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Sábado, 6 de junio de 2015

MUSICA › NANA VASCONCELOS VOLVERA A PRESENTAR EL LATIDO DEL CORAZON

“Nunca sé qué va a pasar”

El percusionista brasileño será la figura estelar de la edición argentina del Festival Conexión Pernambuco, que se llevará a cabo hoy, a las 21, en la Ballena del Centro Cultural Kirchner. “Mi intención siempre es contar historias a través de la música”, afirma.

 Por Yumber Vera Rojas

A dos años de su última visita a Buenos Aires, Naná Vasconcelos regresa a la ciudad de sus amores como figura estelar de la edición argentina del festival Conexión Pernambuco, que se llevará a cabo hoy a las 21 en la Ballena del Centro Cultural Kirchner. “Buenos Aires es muy importante para mí porque fue de donde salí para el mundo. Quedó como el lugar que marcó mi vida”, reconoce el legendario percusionista brasileño, al otro lado del teléfono desde Río de Janeiro. “En 1969, Gato Barbieri se encontraba de paso por Brasil y me preguntó si quería hacer una serie de recitales con él en Argentina. Y no dudé en aceptar porque hasta ese momento, en el que estaba tocando con Milton Nascimento, nunca había salido de mi país. Durante el tiempo que estuve allá, interactué con músicos excelentes como Domingo Cura y Adalberto Cevasco. Así que fue un regalo conocer a esos colegas. Una semana después de haber llegado, Gato me dijo que se había cumplido su sueño de grabar en Estados Unidos y me invitó a que lo acompañara”.

–En esta nueva incursión en Buenos Aires, presentará El latido del corazón, el show que trajo en 2013. ¿El concepto sigue siendo el mismo o en esta ocasión ofrecerá alguna variante?

–Es el mismo. Lo que pasa es que ese show es cada vez más contemporáneo. Hace muchos años que lo monté y con él pretendo mostrar la manera en que relaciono mi lado orgánico con la tecnología. Mi intención siempre es contar historias a través de la música. Aunque en esta oportunidad incluiré proyecciones. Soy un improvisador, por lo que no puedo explicarlo racionalmente. Nunca sé qué va a pasar.

–Esa performance es uno de los atractivos del Festival Conexión Pernambuco, en el que comparte grilla con Siba y Jam Da Silva, dos artistas jóvenes que, al igual que usted, son de Recife. ¿Los conoce?

–Realmente no tengo mucho que ver con el concepto del evento. Soy un músico de mundo. No soy parte de lo que sucede acá, ése es un Brasil que no conozco. Regresé a Recife luego de 32 o 34 años, porque soy de ahí. Pero para mí es muy bueno estar escondido. Mi trabajo es una mezcla de soledad y de individualismo. Cada disco mío es una historia diferente. Mi propuesta está más cercana a la world music que a la cuestión brasileñista.

–A pesar de que tomó distancia de su idiosincrasia sonora, es complejo desvincular a un artista brasileño, especialmente a un percusionista, del imaginario que pesa sobre la música popular de su país. ¿Sigue lidiando contra ese estereotipo?

–Ciertamente, los ritmos son para eso: para la fiesta. Pero Brasil es un país muy particular porque su gente no está al tanto sobre ese asunto. Africa es parte de la columna vertebral de la cultura brasileña. Muchas de las cosas que vinieron de allá hoy no existen en ese continente, porque los colonizadores las prohibieron. Sin embargo, el punto más importante, que sólo sucedió en Brasil, es que lo que llegó de Africa proviene de diferentes partes, y se encontraron acá por primera vez. El birimbao es de un lugar, mientras que la capoeira es de otro. El samba es resultado de eso.

–¿Y qué devolución tuvo de los músicos africanos cuando lo escucharon tocar sus instrumentos?

–Cuando estuve con músicos africanos, ellos me preguntaban si realmente eso era de allá porque no se tocaba de esa manera. Y es lógico, porque están aferrados a la tradición, aunque sabían que mi rareza tiene que ver con la técnica. Cuando toco, creo que dejo en claro que no sigo la costumbre, sino el estilo que desarrollé. Los africanos me adoran. Tuve la oportunidad de trabajar con varios colegas de allá, pero principalmente hice muchas cosas con niños africanos. Produje un proyecto en el que me traje a Brasil a 30 niños de Africa y de Portugal para actuar junto a la Orquesta Sinfónica de Brasilia. Si bien el repertorio consistía en música folklórica brasileña, con esto pretendía devolver a los africanos lo que ellos nos dieron.

–¿Cómo es su relación con la percusión en este momento?

–Mi relación con la percusión es la misma de siempre. Yo logré crear un estilo porque me fui de Brasil. Si me hubiera quedado, seguiría acompañando a cantantes. Una vez que conocí a Gato, a quien quiero mucho, empecé a vincularme con orquestas. No pretendía tocar más alto o más rápido, sino hacer música con percusión. Y eso lo conseguí gracias a la distancia y a la soledad. Sólo afuera pude darme cuenta de que poseía un don especial. Era algo que los estadounidenses no tenían y eso fue lo que me hizo exitoso. Además, conmigo nació la figura del percusionista solista, que no existía antes.

–¿Piensa entonces que la nueva generación de percusionistas brasileños también debe salir del país para no quedar confinada en la figura del músico de sesión?

–Las posibilidades para el percusionista brasileño se abrieron a causa de mi experiencia de trabajar con distintos tipos de músicos. Toqué con artistas de la talla de Arto Lindsay, Brian Eno o Pat Metheny, aunque mi escuela fue Don Cherry, pues era un conservatorio ambulante. Concebí un estilo en el que el músico es la orquesta. Heitor Villa Lobos, que fue un gran compositor brasileño de música erudita, me enseñó la potencia visual que existe en la música. Así que siempre tuve la intención de mostrar paisajes de mi país con la percusión.

–¿Le parece que la tecnología influyó positivamente en el desarrollo de la percusión?

–No podemos evitarla. Es importante no sólo para la música, sino para la educación. La tecnología te permite la mitad de las posibilidades, pues la otra parte te la da la conciencia histórica. Cuando hago workshops (ayer ofreció uno en la Cúpula del Centro Cultural Kirchner), siempre digo que las referencias son importantes. Chico Science hurgó en la raíz folclórica cuando creó el manguebeat y lo mezcló con las formas del hip hop. Si bien ahora todo es más fácil que antes, tenés que saber qué hacer con esas herramientas.

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“Mi propuesta está más cercana a la world music que de la cuestión brasileñista”, dice Vasconcelos.
 
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