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Jueves, 28 de septiembre de 2006

MUSICA › OTRA JORNADA DEL PEPSI MUSIC

Cuando el cartel provoca problemas

La fecha del martes presentó a cuatro grupos que, de acuerdo con el resultado, deberían haber sido programados en días diferentes. El Otro Yo recibió insultos del público de No Te Va Gustar y terminó actuando para 500 personas.

 Por Roque Casciero

¿Esto es el Pepsi Music? ¿Dónde están los múltiples escenarios, la rampa, las pantallas de LCD, el campo enorme, las carpas, las promotoras y la caminata lunar? ¿Y el maratón de bandas bajo el sol o los nubarrones? Ya se sabía que durante la semana el megafestival se trasladaría al ámbito cerrado del viejo estadio Obras, pero así y todo el contraste fue tan drástico que descolocó a más de uno. Y vistos los resultados de la primera fecha indoors, realmente la organización debería replantearse el sentido de estos shows que agrupan a cuatro bandas que poco tienen que ver entre sí. En el ciudad de Buenos Aires se puede deambular de un escenario a otro en busca de sonidos más afines a los deseos propios, pero juntar en Obras a Las Pastillas del Abuelo y No Te Va Gustar con El Otro Yo y Smitten devino en que el cuarteto de los Aldana, que cerraba la fecha, tocara para apenas quinientas personas y se ligara las puteadas de los fans de NTVG. A priori, se podía imaginar que El Otro Yo iba con las de perder en semejante fecha, porque para su público tenía menos sentido gastar 35 pesos en la entrada (por lo general, los tickets para ver a la banda cuestan la mitad) que para un fan de los uruguayos No Te Va Gustar: al menos, éste tenía la posibilidad de ver a otro grupo afín, Las Pastillas. Las dos bandas, con sus diferencias, manejan códigos que tienen que ver con el rock latino, el reggae y el candombe.

El comienzo de la noche fue para el punk melódico de Smitten, banda que está a punto de publicar su primer disco para una multinacional. Su show fue breve y contundente, con fragmentos de temas de White Stripes y Metallica, entre otros, intercalados entre canciones que cuentan con todos los argumentos para interesar al público de Attaque 77. Las Pastillas, que experimentan un vertiginoso ascenso sustentado en el boca a boca (o, mejor dicho, en el email a email), estaban tan emocionados que se pasaron de rosca con la arenga, que realmente era innecesaria: dos tercios de las tres mil personas que calentaban Obras celebró con euforia futbolera cada canción.

Lo de No Te Va Gustar, pese a que su cantante Emiliano Bran-cciari no estaba en su mejor condición vocal, terminó de consagrar su propuesta, que es como una vuelca de tuerca más rockera al rock latino de los ’90. En NTVG brilla una sección de vientos impecable y canciones con ritmos festivos que contrastan notablemente con letras oscuras y hasta retorcidas. Cuando a la banda le faltaba poco para terminar su set y parecía que los apuraban desde el costado, el público comenzó a cantar “El Otro Yo, El Otro Yo, se va a la puta que lo parió”. Y aunque el saxofonista Mauricio Ortiz intentó aplacar los ánimos, Brancciari dijo: “Nos quedan tres canciones y las vamos a tocar, sea quien sea la banda que viene después”. El cantito hiriente se repitió mientras el estadio empezaba a quedar semivacío.

Como si la adversidad les hubiera dado más fuerza, los cuatro El Otro Yo salieron a demoler a puro punk rock, grunge y hard rock. Sonaron potentes aunque sin perder la sutileza, especialmente sustentada en las guitarras de Cristian Aldana y ex Brujos Gabriel Guerrisi. El set fue de veintiséis canciones en 80 minutos, casi sin pausas ni mención alguna para los insultos recibidos, con tres canciones en formato acústico y el repaso de viejos hits generacionales como “AD90”, “La música”, “69”, “Corta el pasto” y “No me importa morir”. Lástima que no pudo ser en otro contexto.

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A pesar del cortocircuito con la gente, El Otro Yo dio un show potente y sin fisuras.
 
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