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Sábado, 17 de octubre de 2015

MUSICA › MEX URTIZBEREA HABLA DE MUA, SU SEGUNDO ALBUM SOLISTA

“Hice un disco que manipula los géneros con mucho humor”

Aunque se hizo más conocido por su faceta actoral, él siempre se consideró músico. Y acaba de entregar un trabajo que va del rock risueño al bolero, pasando por la bossa nova, el rock urbano y hasta el jazz, aunque corrido de la pureza de los géneros.

 Por Emanuel Respighi

Inquieto por naturaleza, adolescente eterno por su incansable espíritu lúdico, Mex Urtizberea construyó una carrera artística ecléctica. De pianista del Parakultural pasó a formar parte –sin darse cuenta– del delirante De la cabeza, para luego hacer de Cha Cha Cha, un disruptivo ciclo de culto a comienzos de los 90. La veta actoral, siempre ligada al humor, la desarrolló en programas como Magazine for fai, Medios locos, Mañana vemos, Dormevú y actualmente en Pura química (lunes a viernes a las 18, por ESPN). En ese tiempo, además, hizo de las suyas también en radio, en emisoras como Supernova, Nacional Rock y Mitre. En los últimos años, incluso, se animó a la ficción en proyectos como Graduados, Viudas e hijos... y Las 13 esposas de Wilson Fernández. En todos y cada uno de estos proyectos, sin embargo, nunca dejó de darle rienda suelta a su faceta musical. Ese mismo eclecticismo, que expresa su inquietud creativa, es la que recorre cada canción de Mua (Sony Music), el disco con el que Urtizberea decide por primera vez encarar seriamente su carrera musical.

Conocido por su faceta televisiva, como conductor o comediante, Urtizberea diseñó un disco que en su integralidad pareciera representar su personalidad alegre y jovial. En la pantalla o arriba de un escenario, Mex es fiel a sí mismo. Lejos de querer encasillarse en algún registro, las diez canciones de Mua (ver aparte) preservan una libertad creativa y musical que va del rock risueño al bolero, pasando por la bossa nova, el rock urbano y hasta el jazz, siempre sumando detalles que corren cada tema de la pureza de estos géneros. “Eso es lo que más me asusta –señala Urtizberea a Página/12–. A todos los que lo escucharon, les pregunto: ‘¿No es muy raro el disco?’. No es un disco de reggae, que no se va de los límites. Yo soy muy expansivo. Mua es un disco que juega con los géneros, manipulándolos, con mucho humor”.

Aunque Mua parecería marcar el comienzo de una etapa en la que Urtizberea antepondrá por primera vez la música a la actuación (que de cualquier manera seguirá ejercitando), lo cierto es que no se trata de su primer disco solista. En efecto, una década atrás, Urtizberea publicó su primera placa, Que la bese, que apenas si llegó a presentar. “Aquel fue un disco que tenía lindos temas pero con el que nunca me quedé contento. Lo hice por las mías, a los ponchazos. Me dejé llevar más por las ganas que por hacerlo cómo correspondía, con el tiempo y el trabajo necesario para que saliera a la calle 10 puntos”, reconoce. “La música está siempre en mi vida. No soy de escuchar música todo el tiempo. La tengo en la cabeza. La música está dentro de mí. Me pasa que todo lo que sucede en el mundo tiene musicalidad. Y todo lo que hago, también”, confiesa, quien se siente músico más que cualquier otra cosa.

–No deja de ser raro que alguien para el que la música es tan fundamental haya estado diez años sin grabar un disco.

–No concibo el mundo sin la música. Es así. Pero no editaba. Compuse en estos años muchos temas y cosas sueltas para espectáculos, programas de TV y otras cosas, pero no tenía la mentalidad para trabajar con tiempo un disco. Me seduce lo novedoso. El tema es tocar distintas cuerdas pero imprimirle a cada una un lenguaje reconocible. Mi lenguaje es siempre el mismo. El humor y el absurdo son mis dos principales herramientas de comunicación. Sentía que tenía salir a tocar de una vez por todas.

–¿Era una suerte de deuda pendiente?

–Desde chico, desde muy chiquito, siempre fui músico. Fui alumno de Rubens “Donvi” Vitale, el padre de Lito, que fue mi gran maestro. Pero siempre fui muy autodidacta, para todo lo que emprendí. Pero el viejo Vitale me enseñó todo lo bueno que tengo, a cómo llevar mi vida artísticamente. Mi fantasía siempre fue la de ser músico. El problema es que en un momento se me cruzó la tele, por conocerlo a (Alfredo) Casero en el Parakultural, y mi vida fue para otro lado. Pero la música es mi deseo primario en la vida. La tele fue un lindo equívoco: fui a grabar a De la cabeza y un ejecutivo de América me quiso contratar, tipo película norteamericana.

