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Martes, 1 de septiembre de 2015

MUSICA › LILIANA HERRERO, JUAN FALú Y LA MúSICA INTERIOR

“La música puede emancipar de las cárceles conceptuales”

No es la primera confluencia que se busca, pero el encuentro que comienza hoy tiene características inéditas: habrá conciertos y actividades de todo tipo en las veintitrés provincias argentinas. “Será un entrecruzamiento infinito, con un valor enorme”, dicen sus directores.

 Por Cristian Vitale

Ciento treinta folkloristas, de esos que llenan el alma antes que festivales. Y talleres, charlas, clínicas y recitales. Todo en simultáneo, en tres etapas, durante trece días y a lo largo y ancho del país. La definen como “la mayor iniciativa nacional y federal que se haya generado en torno a la música argentina de raíz folklórica” y su nombre redimensiona la idea: La Música Interior. “Un título tiene muchas entradas, pero nosotros preferimos pensar en dos: por un lado, la referencia directa a lo que llamamos el interior del país, más allá de la sordina que le podamos poner a ese nombre; y por otro, la experiencia íntima que cada uno de los que va a concurrir tiene con la música. Hemos reducido el sentido de la palabra interior a estos dos, que son fundamentales: músicos de todo el país que se cruzan en distintos lugares, y en ese cruzamiento desaparece el centro. Lo que tratamos de hacer es pensar a la Argentina con una memoria musical y una memoria política. Estamos convencidos que va a salir un intercambio exquisito”, presenta Liliana Herrero, directora artística, sobre este gran entrecruzamiento federal y popular de músicos, que tendrá su primer tramo entre hoy y el próximo viernes, a través de ensayos abiertos, charlas y conciertos gratuitos en cada una de las veintitrés provincias argentinas.

“A mí me parece que la cualidad interior remite a un plano personal, digamos. Cada uno de nosotros tiene sus vivencias, sus pertenencias, sus símbolos y sus recuerdos, y hay músicas que son, para todos nosotros, parte indisoluble de eso”, va revelando por su lado Juan Falú, el otro director artístico de este encuentro que, organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación y apoyado por universidades y secretarías de Cultura provinciales, tendrá su segunda etapa los días sábado 5 y domingo 6 de septiembre con conciertos en la ciudad cabecera de cada región: Santa Rosa, por Patagonia Norte y Centro; Comodoro Rivadavia, por Patagonia Sur; San Juan, por Cuyo; San Miguel de Tucumán, por el Noroeste y Resistencia, por el Nordeste. “Hay músicas que tienen esa capacidad de ser parte del reservorio histórico interno de cada uno, pero también de uno con los otros, y por lo tanto también es un interior colectivo. En este sentido, creo que hay músicas con más tiempo de andares colectivos, dado por sus sedimentaciones y su larga vida, o por cómo fueron calando en los distintos devenires de su tierra y de su gente. Me parece que hay una cualidad que pertenece a la cultura: la de ser de todos, y de cada uno”, profundiza el guitarrista y compositor, frente a la Herrero y a una suculenta taza de café.

–Un juego en espejo, digamos...

Juan Falú: –En el que no es sencillo elegir los símbolos, ver cómo se representa lo que uno quiere transmitir. Desde el folklore, puede ser a través de diversas maneras, porque en este país hay muchos países posibles. Así como nosotros insistimos en que hay mapas posibles en las convocatorias, aún dentro de una misma línea ideológica y estética. Al cabo, nosotros tenemos una opción en este caso que no es subestimadora ni deslegitimadora de otras, sino que es una misión encomendada: la de hacer un mapa con la música de raíz folklórica y sus diferentes expresiones.

