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Jueves, 22 de agosto de 2013

MUSICA › EL SAXOFONISTA DAVE LIEBMAN, UNA CITA DE HONOR EN EL BORIS CLUB

Con huellas de Coltrane y personalidad propia

 Por Diego Fischerman

El jazz, como toda logia más o menos secreta, tiene sus contraseñas. Están los nombres conocidos: Miles Davis, John Coltrane, Billie Holiday, Chick Corea. Son los que permiten entrar en los círculos subalternos. Y están los músicos cuya sola mención equivale a un pase directo a los núcleos más distinguidos de la secta. Uno de ellos es el del extraordinario saxofonista David Liebman, que hoy a las 21 tocará en el Boris Club de Buenos Aires (Gorriti 5568) junto a Ale Demogli en guitarra, el contrabajista brasileño Sizao Machado y Oscar Giunta en batería.

La celebridad oculta de Liebman se debe, por un lado, a que aparece, como anotación –marginal pero inevitable– a la primera lista. Y es que integró el grupo de Miles Davis, ocupando un lugar antes en manos de Coltrane y Wayne Shorter. Pero lo más importante es que, aun cuando sean pocos lo que lo sepan, sus dúos y sus grupos con el pianista Richie Beirach –en particular Quest, Lookout Farm y esas sesiones grabadas con el nombre de Pendulum en vivo en el Village Vanguard, en 1978–, además de su quinteto con John Scofield en la guitarra eléctrica y Terumasa Hino en la trompeta, dieron como fruto algunos de los mejores discos de jazz de las últimas décadas.

El estilo de Liebman deriva del de John Coltrane, a quien escuchó de chico y, según cuenta, a quien le debe el haberse dedicado a la música. El desarrollo absolutamente personal, el tipo de fraseo, un sonido puro e inclusivo, lo hacen, sin embargo, inconfundible. Y hay, desde ya, otro nombre quizá más cercano, el de Wayne Shorter. En todo caso, más allá de los parentescos estéticos, lo que lo acerca a Shorter es el haber encontrado un lenguaje propio a partir, precisamente, de la influencia de Coltrane. Como ellos, Liebman toca saxo tenor y soprano y, como ellos, encontró para este último instrumento, algo lateral a la historia del jazz moderno, un alfabeto consistente. Y, además, tocó con los mismos músicos con los que ellos habían tocado. De hecho, sus trabajos más importantes a comienzos de los ’70 fueron en el grupo de Elvin Jones –que había sido baterista de Coltrane– y en el de Davis, donde habían estado tanto el propio Coltrane como Shorter.

Si se piensa que, al mismo tiempo que tocaba con Miles en On the Corner (1972), y en las sesiones que más adelante se publicaron como Dark Magus y Get Up with It, en temas que, desde el jazz, se acercaban sin complejos a Sly and the Family Stone, desarrollaba un estilo intimista e intelectual, ya en esos años aparece una de las características esenciales en su carrera: la coexistencia en sus músicas del salvajismo y la delicadeza. Figura central en la escena del jazz neoyorquino y destacadísimo docente, Dave Liebman siempre dio preeminencia a algo inusual en el género: las relaciones largas y estables. “Con todos mis grupos -dice- la constante fue la permanencia de los mismos músicos durante mucho tiempo. No hay nada más poderoso. El jazz es entendimiento y, si bien hay un código, una especie de lengua franca con la que los músicos nos movemos, no es lo mismo estar con aquellos cuyas intenciones somos capaces de adivivinar sin necesidad incluso de mirarlos. Hay un grado de comunicación tal, cuando se toca con músicos con los que se ha tocado mucho y durante mucho tiempo, que hablar de magia es quedarse corto.”

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