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Domingo, 24 de abril de 2016

MUSICA › LOS VIOLADORES REGRESAN POR UNA NOCHE AL LUNA PARK

“Desafortunadamente, nuestras canciones aún tienen vigencia”

La banda instaló el punk en la Argentina de los 80, aunque su formación más célebre apenas sacó tres discos. Hoy, Pil Trafa, Stuka, el Polaco Zelazek y Sergio Gramática volverán a tocar juntos después de veintiocho años como modo de ponerle un cierre digno a su historia.

 Por Juan Ignacio Provéndola

“Los Violadores fue parte de un contexto y de una serie de situaciones que, por suerte, no se viven más”, dicen los músicos.
Imagen: Guadalupe Lombardo.

Aunque distintas formaciones de Los Violadores siguieron tocando con ese nombre hasta 2011, el grupo escribió el trazo grueso de su historia en los 80. Fue, fundamentalmente, cuando coincidieron Pil Trafa, Stuka, Robert Zelazek y Sergio Gramática. La alineación duró seis años y dejó tres discos irrepetibles: Y ahora qué pasa, ¿eh? (85), Fuera de sektor (86) y Mercado indio (87). Con el primero le dieron entidad al punk criollo, en el segundo prefirieron provocar indagando en nuevos sonidos y el tercero significó la síntesis depurada de un estilo ineludiblemente propio.

Aquellos fueron los años en los que Los Violadores se inscribieron como patrimonio del rock argentino. No sólo ellos, sino también otras bandas. Que –y no es casual– se vinculaban entre sí, compartiendo conocimientos e inquietudes. Los Violadores, por ejemplo, valoraban públicamente a Soda Stereo y hasta hicieron un cover de Sumo en Obras. Y, así, recíprocamente. Había mucho por descubrir en el rock argentino y la búsqueda colocaba a esas bandas en un espacio común de gracia creativa.

Pero, como si se hubiesen quedado atados a esa década maravillosa, Los Violadores desanduvieron los 90 en una lenta sangría que destiñó su formación original. Pil fue el único que perduró hasta el final. Por lo general, se trataban de salidas ruidosas, con intercambios de reproches y cosas por el estilo. La primera de ellas resume un poco el caos de todas las demás: sobre el final de un show en Quilmes, Sergio Gramática no aceptó salir a hacer los bises y tuvo que sustituirlo de apuro Sergio Vall, baterista del grupo soporte y, a partir de entonces, también de Los Violadores. Aquella noche de julio del 88, apenas una semana después de presentarse en Obras, fue la última vez que tocó la formación emblemática de la banda.

Como se dijo, Pil siguió con el nombre de Los Violadores hasta 2011, aunque no eran pocos los que se preguntaban si alguna vez volverían a reencontarse aquellos cuatro que le dieron magnitud histórica al grupo. Parecía imposible, ya que los rumores daba cuenta de peleas irreconciliables. Otro festival de la exageración: para que esta noche se vuelven a juntar en el Luna Park después de casi tres décadas Pil, Stuka, el Polaco y Gramática, fueron necesarios largos años de reencuentros, acercamientos y propuestas descartadas. “Nos ofrecían venir a ver qué pasaba, pero nosotros ya no podemos hacer eso”, dice Stuka. “Hay una logística que es bastante problemática” agrega Pil. “Stuka vivió en distintas ciudades de Estados Unidos, Robert estuvo un tiempo en Polonia, otro en España y ahora en Miami, mientras que yo estoy en Lima desde hace mucho. No es fácil ponerse de acuerdo”.

Más allá de las distancias geográficas, había otras diferencias que eran necesarias revertir. “Después de tantos años sin vernos, cuando finalmente nos sentamos los cuatro en una misma mesa, agarramos y nos sacamos todo. Nos dijimos las cosas en la cara y disipamos broncas viejas. Creo que fue lo mejor que pudimos haber hecho: ahí fue cuando logramos arrancar de vuelta”, afirma Stuka. “A veces, por no descargar las cosas en su debido momento, hacés cagadas. Ahora vivimos felices y contentos”. A su lado, Pil baja la alegría a una dimensión más terrenal: “Fui al primer ensayo y sentí como si nos hubiésemos despedido una semana antes. Pero hay que tener claro que nos juntamos sólo para hacer esto. Cada uno tiene su banda y sus proyectos. Todo lo que teníamos para decir con Los Violadores, ya lo dijimos. Estamos contentos del período creativo que tuvimos, pero eso es irrepetible”. Ambos encarnan la doble dimensión de Los Violadores: Pil como la cara, la voz y la corporalidad sobre el escena, y Stuka como el cerebro y la creación tras bambalinas. A ellos se les suman Sergio Gramática, miembro fundante junto a Hari B, y el carismático Polaco Zelazek para sellar una épica que hoy se recupera del arcón de los recuerdos con este reencuentro.

–¿Cómo fue el proceso de volver a conectarse musicalmente? Uno imagina tensas discusiones para armar la lista de temas...

Todos: –Noooo...

Pil: –Pero podríamos cambiar “Quiero ser yo, quiero ser libre” por “En la gran ciudad” (risas).

Stuka: –La lista salió bastante natural. En realidad, se la dimos a Sergio Gramática para que la hiciera. Fue quien fundó la banda junto a Hari B y además es el baterista, lo cuál le implica el laburo más intenso sobre el escenario. Por eso su palabra es importante a la hora de elegir las canciones de un show que va a ser largo.

–La “excusa” es que vuelven para celebrar los treinta años de Y ahora qué pasa, eh?, su disco emblemático, aunque en verdad fue editado en 1985...