Liliana Herrero: –Claro, porque la pregunta es cómo se representa un terruño, ¿no? Es algo muy difícil y casi diría también, un obstáculo. Pero no un obstáculo en el sentido de la imposibilidad de intentar hacerlo, sino un obstáculo estético, y eso es maravilloso porque de ese obstáculo es que la música extrae su fuerza. La dificultad supone una fuerza inasible para poder decir algo de lo que sospechamos que somos cada uno de nosotros, en un país. Este sería el mundo en que nosotros nos movemos... el mundo de la dificultad y el goce, porque esa memoria será traída, queramos o no. Y esos encuentros entre gente que ni siquiera se conoce podrán armar un ensamble o no. Lo que nos decimos con Juan es que puede ser que de ellos salga una obra, un concierto precioso de dos horas, o puede ser también que de ahí salga un país.

La tercera y última instancia de La Música Interior será entre el miércoles 9 y el domingo 13 de septiembre a las 20, en el Centro Cultural Kirchner (Bouchard 350), donde se replicará lo hecho las regiones, mediante una confluencia entre la totalidad de los músicos convocados. El miércoles se reproducirá Patagonia Norte y Centro; el jueves, el Litoral; el viernes, el Noroeste; el sábado la región Patagonia Sur, y el domingo cerrará con Cuyo. “Festivales, encuentros o movimientos así han habido muchos históricamente, pero nunca con estas características. Ni siquiera con la del Música Interior que hicimos hace dos años, que fue un encuentro de cuarenta músicos de todas las provincias, pero en un solo lugar. Este, en cambio, será un entrecruzamiento infinito. Y tiene un valor enorme porque desde el intercambio y de escucharse, pasando por encima las trayectorias, las edades y las inscripciones diversas tradiciones, tiene que resultar una música, una conversación magnífica. Es un trabajo que venimos pensado con Juan hace muchísimo tiempo”, explica la cantora y compositora entrerriana.

–¿Es inevitable una apoyatura estatal para que un evento de estas características, tan alejado de sponsors, vidrieras, estrellas, e iniciativas privadas de sentido artístico, pueda llevarse a cabo?

J. F.: –Fue una decisión política del Ministerio de Cultura de la Nación, claro. Porque para realizar un proyecto de esta naturaleza se tendría que haber remado bastante. Es un esfuerzo de producción grande.

L. H.: –Y la verdad es que nos honra que el Estado haya compartido con nosotros la necesidad de hacer este encuentro. Esto es importante, porque es claramente un hecho de política cultural.

–Difícilmente “sponsoreable”, además.

J. F.: –Y sí, porque para sponsorearlo te pedirían que vayan los músicos que más venden. Los más taquilleros.

No es el caso –y esto no significa nada, claro– de muchos de los que participarán de la patriada: Luisa Calcumil, Mora Martínez, Ramiro González, Paola Bernal, Juan Iñaki, José Ceña, Juan Quintero, Leopoldo Deza, Lucho Hoyos, Topo Encinar, Rubén Lobo, Marcelo Moguilevsky, Coqui Ortiz, Lucas Monzón, César Angeleri, Mónica Abraham, Jorge Marziali, Casiana Torres, Carlos Aguirre, Nini Flores, Nadia Szachniuk, Pancho Cabral, Nelson Avalos, Rolando Goldman, Omar Moreno Palacios, Silvia Iriondo, Mono Izarrualde, Pablo Fraguela, Luciana Jury, Quique Sinesi, Martín Boffi, Carlos Moscardini, Andrés Beeuwsaert, Lilian Saba, Marcelo Chiodi, Silvia Gómez y Nora Sarmoria, entre muchísimos otros. “El desafío es poder mostrar que puede haber convocatorias masivas con perfil artístico, no comercial. Sencillamente, se trata de esto, y es algo que Teresa Parodi tiene muy claro: convocatoria y excelencia. Vamos a tratar de generar las mismas atmósferas que se esperan de un festival, que pueda haber momentos de efusividad, de participación, pero también otros de una escucha profunda”, señala Falú.

–Repasando la enorme lista de músicos que van a participar, parece que da más para una escucha profunda que para la efusividad, en líneas generales.

