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Sábado, 8 de octubre de 2016

MUSICA › ENTREVISTA A JUANSE, QUE HOY TOCA EN LA TRASTIENDA

“Te toman como un careta o tarado porque creés en Dios”

Sus últimos dos trabajos fueron un disco con canciones de Pappo y otro en vivo, y hoy toca en un plan más relajado que en el pasado. “No voy a meterme en la misma frecuencia que hizo que los Ratones Paranoicos no estemos tocando”, afirma el músico.

“Gracias a Dios, nos ha ido bien”, apunta Juanse sobre el ciclo de recitales que realizó a lo largo de este año en La Trastienda (Balcarce 460), adonde regresará hoy a las 23. “Esto se armó espontáneamente y se encuentra dirigido al público al que le gusta estar en otro ámbito. No estoy actuando mucho porque el Conurbano me ocupa bastante energía. Soy un artista más bien que anda por ahí. Además, tuve muchos shows como invitado este año. Estuve con Raúl Porchetto, Palito Ortega, Celeste Carballo... Con quien se te ocurra. . Mientras disfruta de una sopa de calabazas en un restaurante del barrio de Belgrano, el músico advierte que, si bien ofrecerá un par de espectáculos sorpresa, ésta es la única fecha que tiene programada en Buenos Aires en lo que resta de 2016. “Lo que estoy presentando, qué se yo… Si algo pude lograr, ya sea por el desafío o la decisión, es ir al ámbito donde la música cumple su función y es accesible para todos. No reniego del estadio, pero hoy me daría vergüenza actuar en un lugar así”.

–¿Por qué le daría vergüenza?

–Porque le vendería una entrada a alguien que me vería a dos cuadras de distancia. Toda esa vanagloria que genera el estadio, quizá lo haría escudado en los Ratones. Pero no me atrevería a hacerlo solo. Al menos, el festival te genera el atractivo de que hay diversas corrientes.

–Aunque el desdén que recibió León Gieco por su inclusión en el Lollapalooza demostró que la diversidad no parece atravesar por un buen momento en la Argentina…

–Es un morbo que hay entre el público, los organizadores, los artistas y el periodismo. Por ejemplo, si vos agarrás un noticiero de los ‘90, su nivel de contenido es muy superior al actual. Es decadente que una pelea entre una modelo y un tipo del que aún no se sabe qué hace sea noticia.

–¿Qué opinión se llevó del programa de Mirtha Legrand, a propósito de su reciente participación?

–Me parece bárbaro. Por suerte, me tocó una muy buena mesa. Estuve con la hermana Martha Peloni, que es un ángel, con Fanny Mandelbaum, quien, pese a que podrás estar de acuerdo o no con lo que piensa, tiene una altísima vivencia. Ni hablar de Antonio Tarragó Ros, que es un músico excepcional. Mirtha es una artista de primer nivel, es una persona avanzada en todo. A pesar de la conjunción de ideas, vos tenés la opción de ponerlo o no. La idea es brillante, por eso duró casi 40 años en el aire.

–¿Temió que lo banalizara?

–Si vos tenés contenido, te trata bien. Si no tenés nada que decir, te agarra por el lado que te agarran todos. Tras grabar treinta discos, tengo algo para contar. Sin embargo, que los periodistas deportivos hoy hablen de política marca lo que está sucediendo ¿Para qué veo televisión, entonces? No tengo idea. Para dormirme, supongo.

–¿Haber estado en ese programa le sirve para cortar tickets?

–No creo.

–¿Por qué le interesó la invitación?

–Me enteré de que la primera vez que se emitió el programa fue el 3 de junio de 1968, y yo nací el 3 de junio de 1962. Fui a contarle eso.

–A diferencia de lo que sucedió con Pomelo, se tomó con humor las cargadas que le hicieron por el parecido de su look en Almorzando con Mirtha Legrand con el de Austin Powers. ¿Qué cambió esta vez?

–Si bien me encanta Austin Power, uso lentes porque no veo. Jamás me importó agradar. Me gusta brindar alegría con la música y hay mucha gente que piensa como yo. No me interesa la política, aunque soy un ser político. En mi intimidad la manejo. Por el único que pongo las manos en el fuego es por el Papa.

–Pero el Para Francisco parece haber dividido las aguas en la política argentina, al punto de que el macrismo está incomodo por su trato con el Presidente.

–¿Sabés qué pasa? Todo se transformó. La sociedad argentina es muy elitista, excluyente y exitista. Si sos número dos, sos un muerto. A través del rock and roll, nosotros enviamos el mensaje de que no hay nada mejor que ser el número dos. Ese es el objetivo hoy: siempre estar detrás de esa exposición, de ser el ganador. Como dice Francisco, el dinero es el estiércol del Diablo.

–¿Conoció al Papa en persona?

–Estuve con él. Pero no mediante una entrevista privada, sino entre el público. Fui porque soy de una comunidad llamada Jesús Pan de Vida, que es de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás. Mi intención fue que se pusiera la cruz ésta que tengo en el pecho, para luego volver y mostrársela a la gente de la parroquia.

–¿Lo reconoció?

–No creo. Luego me mandó cosas.

–Pese a que se convirtió en un hombre de fe, al menos hasta ahora no se aprovechó de su condición de figura para cultivar la religión entre sus seguidores ¿Es consciente de eso?

