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Miércoles, 21 de mayo de 2014

MUSICA › FLAVIO CIANCIARULO, ANDRéS GIMéNEZ, ALEX GONZáLEZ Y ANDREAS KISSER SON DE LA TIERRA

“El heavy metal sobrevive por las mezclas”

Es un supergrupo del género, aunque sus integrantes lo niegan. Esta noche, en el Teatro Vorterix, se darán a conocer al público argentino. “Venimos a aportar una música que está basada en la distorsión del metal pero con raíces latinas”, definen.

 Por Mario Yannoulas

“Te queda una más.” Sin correr los ojos de la lente, Andrés Giménez juega con un fotógrafo entusiasmado, uno más en el desfile de prensa al que convocó De La Tierra. Mientras, las potentes luces blancas que bañan la curtiembre abandonada del barrio porteño de Pompeya iluminan la instantánea que propone el cuarteto. Flavio Cianciarulo, que jamás descuida la pantalla del celular, apenas escucha la indicación de Alex González: “Saquémonos donde quieran, pero que no haya que tocar nada”. Entreverado en la probable postal, Andreas Kisser respeta el protocolo sin prisa. “Es otra canción de amor... de amor al odio”, desliza el guitarrista brasileño a propósito del motivo que realmente los convoca allí: el rodaje del videoclip del segundo corte de difusión de su disco debut epónimo, el intenso “San Asesino”. En el medio del humo que dispara una máquina, y al lado de una batería a medio desarmar, un performer semidesnudo se agita en una jaula de palo para dibujar alguna alegoría ante las cámaras.

“La canción apunta a algo de lo que me gusta escribir”, explica Kisser. “Atacar a la Iglesia es muy común en el heavy metal. Somos latinoamericanos y estamos hablando de nuestra propia cultura, acá la Iglesia Católica es muy fuerte por la influencia española y portuguesa. San Asesino se refiere a esa historia de sangre, invasiones, santos de la Inquisición que son santos de guerra, asesinos de cuerpos, de mentes, de cultura. Los indígenas sufrieron mucho al ser obligados a creer en cosas sin saber qué eran”, amplía en decente castellano, antes de avizorar un rayo de luz: “Ahora estamos viendo al Vaticano abrir las puertas de su banco y sacar cardenales por causas de pedofilia. Este papa está un poco más despierto con todas esas cosas”.

Con ese primer CD en las bateas, y consumadas las primeras presentaciones en vivo –aterrizaron en el festival Vive Latino y otros puntos de Latinoamérica como soporte de Metallica, mientras se preparan para debutar en suelo argentino esta noche en el Teatro Vorterix–, puede decirse que De La Tierra empezó a andar. Y, tratándose de cuatro personalidades consagradas de la música –la mitad nacida en el mundo del metal, la otra no–, el mote de “supergrupo”, modalidad tan propia de esta época, no podía dejar de aparecer.

–¿Por qué remarcan que no son un “supergrupo”?

Kisser: –Porque todavía no tenemos nada. Más allá del disco y los ensayos, empezamos de cero cuando tocamos en vivo por primera vez. “Supergrupos” son Sepultura, Maná, A.N.I.M.A.L. y las historias de casi treinta años con nuestras bandas.

González: –Todo nos ha costado mucho. Financiamos el disco, los videos, pagamos abogados, estamos sacrificando cuestiones para hacer las cosas bien, queremos tocar lo que nos emocione y tener control absoluto, y hasta ahora cualquier decisión estuvo dada por estas cuatro personalidades. Eso le da honestidad y un peso bien cabrón. Ahora decir “metal” es como decir “jazz”, hay tantas fusiones y elementos como en cualquier género. Qué bonito que entre estos cuatro amigos no haya gente cerrada, y afortunadamente está la capacidad de ejecutar esas ideas que cada uno trae a la mesa.

Kisser: –Hoy es difícil decir qué es el metal, el estilo sobrevive por las mezclas: el nü metal con el rap, Metallica utiliza la música country americana, Sepultura incorpora la música brasileña de percusión, Rammstein el alemán, las bandas escandinavas tienen esa cosa más gótica. Elvis Presley bailando en el escenario, Los Beatles empezando a usar los pelos largos, esa rebeldía de romper con las reglas, esa libertad... eso es el metal hasta hoy. Y mezclando los músicos que tenemos aquí, estamos rompiendo una regla más.