L. H.: –Sí, y quisiera decir que hay un montón de músicos que no pudimos convocar. Yo insisto mucho en que el encuentro es un mapa posible, pero me alegra saber que hay muchos mapas posibles de esta índole en el país, y que no están ahora, pero que van a estar en otro momento, porque aspiramos a que esto se vuelva a hacer.

–La posibilidad de que siga –o no– depende, en gran grado, de la insoportable levedad de la coyuntura política.

J. F.: –Cuando nosotros hicimos Guitarras del Mundo, hace veintiún años, jamás imaginábamos que iba a durar semejante cantidad de tiempo, pero se afianzó de una manera tan particular que, bueno, hizo que se consolidara. Y acá pasa algo parecido porque, si en el Guitarras del Mundo convocaba precisamente la guitarra, acá lo hace la música interior. Es a ella a la que estamos convocando. A un país que existe y que no es mostrado.

–Falú hablaba antes de una dimensión ideológica y una dimensión estética. ¿En qué sentido se unen ambas y en cuál se bifurcan?

J. F.: –Aclaro que tengo como una aproximación pragmática a esos términos. Si me tuviese que poner a pensar qué es la ideología y qué la estética, creo que no podría responder, pero tengo una aproximación más vivencial. Me parece que no van obligadamente de la mano, pero casi necesariamente sí. Dicho de otra manera, para otras músicas hay una clara ideología. Puede sonar medio autoritario adjudicarse uno la capacidad de dar definiciones, pero creo que para fomentar y hacer algunas músicas –y vivir de ellas– se necesita una ideología determinada. Por ejemplo para la música de mercado. A lo mejor puede ser la ideología de la no ideología, pero creo que es necesaria una ideología que asuma al arte con papeles efímeros, por caso. Y asumir el arte en el sentido trascendente también es tener una ideología. Como estamos acostumbrados a creer que tener ideología es ser de izquierda o de derecha –algo que para mí empobrece la definición de lo ideológico–, hay que decir que lo ideológico es una convicción muy fuerte que asocia el destino de la comunidad y de las personas como un destino libertario para el cual el arte es imprescindible. El arte es indisociable de la libertad y de la trascendencia como un valor filosófico de la vida que no hay que perder de vista, porque todo lo que sea efímero, pasatista, o fenómeno de distracción para pasar el momento que sea ayudado desde el arte, es tener una ideología contraria a la que yo sustento.

L. H.: –Yo diría que la música en ese sentido es una promesa de comunidad libre y emancipada de las cárceles conceptuales, de las presiones del mercado, de la eficacia, el facilismo y la rapidez, y de la comprensión rápida de las cosas. Y esa promesa de comunidad es la que nosotros vamos a poner en funcionamiento. No es una pavada esto.

J. F.: –Porque el folklore tiene una ideología transitada desde diferentes lugares. Los polos tradición-modernidad, por caso, eran muy contrapuestos, y prácticamente era el tema obligado de cada entrevista, por eso han pisado muy fuerte en el folklore. Por eso, para nosotros lo ideológico en este momento pasa por romper esa polarización. No hay que dejarles librada a los patrones de estancia y a la tradicional derecha argentina el monopolio del uso de los símbolos de la tradición, que es lo que ocurrió. Porque pasó mucho que hacer algo a la antigua era ser conservador y para no ser conservador hubo un período de compulsión por la renovación que ha pecado de tener el rol activo de la transgresión. Bien, a mí me parece que en este momento se está dando un modo de hacer folklore caracterizado por un tránsito fluido entre las señales antiguas y las nuevas en un mismo músico, o una misma obra. Y esto pasa a ser ahora lo que ideológica y estéticamente está dejando sin identidad aquella vieja discusión... todo esto es saludable para nosotros y para los músicos. Tanto Liliana como yo confiamos en este libre juego.

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“El arte es indisociable de la libertad y de la trascendencia como un valor filosófico de la vida”, dice el dúo.
Imagen: Pablo Piovano
 
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