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Domingo, 22 de mayo de 2016

MUSICA › MARIA JOSE CARRIZO EN EL C. C. TASSO

El arrabal pampeano

 Por Cristian Vitale

María José Carrizo tiene la Pampa Húmeda encima. Nació en Tres Arroyos, vivió entre La Plata, Bahía Blanca y Córdoba, y hace diez años ancló en Santa Rosa, La Pampa. La vivencia territorial, traspasada a la música, podría haberla convertido en una cantante de triunfos, huellas o milongas, pero acabó optando por el tango. Por el urbano y orillero dos por cuatro, que convirtió en disco (Somos tango) y que presentará hoy a las 21 en el Tasso (Defensa 1575). “En realidad empecé por el folklore, pero este género siempre le da un poco de permiso al tango, y empecé a coquetear con uno, con otro, hasta que no hubo retorno. Además, el tango es un arrabal que uno puede extender por toda la región, si quiere. Creo que desde ahí me identifico… desde esa manera de morder la vida”, introduce la cantora cuya voz la rompe en tangos y milongas como “Fangal”, “Se dice de mí” o “Gallo ciego”. “En esas sincronizidades de la vida me aparecieron dos tipos que aman el tango (el pianista Rubén “Tachi” Gaich y el bandoneonista Alberto “Toti” Mansilla, del Somos Tango Dúo) que son muy melómanos, muy exquisitos, muy seguidores de las líneas puras, de los cuidados armónicos y melódicos, y al final me decidí”, extiende ella, cuya voz desdramatiza el drama de ciertos tangos.

Y los torna “modernos”, casi sin querer. No necesariamente modernos en el sentido de lo musical-contemporáneo, sino en el del tono, la impronta, el ánimo asertivo que le imprime a versiones que, además de las nombradas, incluyen algunos lados B como “Cuestión de ganas” (Juanca Tavera-Rubén Juárez), “Sabe don” (Thompson-Rodríguez) o “Qué buena fe”, de Eladia Blázquez. “Hay un montón de exponentes hoy en el género que le ponen drama a las letras, pero yo elijo no hacerlo, para que el mensaje llegue desde otro lugar. Es cierto que hay cosas que siguen sucediendo, que tenemos las mismas fatalidades, los mismos dramas, pero se pueden decir desde otro lugar”, sostiene Carrizo, nominada a los Gardel en el rubro mejor álbum artista femenina de nuevo tango.

Una de las características salientes de este disco es que tiene una serie de invitados que para un debut resulta llamativa: el Mono Hurtado en contrabajo, Quique Condomí en violín, Franco Luciani en armónica, Nicolás Ledesma en piano, Esteban Morgado en guitarra, Cristóbal Repetto y Vivi Verri en voz y Facundo Guevara en percusión. “Ledesma es de General Pico, Repetto de Maipú… hay una territorialidad pampeana ahí que me identifica con ellos, y con Morgado venimos haciendo travesuras hace tiempo”, cuenta Carrizo que también se dejó ladear por esos dos compañeros que nombró al principio (“Tachi” y “Toti”) para avanzar desde las bases. “Tienen 75 años cada uno y el sonido a tango, tango, sale de ellos, porque tal sonido está apoyado en la Orquesta Característica que ellos conocieron y que era y es el reflejo del tango en todo el país, más allá de sus milongas, sus foxtrots, polcas o géneros tropicales ¿no?... mis maestros bebieron eso y se nota mucho en la música del disco”, comenta la cantora, que resolvió el repertorio pensando en el cuidado de lo genuino, y en el recorrido de su propia vida. “Hay una voz sin estridencias, natural, como si fuera una conversa en la que si me abrazás te la bailo, sí, pero que en esencia es una conversa con un mate de por medio”, define ella, que incluye entre sus referencias a Eladia Blázquez, Rubén Juárez, Roberto Grela, Edmundo Rivero y por supuesto a Tita Merello y Sofía Bozán.

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