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Sábado, 17 de octubre de 2015

CINE › EL INCAA LES REINTEGRARA UN ARANCEL A LOS DISTRIBUIDORES DE CINE INDEPENDIENTE

En defensa de la diversidad de miradas

El VPF, un sistema creado por Hollywood para apoyar la digitalización de las salas, fue trasladado al resto del mundo. Aquí, amenazaba al cine y a las distribuidoras chicas de cine argentino e independiente internacional, pero la medida del Incaa lo revierte.

 Por Oscar Ranzani

La reconversión tecnológica de las salas de cine permitió cambiar del modelo de proyección analógico al digital. Esto significa que se dejan de usar las históricas latas de 35 mm para pasar a utilizar discos digitales en la exhibición de las películas. Fue implementado en Estados Unidos pero luego se fue trasladando al resto de los países. Una vez diseñado este plan, se impulsó el Sistema VPF (Virtual Print Fee). El VPF fue ideado por las poderosas distribuidoras de Hollywood para ayudar a las salas a solventar el costo de esa reconversión tecnológica. Como había que invertir en todo el recambio de los proyectores, las grandes distribuidoras acordaron abonarles a las salas estadounidenses una suma mensual hasta cubrir el 50 por ciento del costo de la reconversión tecnológica. Ese mecanismo se implementó por película que se exhibe en cada sala digital y el costo es de alrededor de 600 dólares. El problema que generó en la Argentina fue que las pequeñas y medianas distribuidoras, encargadas de llevar al mercado a la producción nacional y extranjera independiente, se encontraron con que esa suma de 600 dólares era muy elevada para los costos que manejaban. La resolución 2384/2015, firmada por la presidenta del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), Lucrecia Cardoso, permite solucionar una situación que tendía a agravarse y regula algunas cuestiones relativas a la aplicación del Sistema VPF en la Argentina, ya que dispone el reintegro parcial de los importes que los distribuidores argentinos (pymes) deben abonar a los circuitos exhibidores de cine en concepto de VPF.

El abogado y asesor de la Cámara Argentina de Distribuidores Independientes Cinematográficos (Cadicine), Horacio Grinberg, amplía el tema a Página/12: “Las majors estadounidenses exportaron el sistema a todo el mundo. Entonces, en la Argentina, las salas empezaron a reclamar el pago del VPF. Con las majors no tuvieron problema porque tenían un acuerdo global para casi todo el mundo. Pero las producciones nacionales más pequeñas y medianas, y el que llamamos cine de la diversidad –que no proviene de Hollywood– muchas veces no podían recaudar ni siquiera el monto del VPF que pretendían cobrarles las salas”, cuenta Grinberg. El riesgo era que ese cine “desapareciera virtualmente de la cartelera porque quienes traen films extranjeros de diversidad cultural son los distribuidores independientes, no son las majors”, agrega el abogado. Los largometrajes europeos, orientales, norteamericanos independientes, turcos, iraníes o de cualquier otra parte del mundo son comercializados por los distribuidores independientes. Cuando ese cine llega a las salas, se logra una exhibición mediana o reducida (5, 10 o 15 salas en varios casos). “Como la recaudación que podían hacer esas películas ni siquiera alcanzaba a cubrir el costo del VPF, el riesgo era que los distribuidores dejaran de traer ese cine a la Argentina”, explica Grinberg.

Esto también afectaba al cine argentino, porque “le impone un costo todavía mayor y una participación todavía más complicada en las salas”, detalla el abogado. “Ya el cine argentino no tiene el lugar que encuentra el de Hollywood en las salas. Al imponerle el VPF, el perjuicio era mayor porque la película tiene que recaudar primero el VPF y las salas se quedan aproximadamente con el 50 por ciento del valor de la entrada. A veces, se quedan con más. Del 50 por ciento que le toca al productor, el distribuidor cobraba su comisión. Y de lo que le quedaba al productor, tenía que pagar el VPF primero y después recaudar para compensar la inversión hecha en la producción de una película”, detalla el asesor de Cadicine. Obviamente, las producciones argentinas que se veían afectadas por esto no eran “los grandes tanques nacionales”.

La resolución firmada por la presidenta del Incaa fortalece a los distribuidores independientes argentinos, ya que se les va a reintegrar parte del importe del VPF de la siguiente manera: para los largometrajes nacionales en soporte digital que se estrenen entre tres y un máximo de 120 pantallas digitales (sin tener en cuenta los Espacios Incaa), el Instituto les reintegrará a esos distribuidores un importe máximo equivalente al valor de 40 VPF completos. En cambio, para largometrajes en soporte digital de origen extranjero que se estrenen entre tres y 40 pantallas digitales (tampoco se tienen en cuenta en este caso los Espacios Incaa), el Instituto les reintegrará a los distribuidores argentinos un importe máximo equivalente al valor de 15 VPF completos. “Esto cubre gran parte del cine de diversidad cultural”, entiende el abogado de Cadicine.

Grinberg también señala que la resolución del Incaa “fortalece al sector de la distribución nacional independiente, y con ello al cine nacional y al extranjero que no proviene de Hollywood, poniendo a nuestro país a la vanguardia en la defensa de esa diversidad cultural cinematográfica”. Y, por otro lado, fortalece a ese sector de la distribución porque “le da un apoyo económico sin el cual corría el riesgo de desaparecer”, concluye Grinberg.

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El Incaa devolverá parcialmente a las distribuidoras pyme el monto del Virtual Print Fee.
 
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