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Miércoles, 24 de mayo de 2006

MUSICA › ZULLY GOLDFARB Y LAS CANCIONES DE “CIUDAD DE NOSTALGIA”

“Son tangos tristes, de gente que fue separada por la guerra mundial”

Luego de años como restauradora, la cantante descubrió todo un mundo: los tangos en idish que presenta en el Club del Vino.

 Por Cristian Vitale

Seguramente acostumbrada a un silencio de hospital mientras canta, Zully Goldfarb –mujer fina, voz mezzosoprano– pregunta si molesta que, mientras ocurre la nota, sus músicos vayan y vengan por el camarín. Apenas falta una hora para iniciar su ciclo en el Club del Vino –que cierra mañana– y Pablo Saclis, Omar Massa y Gerardo Scaglione efectivamente surcan por ahí, viciando el contexto de ruidos. Se oye el sonido de un tentador tinto que cae sobre dos copas y cierto audio molar que proviene de un sandwich de miga devorado sin disimulo. Efectivamente, Zully tenía razón: el desvencijado cassette capta ese sonido ambiente y su cuidada voz –que no quiere forzar por cuestiones obvias– se pierde entre un concierto de murmullos inconexos. “Comencé como cantante de tangos rioplatenses y lo sigo siendo”, aclara ante todo y ante todos. La aclaración tiene la fuerza de esa primera frase que los psicólogos siempre destacan, porque necesita que su rol de investigadora de tangos judíos no tape su otra faceta. “Empecé hace diez años como cantante muy arrabalera hasta que me torné un poco más melódica y llegué al bolero tangueado. Pero ojo, para nada cremita, eh”, dispara. Y sorprende dos veces. Una porque, por modales y postura, parece más bien una cantante lírica. Y otra, porque tiene 58 años –nació en 1948 en La Paternal– y sólo diez ante el micrófono. “Me dedicaba a restaurar antigüedades y de repente quise hacer otra cosa. Empecé a estudiar tango y en un año me animé ante la gente, a salir.”

De restaurar antigüedades –su mano pasó por dos capillas de la Catedral de Buenos Aires–, la fina dama pasó a restaurar en el imaginario colectivo viejos tangos compuestos en idish, mayormente durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Luego de un año entre arrabal y arrabal, tomó contacto con textos, partituras, viejos conocedores y grabaciones olvidadas y las iluminó con su voz. “Todo empezó por azar. José Judkowsky estaba presentando su libro Los judíos y el tango, y sabiendo que yo cantaba, me llamó para ver si podía cantar alguno en idish. Yo le pregunté cuál, porque realmente no conocía ninguno, y cuando me lo dieron se me abrió una puerta inmensa. Que le haya prestado atención implica que había cierta necesidad en mí de entrarle a ese mundo.” El primer tango judío que grabó Goldfarb fue Papiros, que incluyó en su anterior disco (Tango y luz), y tiene una reveladora historia que contar sobre él. Como muchos tangos originados en Europa oriental, éste se fue transformando en una canción popular –y melódica– judía, hasta que ella redescubrió su prosapia tanguera. “Cuando lo agarré, lo volví a transformar: le puse bandoneón, le agregué la fuerza del tango. No fue por capricho. Más bien me sentí movilizada por poner al tema en su verdadero contexto, que fue algún ghetto judío previo a la Primera Guerra Mundial.” En cuanto al significado de su letra, la cantante explica que su traducción es “cigarrillos” y que Papirusa –palabra lunfarda si las hay– nació de este vocablo. “Las chicas polacas de los cabarets de principios de siglo vendían cigarrillos al grito de ‘papirós’, y el porteño le respondía ‘Papirusa, vení’. Hay muchas palabras del lunfardo que nacieron así.”

Esa canción operó como una bisagra para las necesidades estéticas de Zully. Además de seguir cantando tangos porteños, se dedicó a estudiar con profundidad esos retratos lúgubres y melancos, resignificados por poetas judíos que los habían tomado de la gestión gardeliana por Europa. Además de Papiros y Friling, de Abraham Brudno –también grabado en Tango y luz–, investigó dos más –Neshumele y Oygn– que integran el flamante Ciudad de nostalgia, junto a clásicos como Balada para un loco y La última copa. “Oygn es una canción originalmente escrita en ruso, que se tradujo al idish por la misma necesidad que tenían los músicos inmigrantes cuandovenían a Argentina y se unían a las orquestas de acá: componer su propia música. Son canciones populares que se fueron traspasando de oído a oído.”

–¿Cuál es la temática general de estos temas?

–Son muy tristes. En los ghettos ya se estaban sufriendo las consecuencias de la guerra y algunos fueron escritos en campos de concentración... la mayoría son letras de amor, que dicen “ella no está más al lado mío” y cosas así. Una parte de Oygn es “extraño tus ojos negros”. Y la letra no está dicha para cualquier mujer en cualquier lugar: es gente separada por la guerra.

–¿Cómo y por qué se retoma el tango en tierras tan lejanas?

–Por Gardel y la acción de inmigrantes polacos y rusos que llegaban a Argentina escapando del hambre, y se unían a las orquestas. Entonces, cuando tenían que componer y aún no sabían castellano, lo hacían en idish. Ese material seguramente llegaba a los familiares que habían quedado allá. Fue un ida y vuelta que generó una energía muy fuerte.

–¿Está grabado el material que encontró?

–Recibí cantidades de tangos en idish, por parte de gente de 80 años que tenía discos de pasta guardados en cajones. Mi tarea es reproducir esas bellas canciones, que para muchas personas habían quedado escondidas en sus recuerdos más profundos.

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“Comencé como cantante de tangos rioplatenses y lo sigo siendo”, señala Goldfarb.
 
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