–En la TV pudo mostrar su veta musical, pero siempre cruzada con el humor.

–Empecé a componer canciones humorísticas, como “Sacondon” o “Nieve en Moscú” en De la cabeza. Después sacamos un disco con Alfredo, Gestando a la Halibour. Más tarde vino Magazine for fai y la televisión me terminó cooptando. De cualquier manera, nunca dejé de componer, ya que las músicas de los programas eran mías. Era hora de dejar de escribir y hacer música sólo para mis programas. Publicar discos y salir a tocar siempre fueron mis sueños primarios, los de la infancia, los más genuinos. Recién ahora pude parar la pelota y darle rienda suelta a esa idea que había estado relegada.

–Esa postergación, ¿se la adjudica a que usted no es lo suficientemente metódico para componer, ensayar y editar un disco, o al hecho de que su consolidación mediática televisiva lo llevó hacia otros espacios?

–Soy un tipo muy curioso, me gusta hacer de todo y andar por caminos desconocidos. Hice humor en tele, escribí columnas en diarios, edité un libro... Soy muy hiperkinético, necesito meterme en disciplinas que nunca había estudiado y ver qué es lo que pasa. Mi filosofía es que todo se puede hacer si uno lo hace con pasión. Siempre fui así. Cha Cha Cha fue un hecho artístico que relegó cualquier otra cosa que quisiera hacer. El sueño infantil de pararme sobre un escenario y que la gente escuchara mi música fue atravesado por la locomotora televisiva. De hecho, me fui a vivir un año a Europa con el sueño de hacer free jazz por allí.

–¿Y cómo le fue?

–Toqué en distintos lugares, pero la pasé como el orto. Me fui con mi mujer de entonces, mi hija Violeta tenía seis meses y estaba sin un mango. Me quise hacer el hippie con una hija en brazos y mi mujer, que no tenía nada que hacer y a la que había arrastrado a esa locura aventurera más propia de un adolescente que de alguien que necesita acomodarse laboral, económica y familiarmente. Arrastré a todos con mi sueño.

–Pero esa actitud de nunca desarrollarse como músico y postergar ese camino, ¿no esconde, en realidad, cierta inseguridad?

–No sé, puede ser. Lo que pasa es que no es que me recibí de arquitecto y nunca hice el plano de una casa o dirigí una obra. En cierta manera, siempre pude hacer música. Es feo decirlo, pero me siento artista, no sólo músico. Me gusta hacer distintas cosas. Tocó diferentes disciplinas artísticas con el mismo lenguaje. No me siento actor ni músico. Soy un artista cruzado por la música. Todo lo que hago tiene sonoridad. Las ideas se me disparan musicalmente. Lo que me pasa es que no soy prejuicioso ni tampoco me gusta encasillarme. Mi curiosidad es mi motor creativo. Si me invitan a escribir columnas al lado de Vargas Llosa, a quien uno admira más allá de su ideología, ¿cómo voy a rechazar esa aventura?

Música para sus oídos

–¿Qué música escucha?

–Escucho de todo. Fito, Charly, Beatles, Stones, Natalia Lafourcade, Orozco-Barrientos cuando hago el asado del domingo... Lo único que no escucho es heavy metal. Puedo escuchar un tema, pero no un disco. Me gusta Molotov, que son pulentas tocando, o AC/DC. Y todo de los 70: Deep Purple, Led Zeppelin, Emerson, Yes, Genesis. Me gusta el folk, el tango, el folklore.

–No tiene prejuicios.

–Cada vez menos. En mi adolescencia, cuando me formé, en los 70, donde todos tenían que tocar mucho y a mucha velocidad. El mejor era el que tocaba mucho, rápido y el que mostrará su virtuosismo. En los 80 pasó a ser todo lo contrario, como The Cure, que hacía música con dos acordes... En esa época odiaba a todos esos. Lo único que me gustaba era The Police, porque eran los más músicos. Y después me di cuenta de que era una estupidez. De grande fui abriendo mi cabeza musical.

–Los prejuicios que tenía cuando chico, ¿tenían que ver con su familia? Su padre era periodista y crítico.