Pil: –Y ahora... es nuestro disco más conocido. También, el más vendido: es el que tiene “1, 2, ultraviolento”. Es cierto que salió en 1985, aunque explotó al año siguiente. Tampoco vamos a negar que la decisión también tuvo que ver con cierta estrategia de marketing, lo cual no tiene nada de malo, ya que los datos cierran y por eso los usamos.

–¿No van a hacer algo para reivindicar Fuera de sektor, el disco que efectivamente cumple treinta años y que en su tiempo no fue valorado?

Stuka: –No en particular, aunque por supuesto vamos a tocar sus canciones en el Luna Park. Es cierto que acá no fue aceptado como Y ahora..., pero nos sirvió para salir por Latinoamérica y en Perú explotó. Ponés en YouTube “Sentimiento fatal”, una canción que acá no juna nadie y que de hecho ni siquiera está en la lista del Luna, y encontrás pila de bandas peruanas versionándola. Si vamos allá y no la tocamos, nos prenden fuego todo. Para mí, fue una lucha lograr ese sonido que tenía en la cabeza pero que no estaba hecho aún.

Pil: –Reconozco que en su momento yo mismo no aprecié Fuera de sektor. Empecé a valor ese disco con el paso del tiempo. Tenía esa cosa británica pero oscura, en la línea del post punk. Y canciones de amor, algo que no estaba en la cabeza de los seguidores de Los Violadores.

–¿Es cierto que una de las principales influencias de ese disco fue Invisible?

Pil: –Todos escuchábamos esa música. Me alejé de Spinetta después de Jade, como algunos otros que eran más malos y lo llamaban “Spinetta Jode”. Fui a ver la presentación de El jardín de los presentes justamente en el Luna Park, aunque en un año menos simpático: 1976.

Stuka: –¡Y yo los vi en el Astral, en el 74! ¡Invisible me mataba! Los dos primeros grupos que seguía cuando empecé a escuchar rock fueron Invisible y Pappo’s Blues. Todavía hoy escucho esos discos y me sorprende la manera que hacían rock en la Argentina. ¡Cosas irrepetibles! Porque si voy al mismo estudio y pido sonar como Pappo en el 74... ¡no se puede! Había una energía diferente.

–Aunque la referencia fundacional de Los Violadores es The Clash...

Pil: –Es que fue y sigue siendo la mejor banda que hubo en el punk rock. Cuando compré el primer disco de ellos y escuché ese sonido, nunca me imaginé que luego terminarían haciendo canciones de jazz, dub, ska, reggae, calypso entre medio de guitarras... ¡hasta góspel! Ellos no se quedaron en su forma inicial, sino que buscaron cambiar y progresar disco tras disco. Además de su fuerte impronta política... Hay canciones como “The magnificent seven” que, si las escuchás camino al trabajo, querés prender fuego todo.

Stuka: –Hasta hicieron temas medio disco, como “This is Radio Clash”. El principal mérito de ellos fue haberle dando más sentido a los Beatles. Es decir: los Beatles le dieron un vuelo inédito al rock y los Clash retomaron esa libertad para componer abiertamente, sin ataduras ni preconceptos.

–¿Una banda como Los Violadores tendría sentido hoy?

Stuka: –Todo lo que teníamos para decir, ya lo dijimos. Más claro, echale agua. Eso no quita que, desafortunadamente, la mayoría de nuestras canciones aún tengan vigencia, a pesar de haber sido escritas y pensadas hace más de treinta años. No pasaron de moda, por suerte para nosotros, pero por desgracia para la humanidad. La idea de juntarnos es para tener un cierre a la altura de lo que todos creemos que merece Violadores, ya que en ese entonces esta formación se fue desarmando de a poco y entre medio de peleas.

Pil: –La postura que tuvimos en aquellos años es irrepetible y ese es un dato importante, porque Los Violadores fue parte de un contexto y de una serie de situaciones que, por suerte, no se viven más. Tenemos una democracia alegre pero débil, incluso con algunos coletazos que perduran, pero esa situación agobiante de principios de los 80 no está. Nosotros habíamos empezado a tocar con Videla, a quién después cambiaban por Viola, que después a su vez era reemplazado por Galtieri...

–¿Qué cosas diferentes creen que van a ver esta noche entre el público respecto de su último show juntos, veintiocho años atrás?

Stuka: –Veo que sigue habiendo pogo y mosh, pero de otra manera. En los 80, hacían pogo, pero también se cagaban a trompadas de manera sistemática. Ahora el público aprendió. No hay mala onda ni peleas ni agresión. Exactamente al revés de lo que pasa en el fútbol, donde no pueden ir dos hinchadas contrarias a una misma cancha porque se matan a tiros. ¡Hasta se amasijan hinchas del mismo equipo! En el rock, eso ya no existe. Y eso es porque nosotros, los músicos, marcamos un camino y le contamos a la gente que la violencia no te lleva a ningún lado.

–Después de tantos años de búsqueda y largos meses de preparación, ¿no les da nostalgia saber que todo esto llega a su fin esta noche?

Pil: –Tal vez hagamos algo más por el continente, pero lo cierto es que cada uno tiene su propia banda. Activar a Los Violadores de vuelta sería mover la misma maquinaria de siempre.

Stuka: –Preferimos depender de nosotros y no de terceros. Por eso es que nos sentiríamos más cómodos con nuestros proyectos que con Los Violadores. Pero... qué sé yo... cada tanto, podemos juntarnos.

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