–Soy mariano, porque la Virgen es la única mediadora entre nosotros y Jesús, al igual que paulista, pues soy una persona que se convirtió. San Pablo era un perseguidor de cristianos y me identifico con todo lo que dijo.

–Raúl Porchetto, quien lo invitó para la celebración de sus 45 años de trayectoria artística hace algunas semanas, también es mariano, y fue objetado en el clímax de su carrera por involucrar a la religión en sus canciones. ¿Cree que le puede pasar lo mismo?

–El poder se encarga de que no se toque el tema de la religión porque ésta te aleja del consumo. Te toman como un careta o tarado porque creés en Dios. Es increíble. A veces me preguntan si me lavaron el cerebro y no sólo respondo que sí, sino que también me parecería estupendo que esa persona que me cuestiona también pase por ese proceso, por todas las cosas feas que piensa. Ese tipo de gente es la que todo el tiempo está turbada esperando a que lleguen las 10 de la noche para aferrarse al incentivo. Y con eso no quiero saber nada.

–¿Limpió de su repertorio temas sugerentes como “Rock del pedazo”?

–A mí me encanta tocarlo, pero no lo anuncio. No le podés negar a la gente una de las canciones que hizo que vos estés ahí. Al contrario, es un testimonio. No hay que renunciar a lo que uno hizo. Nunca fui el protagonista de mis letras. Es un error garrafal. Un verdadero artista no lo es.

–Sus últimos dos álbumes no son de temas propios: uno fue Pappo x Juanse (2014) y el en vivo Una noche en el Opera (2015). ¿Cómo se viene su nuevo material de estudio?

–Tengo más de 300 canciones que están terminadas. Si bien este año lancé un single llamado “Para mí”, en el único ámbito en el que me haría cargo de la composición en exclusiva sería con los Ratones. Por ahora me interesa la conmemoración a grandes artistas y la alegría de que mucha gente conozca a Pappo porque no lo vio en vivo. Quiero que Charly venga este sábado, preparé “La sal no sala” para hacerla con él.

–¿Sigue en contacto con los demás integrantes de los Ratones Paranoicos?

–Hablo con Pablo Memi, a veces. Por ahora es inviable, desde lo personal, una vuelta del grupo. No hay una oferta, no sólo económica, sino seria que la justifique.

–¿Sabía que este año se cumplen tres décadas del primer disco del grupo?

–Éramos muy buenos intérpretes, y (Gustavo) Gauvry fue un productor que nos descubrió y pulió. Pareciera que nos hubiera estado entrenando para lo que nos iba a pasar después, que fue la llegada de Andrew (Loog Oldham) a la carrera, lo que hizo que todo se dinamice hacia otra profundidad y nivel. El rock and roll era una raíz que nunca existió acá. Lo más cercano a eso era el segundo disco de Pappo, o un poco de Manal y Vox Dei. A fines de los ‘70, estábamos podridos de escuchar esa música que estaba de moda. Y donde aparece la enfermedad, aparece la vacuna que la elimina. Así que los Ratones (en noviembre saldrá Ceremonia: disco tributo, editado por el sello Geiser Discos, que brinda una lectura contemporánea de la banda a través de 15 artistas, en su mayoría de la actual escena independiente) fueron responsables del cambio de actitud del público frente a eso.

–También establecieron un cambio del clic con respecto a los Stones… A propósito, en los últimos shows de ellos tocó como invitado de La Beriso. ¿Se reencontró con Jagger y compañía?

–Dios no lo permita… Hice una trampa: actué y me escapé.

–¿En serio?

–¡Pero por favor!

–¿Qué opina de la actual escena del rock argentino?

–En la Argentina, todos quieren que la abuela los vea por televisión. A veces el adolescente no escatima medios para lograrlo y en pos de eso renuncia a darle una forma. Justo lo contrario a lo que hizo Spinetta, quien luchó incluso para no ser tapa de una revista. Eso ya no existe y puedo decirlo con alguna autoridad porque trabajé con esa camada. En lo particular, no pienso en dejar ningún legado en particular, sino transmitir mi fe al prójimo.

–Hablando de transmisión, ¿cómo se siente en su flamante rol de conductor radial, en la FM Nacional Rock, donde lleva adelante el programa La nave del rock?

–Espectacular. Bobby Flores es un gran director artístico. Me siento muy bien. Tengo un gran programa, con un staff de lujo: el vecino del octavo piso es el que habla sobre diarios y revistas, mi mamá habla de arte, Gori (líder de Fantasmagoria y músico de su banda) es columnista de lo que pasó el fin de semana. También participan mi asistente, Gus, y Ernie, mi guitarrista. Y van invitados. Una vez por mes vamos en vivo. Lo que está bueno es que nos vamos del eje y hablamos de cosas relacionadas con estar bien.

–¿Es cierto que está estudiando en la facultad?

–Estoy cursando Metodología Científica y Orígenes en el Colegio Champagnat, a partir de la sugerencia de monseñor Giorgi. No es una carrera, lo hago porque me gusta. Me metí y me quedé pegado.

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“No pienso en dejar ningún legado en particular, sino transmitir mi fe al prójimo”, afirma Juanse.
 
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