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Lunes, 7 de agosto de 2006

MUSICA › ENTREVISTA CON ARIEL PRAT

Puente murguero entre dos mundos

Radicado en España, vuelve cada tanto a Buenos Aires para mostrar sus tangos y milongas atravesados por el espíritu de la murga. Mañana y el próximo martes se presentará en el Tasso.

 Por Cristian Vitale

Es asombrosa la rapidez con que Ariel Prat –juglar, periodista under, militante fiel del tango negro y la murga porteña– pasa de informar que está escribiendo una novela a definirse como un turro. Tranquilo, empinando un coñac matafrío en un bar, da detalles cortos sobre sus recitales en el Tasso –hoy y el próximo martes–, anticipa que estará Enrique Symns haciendo monólogos. “Pocos saben que empezó conmigo, no con Los Redondos”, datea. Pero parecen detalles ante la exégesis que ensaya sobre el arquetipo autobiográfico. Todo detona por su novela en ciernes. “Arranca con el fin de la guerra de Malvinas. Todavía no sé si soy bueno escribiendo, ni siquiera si voy a encararla en primera o tercera persona, pero lo principal es hacer y mostrar. Hay una gran dosis de caradurez en el arte. Para subirse a un escenario hay que tener huevos, cara de piedra”, dispara. Cualquiera que lo haya visto al menos una vez en escena, se da cuenta de que Prat –más allá de sus dones naturales– es un auténtico atorrante. Y tiene una sustanciosa carrera que ya llegó a los cinco discos y colaboraciones clave en otros de Bersuit –suyo es “Al olor del hogar”–, La Chilinga y León Gieco. Como logro macro, trazó un puente murguero entre Buenos Aires y Teruel (España, donde vive hoy), y lo llenó de sentido.

–¿Cuánto le debe a la caradurez?

–Ja. No sé. Una vez me dijeron que era un atorrante lúcido. Y la verdad es que me siento reflejado, porque hay una mala interpretación por parte del medio pelo argentino, que es hablar mal del turro. Y el turro no es malo. Digo, las putas pueden ser las mejores madres del mundo. Yo me crié entre turros y tengo un gran apego con ellos.

–Ser turro tiene sus ventajas. Sería como un bandido rural urbano...

–Claro, porque el turro no es el lumpen, el hijo de puta que caga a los demás. El turro sabe vivir, ambientarse. No tiene tarjeta de crédito, o si la tiene es trucha. Pero con eso, el tipo tira: chapea, no paga en la cancha. Y ayuda. Provee, porque cuando no tenés dinero te salva. En el lenguaje, hay palabras que son injustas con el objeto. Me da bronca cuando dicen que Maradona se comporta de determinada manera porque viene de la villa. Capaz que el que lo dice es un garca de primera. Como ese que dice que un laburante no puede integrar la lista como candidato. ¿Y los demás quiénes son? ¿Quién tiene garantizada la dignidad acá?

Ex barra brava de River, cebollita y danzarín callejero, el frontman morochón se fue transformando en difusor central del acervo murguero y ultrapopular porteño. No sólo desparramó el canto negro por Europa, sino que puja por el renacimiento del género en la Argentina. Un reconocimiento que emerge leve, pero testarudamente. “Por más que viva a miles de kilómetros, siempre estoy atento a mi ruido interior”, desafía. Gran paso fue el éxito que tuvo la presentación de su última producción, Los trasplantados de Madrid, durante el verano, y otro, más notable aún, el compromiso de Sony-BMG por editar un disco de murgas del que forma parte. Se trata de Carnaval 2006, las mejores canciones y cuenta con la producción de su amigo Juan Subirá y Daniel Buira, principio motor de La Chilinga. “Fue una selección muy ardua... era un espacio que estaba vacío en nuestra música popular. La murga ha sido descuidada y silenciada por la cultura oficial. Estaba en el patio de atrás de casa”, afirma, sobre la esencia del trabajo que verá la luz el 8 de septiembre.

El disco abre con un tema de su autoría, “Viene alumbrando la esquina”, que quedó afuera de Testosterona, la última producción de Bersuit. “Hablo de la murga pobre de los barrios. Por más que la cosa vaya cambiando estéticamente, para que la gilada diga ‘mirá qué linda es’, las murgas tienen su función social, de esquina”, advierte. El resto del disco lo completan canciones corseras que el juglar y sus amigos seleccionaron durante el último carnaval porteño. Raúl Carnota, Flavio Cianciarulo, Prat y otros buceadores de adoquín se dividieron en grupos y salieron a grabar comparsas en los distintos corsos. Luego les pidieron demos a las elegidas y las invitaron a grabar a los estudios Del Cielito. “Quedaron Atrevidos por Costumbre de Palermo, Los Viciosos de Almagro, Los Cachafaces de Colegiales, Los Inevitables de Flores y Garufa de Constitución, entre otras”, informa Prat.

–¿El repertorio que presenta es exclusivamente de Los trasplantados...?

–Más algunas perlitas. El “Negro Bamba”, que es una poesía de Julián Centeya dedicada a la negritud, una versión a capella de “Charol” y una milonga que hice en honor al Bar Británico.

–¿Nostálgica o militante?

–De reconocimiento. Yo en una época no tenía dónde ir y me quedaba a dormir en el bar. Era pibe y mucho más sátrapa que ahora. Mi viejo me había metido una patada en el orto en casa. Me gustaba una chica que estudiaba cerca del bar, entonces me quedaba dormido hasta la hora que ella entraba al colegio. Y la iba a buscar para ratearnos.

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Prat, un juglar al que han definido como un “atorrante lúcido”.
 
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