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Domingo, 20 de mayo de 2012

MUSICA › AMADOU & MARIAM PRESENTAN FOLILA, SU NUEVO DISCO

Los senderos que llevan hacia Africa

El matrimonio no vidente está calentando los escenarios de Europa con un paquete de canciones que oficia de buen cierre a la trilogía iniciada por Dimanche à Bamako y Welcome to Mali. Y que abre espacio a la polémica por la presencia de Bertrand Cantat.

 Por  Cristián Elena

Desde Darmstadt

En esta parte del mundo no son pocos los artistas que vienen calentando músculos sobre escenarios medianos y pequeños para salir a satisfacer a las masas bajo el sol de los festivales de verano, que comienzan en estos días. Amadou & Mariam, el dúo-matrimonio de Mali, pertenecen a ese grupo y días atrás Página/12 presenció en Alemania uno de estos shows en un marco casi íntimo, antes de que la pareja y sus músicos lleven su música a los tablados de paradas tan disímiles como el legendario festival de Roskilde o la edición 2012 del Lollapalooza.

Más allá de que el pulso irresistible de su música sea siempre un argumento válido para incluirlos en la grilla de este tipo de eventos, Amadou & Mariam giran esta vez con un poderoso nuevo álbum bajo el brazo, al que han titulado pragmáticamente Folila, que en bambara (su lengua nativa, en la cual también cantan, alternando con el francés) significa “música”. Probablemente no haya un concepto ni un plan deliberado detrás, pero Folila –también disponible en Argentina– tiene los elementos para ser escuchado como el final de una posible trilogía, inaugurada en 1995 por Dimanche à Bamako (producido por su mentor Manu Chao), con su continuación en el aclamado Welcome to Mali.

Si en clásicos como Graceland de Paul Simon, Remain in light de Talking Heads o en el romance legendario de Peter Gabriel con el continente negro, se le abría una puerta respetuosa al componente africano desde la perspectiva eurocéntrica, Amadou & Mariam invierten los roles, oficiando de simpáticos anfitriones para un desfile variopinto de colaboradores y dejando en claro que algunos géneros musicales incorporados en la percepción occidental como propios son ramificaciones de un mismo tronco: “Africa, mon Afrique”, como reza uno de los títulos.

En 2006, el nombre del dúo en el elenco del Festival BUE parecía un rara avis, ubicado entre héroes alternativos como Yeah Yeah Yeahs y TV On The Radio. Picardía del destino (o de algún productor que tiene las cosas muy claras; la teoría del masterplan comienza a tomar forma): son justamente integrantes de estas bandas quienes en 2012 les aportan a las canciones de Folila un condimento rocker-friendly, que les sienta más que bien y las vuelve todavía más atractivas para el público ajeno al menú exótico que la industria suele servir bajo la denominación “world music”. Así, la guitarra pospunk de Nick Zinner (YYY) en “Dougou badia” (que abre el disco) se ensambla con una naturalidad que hace pensar en Nueva York y Bamako (capital de Mali) como dos barrios de una misma ciudad; y mientras las estrofas a cargo de Tunde y Kyp (Tvotr) en “Wily Kataso” traen ecos ineludibles de su banda madre, el falsete de Jake Shears (¡el de Scissor Sisters!) en los coros de “Metemya” pone a girar brevemente la bola de espejos.

Pero, fuera de lo estrictamente musical, el elemento más novedoso en Folila es el de la polémica. En una actitud que ameritaría un arco de calificativos desde “generosa” hasta “provocativa”, el invitado con más intervenciones (cuatro temas; no tocando el palo de agua, sino compartiendo la voz líder) es el cantautor francés Bertrand Cantat, quien en 2003 molió a palos a su novia, la actriz Marie Trintignant, fue condenado y salió en libertad condicional tras cuatro años de cárcel. Que desde el activismo contra la violencia familiar no abunden en estos días los elogios hacia Amadou & Mariam se sobreentiende...

Con los músicos sobre el escenario, todo eso pasa a un segundo plano. Y tiene lugar una suerte de juego de compensaciones. La ceguera que padecen tanto Mariam como su esposo los obliga a un estatismo escénico que el resto de la banda compensa desatando una fiesta de coreografías por momentos anárquicas, que a más de un alemán en el público le habrá hecho pensar en cómo le gustaría ser negro (aunque el disco de Moro-Satragni nunca haya llegado a estas tierras). No se pueden reproducir todos los matices que definen el collage sonoro del disco, pero se pueden alargar los pasajes instrumentales y los solos, lo cual, en el caso de Amadou y su Telecaster, trae consigo el delicioso bonus de tener que agregar un nuevo guitar hero a la lista: ¡qué tono, qué fraseo... qué lujo! Si la estructura de sus temas es a veces simple hasta lo exasperante, el peligro latente de caer en la monotonía se neutraliza dosificando la potencia y arengando consecuentemente: “Ya bailaron suficiente, es hora de que empiecen a saltar”. Casi como en una rave, pero con artistas que realmente tocan.

Después de casi dos horas de un paseo vertiginoso por el adorable cosmos de Amadou & Mariam, brillan en el balance la invitación a un baile sin tregua que mandan “Le réalité”, “C’est pas facile pour les aigles” y “Masiteladi”, los ecos de blues de “Wari”, y el calypso de “Chérie”. Como se ha sugerido antes: un puñado de indicios claros de que (casi) todos los caminos conducen al Africa.

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El dúo de Mali ensaya sonidos que no se quedan en la mera etiqueta de la “world music”.
 
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