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Viernes, 18 de enero de 2013

MUSICA › BLUES MOTEL FESTEJA 25 AÑOS REVERSIONANDOSE

Prepotencia de rock

La banda nunca quiso dejarse llevar por los lugares comunes de la “patria rolinga”. Para celebrar el cuarto de siglo, decidió revisitar canciones que fueron evolucionando, sin mayores artificios.

 Por Cristian Vitale

Banda de batalla, rocker por excelencia. Autónoma y refractaria a las tendencias. Tozuda. Blues Motel está llegando a los 25 años de existencia, desde que Adrián Herrera y Gabriel Díaz la fundaron en 1988 con los pubs de Tigre y aledaños como base de acción, y un criterio estético arraigado en la tradición del rock inglés que venía con una idea de desarrollo implícita. “Nunca cambiamos la esencia”, arriesga Gaba, como le dicen al cantante, guitarrista y armoniquista de los primeros pasos. Claro que hay que entender tal sentencia dentro de un marco distinto al que se intuye sin segundas lecturas: no quiere decir que Blues Motel se quedó con la foto sonora de los primeros discos (Volumen I, Mientras las guitarras suenen, Un tajo en la oreja) y simplemente se dedicó a reproducirla. No quiere decir que el tiempo –y sus efectos– no haya pasado. Dice, más bien, que hay un modo de ser. Un molde de acción independiente por definición que no claudica ante las formas compulsivamente cambiantes de la industria. “Son ciclos, y lo que nosotros entendemos es eso: siempre hay un momento en que el rock se abre buscando la cosa nueva, pero esa cosa nueva no tiene raíces fuertes y entonces se vuelve hacia atrás. Creo que la nuestra es que siempre hacemos lo que nos gusta, y evitamos repetir fórmulas a desgano. Hoy se escuchan bandas muy diferentes, sí, pero tiene un mismo estilo de mezcla y un sonido similar”, piensa el bajista Ariel Herrera, hermano de Adrián.

La paradoja es que Blues Motel acaba de editar un disco (¿Cómo no vas a querer?) con dieciséis versiones de diez de los once discos que lo preceden, y ningún tema nuevo. Y la excusa que congela la paradoja va por dos: primero, que no se trata de hits; segundo, que el peso de la elección recayó sobre viejas canciones que, de tanto sonar en vivo y en ensayos, extraviaron su pulso original. Se transformaron, casi, en otra cosa. Explica Herrera: “Lo pensamos mucho y coincidimos en dejar afuera los temas que estaban logrados en su versión original y centrarnos en los que se fueron redondeando después, en los que cobraron otra vida de tanto tocarlos. No armamos el disco con los temas que más le gustan a la gente”. Una tercera causa radica en los cambios en la formación del grupo y, por ende, del sonido. Primero se fue Andrés Casasco, el histórico de la guitarra rítmica, y lo reemplazó Nacho Piedrabuena. Después, Rafael Gildenberger dejó la batería en manos de Maximiliano Larreta, y ambos cambios provocaron nuevos enfoques para viejas composiciones. “Por eso dejamos afuera Siglo Desastre, el último disco, que está grabado con la formación actual. La idea fue dejar registrado el sonido de los viejos temas con la nueva formación. Y esto no es nostalgia ni oportunismo”, se ríe Gaba.

–Podrá opinarse lo que sea de Blues Motel, menos tildarlos de oportunistas. No son banda de festival masivo, ni de hits en las radios mainstream, ni carne de productor exitoso...

Ariel Herrera: –Eso tiene que ver con una decisión. Nosotros defendemos mucho nuestro trabajo y entendemos que hay un molde de producción que se aplica a todas las bandas, y eso hace que suenen muy parecidas, muy limpias. Falta esa desprolijidad del rock que hace que el sonido de muchas bandas sea confundible con Axel o Coti. Es todo tan producido que pueden pasarse de la línea fácilmente.

Gabriel Díaz: –Cuando digo que conservamos la esencia, también me refiero a eso, ¿no? El sonido de Blues Motel se puede definir como una estética oscura en la trama de los instrumentos. Tratamos de no caer en los lugares comunes onda “yo canto, termino la frase y aparece un arreglito de viola”. Tratamos de que sea una trama oscura, todos tocando, bien cerrado, y sugerir que el que escucha descubra las líneas melódicas de cada instrumento... por eso siempre aconsejamos escuchar los temas con auriculares: es una buena forma de clarificar esa cosa negra.

Blues Motel registró las dieciséis canciones de ¿Cómo no vas a querer? –“Dame magia”, “Llena de alma”, “El indio” y “Atravesando las tormentas”, entre ellas– en dos sesiones maratónicas en Del Cielito, sin sobregrabaciones, con todos tocando al mismo tiempo, y mezcladas en simultáneo. “El hecho de estar todos mirándonos para grabar un disco es único, es una experiencia energética inigualable”, sostiene Gaba. “Grabamos todo de una e incluso fuimos más allá, porque mezclamos en el mismo momento, y fue un gran desafío... evitar las sobregrabaciones de voces y de instrumentos forma parte de nuestra ideología, y eso también tiene que ver con la esencia. Tampoco quisimos hacerlo en vivo, porque los discos en vivo pocas veces reflejan bien lo que es el show”, explica Herrera.

–¿Fueron la oveja negra de la Argentina rolinga?

A. H.: –(Risas.) Es que esa imagen rolinga se construyó a partir de un momento... el de un Jagger haciendo el baile del patito, del gallito o no sé qué mierda, y se armó toda una cultura alrededor de eso. Para nosotros, los Stones eran mucho más que eso.

G. D.: –Los Stones y cualquier otra banda. Nuestro objetivo siempre fue motivar a la gente a que vaya más en profundidad ¿no?... a los discos raros, los lados B, los piratas. Cuando hacíamos un cover, usábamos la versión de un pirata desconocido, jamás tomábamos la original. “Satisfaction”, por ejemplo, no la hicimos nunca hasta que encontramos una con Mick Taylor, donde el riff clásico no estaba, y la recreamos sobre esa...

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“Esto no es nostalgia ni oportunismo”, dice el grupo.
 
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