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Martes, 14 de abril de 2015

MUSICA › HUGO DE ANA Y EL ESTRENO DE LOS PADECIMIENTOS DEL JOVEN WERTHER EN EL TEATRO COLON

“Esta obra me fascina desde hace tiempo”

El director no oculta su entusiasmo por la puesta que estrenará hoy, a las 20, no sólo por la obra en sí, sino por el elenco escogido y el Coro de Niños del Colón: “Es increíble la ductilidad y la entrega de esos chicos. Lo que hacen es increíble”.

 Por Diego Fischerman

Las diferencias son tan significativas como las semejanzas. En Los padecimientos del joven Werther, la novela epistolar de Wolfgang Goethe, que provocó una ola de suicidios cuando fue publicada en 1774, Charlotte va a ver al moribundo junto a su marido. En la ópera que Jules Massenet terminó de escribir en 1887, con libreto de Edouard Blau, Paul Milliet y Georges Hartmann, ella, después de haberse mantenido dentro del marco de las buenas costumbres burguesas y haberse negado una y otra vez al acoso amoroso del suicida, rompe con todo, incluso con su matrimonio, sólo para ir a verlo morir. Tal vez por eso, para Hugo de Ana, quien dirigirá la nueva puesta en escena que abre este año la temporada de ópera del Teatro Colón, se trata de un drama de fin del siglo XIX y no de cien años antes.

“De esa traslación de época siempre estuve seguro”, confía a Página/12. “Lo que suena es la música, maravillosa y excepcionalmente detallada y descriptiva, de Massenet. Y eso ya define, para mí, el mundo estético de la ópera.” Su visión, centrada más “en el suicida, en su obsesión, en cómo destruye lo que tiene alrededor” que en la clásica historia de amor, subirá a escena hoy a las 20. “No sólo trabajé con cantantes actores –cuenta el director de escena–, sino que hubo dos compañías completas de gran nivel. En el llamado segundo elenco hay que ir a escuchar a Clementine Margaine, por ejemplo. Yo creo que es la nueva Regine Crespin. Y está Oriana (Favaro) que es extraordinaria como actriz y como cantante.” En las funciones de esta noche, el viernes 17, domingo 19 (única que será a las 17 y no a las 20) y martes 21, el papel de Werther será interpretado por Mickael Spadaccini (en reemplazo de Ramón Vargas, que había sido anunciado en su oportunidad), Ana Caterina Antonacci será Charlotte, Jaquelina Livieri representará a Sophie, Hernán Iturralde será Albert y Schmidt será personificado por Santiago Burgi. En las funciones del jueves 16 y sábado 18 el elenco estará conformado por Gustavo López Manzitti, Clementine Margaine, Oriana Favaro, Ceb Beran Sertkaya e Iván Maier. El reparto se completa, para todas las representaciones, con Alexander Vassiliev, Fernando Grassi, Norberto Marcos y Cecilia Pastawski.

Con dirección musical de Ira Levin y De Ana como responsable, también, del vestuario y la iluminación, participarán la Orquesta Estable y el Coro de Niños del Colón, para el que De Ana tiene también palabras laudatorias. “Es increíble la ductilidad y la entrega de esos chicos. Lo que hacen es increíble.” Nacido en Buenos Aires y egresado de la Escuela de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova como profesor en Artes Visuales y Diseño de Indumentaria para Cine y TV, hace años que vive fuera del país y trabaja en los principales teatros del mundo. Cada tanto se le filtra algún españolismo, como cuando exclama: “Jolines que es grande el Teatro Colón”. La cuestión del espacio, la intimidad, los pequeños gestos y, al mismo tiempo, las gigantescas dimensiones del teatro, fueron centrales para él y para esta puesta. “En más de una oportunidad me pregunto si lo que sucede se verá desde esas tremendas distancias. Pero es imposible que eso que se ha trabajado no se trabaje. Este es un drama en el que todo lo que sucede tiene que ver con la tensión entre los personajes. Werther es un suicida, pero es también un asesino. El se pregunta ‘y entonces qué hago; la mato a ella; lo mato a él’. Y finalmente se suicida pero arrastrando a los demás en su propio drama.”

Cada nueva puesta implica nuevos pensamientos acerca de esa ópera. Pero, también, para Hugo de Ana, signica la reafirmación de viejas certezas. “Es una obra que siempre quise. Que me fascina desde hace mucho tiempo, creo que fue el segundo o tercer título que vi en el Colón, con Tucker y Crespin, y además la he hecho innumerables veces. Cada puesta es distinta en algo, y eso depende, por supuesto, de la sala en que se hará, pero, también, hay una concepción que, en algunos aspectos esenciales, no cambia. Por otra parte, además del amor está el odio. Inevitablemente uno necesita imbuirse de lo que piensan y dicen los personajes, acercarse a ellos. Y es una obra donde la obsesión y lo destructivo son tan fuertes que uno puede terminar odiando el tener que internarse en esos mundos.”

Para el director de escena, “Werther es infeliz desde el comienzo. Y la música, magistralmente escrita, tiene un poder descriptivo notable. Y también desde el comienzo deja saber que se trata de un drama. Que todo conduce a un destino del que los propios personajes son casi prisioneros. El amor, en Werther, es producto de una infelicidad. De todas maneras hay otro aspecto que me interesa destacar y es que, al final, él y Charlotte acaban siendo mucho más carnales que lo que uno suponía. El peso de la moral victoriana es allí muy fuerte. Charlotte se comporta de acuerdo con ella hasta el final. Pero hay un momento, y eso es típico de las óperas de Massenet, como Thais, por ejemplo, en que ella decide abandonarlo todo. Dejar atrás su vida burguesa por completo. Radicalmente. También, de cierta manera, con algo de suicida.”

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