–Nací y me crié en una familia muy prejuiciosa. Mi viejo era crítico de teatro y cine, que siempre nos decía lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo que era bueno y lo que era malo. Mi viejo me creó un callo de prejuicismo tremendo. Ahora no tengo prejuicios. Toqué con Pimpinela; también con Los Nocheros, ante un Gran Rex lleno, hicimos una versión de “Alfonsina y el mar”. ¡La puta que lo parió, lo que fue eso! ¡Se me caían las medias! ¿Por qué no lo hice antes? ¿Porque Los Nocheros eran “grasas”? ¡Un tarado! Si en lo suyo son buenos, hacen una música maravillosa, ¿te vas a perder esa experiencia porque alguien determinó que era “cursi”? No hay nada peor que el prejuicio. Nunca quise formar parte de ningún gueto. Me aburriría mucho. Desde la religión hasta la música. Amo ser libre.

–¿Y en la política?

–Lo que pasó con los Kirchner también se fue dando naturalmente. Empecé a ir a unas reuniones al Ateneo, donde estaban Alejandro Dolina, Teresa Parodi y otros artistas. No lo conocíamos a (Néstor) Kirchner, simplemente nos empezamos a juntar para hacer cosas juntos. Hasta Néstor Kirchner, yo tenía inmaculado el prejuicio de la política, el famoso “no te metas en política que todo es una mierda”... Y en este tiempo de apoyo al gobierno nacional me lo pude sacar. Obviamente, como sucede en cualquier lugar, donde hay poder, hay que gente que hace las cosas mal, y otra que con ese poder ayuda a los demás. Donde hay poder, hay gente corrupta. Eso sucede en todos los ámbitos y en todo el mundo. En todos los lugares en los que hay poder hay una imagen que se ve y la “izquierda” de eso. La Policía de Buenos Aires, el juego, la prostitución... Todo eso sigue existiendo. Hay que sentarse, hablar y arreglar, porque sino el país no funciona.

–¿Se siente kirchnerista?

–Apoyo a toda la gente que hace cosas para los que menos tienen y este Gobierno hizo muchísimas cosas. El kirchnerismo me enamoró. Vengo de una familia gorila. Me acuerdo de que veía una foto de Perón y me daba miedo, por todo lo que me habían dicho sobre Perón. Veía una foto del Che Guevara y lo mismo: cerraba el libro inmediatamente. Si era grande la foto, más pánico me daba. El Che y Perón eran el diablo para mi familia. Con esos prejuicios me crié. Cuando noté que había dirigentes que empezaban a pensar en el país, que empezaban a enfrentar a las corporaciones, a darle un rol mayor al Estado para que la vida no quedara en manos de pocos, me di cuenta de que era posible pensar la política desde otro lugar. Me enamoraron.

–¿Nunca le había pasado algo así?

–Nooooo, jamás. En el 83 me había enganchado con Alende y voté al Partido Intransigente, participé en algunos actos. Me caía muy bien Alfonsín, al comienzo, para donde iba. Después, todo se fue todo a la mierda económicamente. Entró el diablo de Menem y ahí se murió la política. Se murió para todos. Y pasó todo el quilombo, De la Rúa, los cinco presidentes, y apareció este tipo (Néstor Kirchner)... Es natural lo que te estoy contando. Como me pasó a mí, les pasó a muchos. Hay mucha gente que, porque apoyamos al Gobierno, se pregunta qué les pasó a todos los artistas, si nos volvimos pelotudos. ¿Qué les pasa? ¿Por qué van a pensar así? Y creen que apoyamos porque nos garpan. A mí me escriben mensajes de Twitter todo el tiempo, diciéndome que a fin de año se me termina todo...

–¿A usted también? ¿Un humorista no está blindado del bullying en las redes?

–Sí, claro que me dicen de todo. Poner la cara, firmar solicitadas y decir lo que pienso no es gratis. He hecho miles de cosas y me putean otro tanto.

–¿Y lo volvería a hacer?

–¡Pero claro! Cómo no voy a hacer las cosas que siento... ¡Me chupa un huevo lo que me diga la gente! Se piensan que a fin de año se me termina mi carrera.

–Habría que contarles que usted trabaja y es reconocido por lo que hace mucho antes del kirchnerismo.

–Pero es que es el concepto que manejan quienes degradan por pensar diferente. Piensan que la única posibilidad de que alguien manifieste su apoyo político al gobierno es porque te pagan. Piensan así porque ellos lo harían así.

–¿Cree que esa mirada desnuda la propia naturaleza de quien lo enuncia?

–¡Más bien! Sobre todo del argentino, que todo el tiempo sospecha del otro y se premia a quien supuestamente es el más vivo. Y el jefe de los vivos es Tinelli. Es así este país. No hay otra cosa que eso, que es divino. Y, por supuesto, puedo ser decepcionado, como ocurre con cualquier amor. Pero uno tiene necesidad de enamorarse, tiene necesidad de creer en algo.

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“Soy muy hiperkinético, necesito meterme en disciplinas que nunca había estudiado y ver qué es lo que pasa”, afirma Urtizberea.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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