En su álbum debut, De La Tierra expone una sinergia elemental, no escatima potencia sonora –hay una innegable pericia– y pretende encontrar sus vértebras ideológicas en el enclave geográfico, del que el nombre del grupo es apenas una punta. Sin embargo, su identidad musical parece no haberle soltado la correa al espíritu de los ’90, como si el ADN sonoro estuviera aún en el laboratorio. “Soy el que menos ha estado metido en el metal, aunque lo sigo muy de cerca, pero me parece lógico que si alguien oye a Andrés cantar, va a recordar a A.N.I.M.A.L. Andreas tiene riffs y recursos que están en su identidad”, cruza González. “Está también la personalidad que aporta Flavio, que está descubriendo cosas porque no piensa como un bajista de metal, sino simplemente como músico. Trae una riqueza que está con su locura, sus efectos y composiciones. A mí me suena a De La Tierra, una banda que está empezando a buscar su identidad, por eso también hay que darnos el tiempo de ir evolucionando y conociéndonos. Por ejemplo, cuando Andreas trajo el demo de ‘San Asesino’, no tenía percusión ni cosas de slap que Flavio metió, fueron ambas sugerencias nuestras. Hacemos las cosas como nos nacen, no contratamos a un grupo de percusionistas o sambistas, y esas cosas tan trilladas.” Giménez se suma: “Seguramente haya cosas que a algunos les pueda parecer lo que eran en los ’90 A.N.I.M.A.L. y Sepultura. Es lógico, en la formación están los músicos de esas bandas. Es como que se junten Ozzy Osbourne y Tony Iommi, y se parezca a Black Sabbath. Comparto lo de Alex, para mí hay un hilo conductor y una raíz, pero el tiempo va a hacer que eso se note cada vez menos, y que podamos encontrar el sonido totalmente auténtico de De La Tierra. Para mí, el bajo y la batería son muy distintos a lo que hacíamos con Sepultura y A.N.I.M.A.L.”.

Mientras hablan con Página/12 dentro de un trailer, rodeados de sánguches de miga a los que se les pararon las puntas y ya nadie parece querer, el grupo da cuenta de su dispersión geográfica. Flavio piensa en los kilómetros que va a tener que manejar hasta su casa en Mar del Plata. Giménez y González acaban de arribar desde distintos puntos de los Estados Unidos y Kisser desde San Pablo. Es curioso: los dos integrantes que no se criaron en el mundo del metal llevan pañuelos en la cabeza. Mientras aguardan por una nota televisiva, Flavio y Kisser conectan cantando “Tristeza nao tem fim” y Giménez pregunta cómo es esa clave percusiva. Llegan las cámaras, apuntan en contrapicada, y todos ponen cara de situación.

–Dicen que no quieren inventar nada ni tomar el lugar de nadie. ¿A qué apuntan con eso?

Giménez: –A veces, por los nombres o las etiquetas, muchos prejuzgan y te pueden fusilar contra un paredón antes de saber el veredicto. Va a pasar siempre que se junten personas con una carrera armada, que se tuvieron que romper el lomo para llegar adonde llegaron porque no nacieron con éxito. No-sotros tuvimos la suerte de que cada uno en su banda tuvo un momento de éxito, y algunos lo siguen teniendo. Cuando se juntan cuatro nombres que suenan importantes, enseguida se piensa que es más fácil de lo que realmente es. A nosotros se nos hizo muy difícil lograr esto y lo hacemos con pasión porque lo amamos. Por eso no venimos a imponer absolutamente nada, ni a sacarle el lugar a nadie.

González: –Ni a inventar un nuevo género dentro del metal.

Giménez: –Claro. Venimos a aportar una música que está basada en la distorsión del metal pero con raíces latinas. Es una suerte contar con un excelentísimo bajista como Flavio, que tiene una raíz punk, skater y hardcore, pero que le aporta al metal una sabiduría y una riqueza musical muy lindas. Y tenemos a un baterista como Alex, que viene del pop, pero que desde chico escuchó bandas como KISS o Led Zeppelin y hasta hoy es amigo de todos los bateristas de metal. Toca en Maná porque la vida lo llevó ahí, pero podría tocar en Slayer, si quisiera.

Sr. Flavio: –Ah, ¿no era el de Manal? ¡Entonces me voy! (Risas.)

Giménez: –Tampoco somos ningunos pobrecitos, cuando nos subimos al escenario te reventamos la cabeza, pero no queremos reinventar lo que nadie puede.

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Flavio, Kisser, Giménez y González. “Cuando nos subimos al escenario te reventamos la cabeza”, aseguran.
Imagen: Jorge Larrosa
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