Pero lo que pasó con el disco fue una cosa rara en cierto aspecto, porque nos encontramos con temas muy personales. Yo, cuando escuchaba Sandro, decía: “¡Qué personal es!”. Con Romero nos matábamos pensando en cómo sacar sus temas sin salirnos de ese camino, y a la vez sin evitar que suene a lo que nosotros hacemos, que es flamenco. Que no suene a cover, quiero decir.

Héctor Romero: –Se buscó un sonido natural y flamenquito, que no esté muy cargado de instrumentos, ¿no?, que se escucharan bien la guitarra, las palmas y las voces.

–Austeridad, en suma, porque muchas de las versiones originales eran instrumentalmente cargadas...

H. R.: –Sí, hay temas con muchos instrumentos, algo que está buenísimo, pero nosotros queríamos darle un sonido natural y flamenquito, como dije.

Un Roberto Sánchez al natural “y flamenquito” resultó entonces de esta patriada sin patria que el ensamble asumió por pedido especial de Aqcua Records. Diez clásicos del ídolo de Valentín Alsina (“Así”, “Penumbras”, “Trigal” y “Como lo hice yo”, entre ellos) pasados por el tamiz de un dúo que limó su impronta melódica para tender sobre ellos pinceladas andaluzas con un doble fin: reubicar a Sandro en su sino gitano –o lo que tenía de él– y, a la vez, adaptarlo. “Ojo, no estamos haciendo flamenco puro, estamos aflamencando un concepto musical y una poesía. No queremos confundir, ni siquiera hicimos una gran soleada ni una alegría. Incluso nos mandamos con pellizcos de bossa nova para no dormir el oído”, sostiene Romero.

–Cuidadosamente se intuye, porque Sandro, pese al imperio de su apodo, no fue lo que se dice un referente del género en la Argentina.

G. A.: –Tal cual. Yo creo que, por ahí, intentaba meter alguna melodía, pero lo que hacía él no era flamenco.

H. R.: –Cuando nos llegó la propuesta, nos asustamos un poco. Dijimos: “Es raro”. Por otro lado, cuando nos pusimos a ver sus videos y escuchar sus discos, descubrimos matices muy interesantes: Sandro era un gran actor y cuando recitaba te mataba, se comía el escenario, el duende que tenía ahí arriba era tremendo. ¿Cómo hacer para asumir tal responsabilidad?

–Descartando la bata roja, en principio.

H. R.: –Empezando por ahí, claro (risas). Y después no sacando nada de lo que había, respetando absolutamente las melodías, para después arreglarlas. Nos divertimos un montón y aprendimos mucho de su música y de su vida, porque Sandro tenía convicciones humanas. Eso es muy importante en un artista.

Amador y Romero se conocen desde fines de los ’80, cuando el guitarrista tomó su primer curso de guitarra flamenca con el maestro barcelonés Andrés Batista. A través de ese interés trabó intenciones con los legendarios Taranto –grupo gitano del que Amador, gitano auténtico, formaba parte– y a partir de allí compartieron infinidad de proyectos. “La primera vez que trabajamos juntos fue en el grupo Los Calé. Después llegaron La Compañía, El Ensamble y un montón de movidas con bailaores y grupos del género que nos llaman cada vez que se presentan en la Argentina. Nos hemos hecho compañeros de ruta”, cuenta Romero. “Yo intenté varias veces irme a vivir a España y la más seria fue en 2003, pero me pudo más el Obelisco y volví”, dice Amador.

–¿Cuesta el flamenco en Buenos Aires? Se coincide en que se desarrolla en un circuito muy reducido.

G. A.: –Hay una cuestión central, y es que se trata de un tipo de música que si no entendés te puede resultar chocante. Igual hay un crecimiento.

H. R.: –Es que el flamenco, para mí, es un desafío que no se termina nunca, por eso atrae tanto. Cada vez lo estudio más, y cada vez me siento más lejos de la verdad. Geromo me decía: “Romero, escucha más a Caracol, escucha cosas antiguas”, y yo escuchaba de Camarón de la Isla para acá... escuchaba a Paco y me quedaba con eso, pero hay que ir más atrás para conocer el género. A veces agarro una antología, me pongo a escuchar cosas y digo: “Esto es increíble”. El flamenco es como una fuente que no se acaba nunca.

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Amador y Romero se presentarán este jueves en Clásica y Moderna.
Imagen: Pablo Piovano
 
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