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Viernes, 15 de abril de 2016

MUSICA › RAMON AYALA SE PRESENTARA ESTA NOCHE EN ND/TEATRO

“El hombre tiene una deuda con su tierra”

 Por Sergio Sánchez

Aunque su casa se encuentre en el corazón de San Cristóbal, Ramón Ayala lleva la selva misionera tatuada en el cuerpo. Una mirada rápida por sus cuadros alcanza para reconocer que su espíritu creativo apunta a un mismo lugar: el paisaje y el hombre. Mujeres y hombres de tierra adentro son los protagonistas de sus cuadros, sus canciones y su poesía. “Mire esto, ¿no es maravilloso?”, dice Ayala, mientras señala la inmensidad de su sala de trabajo. “No puedo pedir nada más”, dice este artista multifacético de casi 80 años, agradecido de la vida. “A las ciudades las han cantado y pintado mucho, pero a Misiones no la pintó ni la cantó nadie. Entonces, el que golpea primero golpea dos veces. El hombre tiene una deuda con su tierra; si olvida su propia tierra está olvidando de sí mismo. Entonces, la obra está agarrada con el paisaje de Misiones, por eso es original. Soy un tipo que vive en la selva de cemento, pero estoy preocupado por la selva vegetal. Pero no obstante no me siento lejos de Buenos Aires, he hecho un vals llamado ‘Las casonas de San Telmo’ y un par de tangos”, se explaya. De pronto, empieza a cantar unos versos de “Mi pequeño amor”. Su voz retumba en toda la casa. “¿Qué me decís de eso? Esto es un milagro para un folklorista. Nadie lo puede hacer”, se sorprende así mismo.

–¿Está en su mejor momento?

–Este es el mejor tiempo de mi vida, en todos los órdenes. En la trascendencia, en el desarrollo del conocimiento y en la ejecución de todo esto. Nunca estuve mejor que ahora, papá.

–Yupanqui decía que era más importante la trascendencia de la obra que el artista mismo y anhelaba ser un autor anónimo. ¿Está de acuerdo?

–Yo no lo creo así. Creo que el artista debe trascender por sus condiciones, por su canto, por su persona, por su hombría de bien, por su trato con la gente, por las soluciones que aporta a la vida y por su arte. El artista tiene que ser un ser total. Ese es el artista verdadero, sino le falta algo. Entonces, si vos trascendés por tus canciones y no por tu persona, es porque tu persona no vale lo suficiente como para trascender. Uno tiene que trascender por su entidad. Y yo creo que Ramón Ayala es una entidad. Los grandes actores de la humanidad son magos en el escenario y su persona también es un foco de atracción, va todo de la mano.

–¿Le falta algo por hacer en esta vida?

–Terminar todos mis trabajos, ponerle un broche de oro a cada canal de creación, la pintura, la poesía, la música. La vida es un regalo. Hay que tener amigos, enamorarse, disfrutar de un libro, de una pintura, de la música, de la vida. Yo he logrado lo que quería en mi vida.

Lo cierto es que Ramón Ayala no siempre gozó del reconocimiento del público, la industria y el universo de la música. Si bien artistas como Mercedes Sosa y Horacio Guarany grabaron tempranamente sus obras, Ayala estuvo alejado de la escena durante varias décadas. Pero el empuje de sus colegas, la salida de un película sobre su obra (Ramón Ayala, de Marcos López), distinciones (un Gardel, un premio Konex de Platino) y la salida del disco El cosechero (2014), en donde repasa lo mejor de su repertorio, pusieron las cosas en su lugar. El misionero se siente más vivo que nunca y se encuentra en plena actividad artística. Esta noche se presentará a las 21 en el ND/Teatro (Paraguay 918), junto a Los Núñez en banda. Esta noche sonarán, adelanta, “El mensú”, “El cosechero”, “El jangadero”, “Mi pequeño amor”, “Canto al Río Uruguay” y canciones nuevas como “Los lapachos amarillos”, “De a caballo” y “Señor de los campos”.

Pero ésa no es la única novedad. A fines del año pasado, Ayala publicó un libro escrito en décimas sobre la Guerra del Paraguay, Las trincheras ardientes del Paraguay (Canto popular sobre la Guerra Grande), editado por Cultura de Nación. Allí el cantor y poeta evoca a su madre María Morel, quien rememora “los ecos de las metrallas, los estallidos de la pólvora, los sueños rotos de una nación agredida por sus propios hermanos”. “Es un libro único en Latinoamérica. No hay un libro hecho en poesía que trate una temática tan inmensa y tan maldita como la Guerra de la Triple Alianza. Es un libro condenatorio de la Guerra y una exaltación de la vida. Tiene décimas que hablan de la vida y de la muerte, el hedor de la sangre”, explica Ayala.

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