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Miércoles, 12 de octubre de 2016

MUSICA › EL VIERNES SE ESTRENARá EN EL ARGENTINO DE LA PLATA ESCRITO SOBRE PIEL, DE GEORGE BENJAMIN

El sonido liberado de cualquier fórmula

Con dirección musical de Lucas Urdampilleta y puesta de Cristian Drut, sube a escena una de las óperas más trascendentes de las últimas décadas. El libreto, de Martin Crimp, se basa en un texto medieval tomado por Boccaccio.

 Por Diego Fischerman

Un pecado y un castigo. El adulterio, el amante asesinado y la mujer que se verá obligada a comer su corazón. El suicidio de ella y un coro de ángeles. Un texto medieval y su comentario contemporáneo. Y una música extraordinaria, escrita por uno de los más brillantes compositores actuales, el inglés George Benjamin. La ópera, Escrito sobre piel, se estrenó hace cinco años en el Festival International d´Art Lyrique de Aix-en-Provence. En 2013 se presentó en la Royal Opera House (Covent Garden), y a comienzos de este año lo hizo en Barcelona y Madrid. Y este viernes, la obra más consensuada entre las estrenadas en las últimas décadas subirá a escena en el Argentino de La Plata.

Con nuevas funciones el domingo 16, viernes 21 y domingo 23, la ópera, que cierra el abono lírico de este año en ese teatro, tendrá dirección musical de Lucas Urdampilleta y puesta en escena de Cristian Drut. El libreto, de Martin Crimp, está basado en el relato “Le coeur mangé”, del trovador Guilhem de Cabestanh, que fue luego retomado por Boccaccio en Decamerón. En el guión de Crimp dialogan dos épocas: los ángeles comentan la acción desde el presente. La música de Benjamin, asimismo, juega con las tensiones entre lo clásico y lo contemporáneo. Protagonizada por la soprano Jaquelina Livieri, el barítono Hernán Iturralde, el contratenor Flavio Oliver, la mezzosoprano Eugenia Fuente y el tenor Carlos Natale. Escrito... tendrá escenografía y vestuario de Cecilia Zuvialde, e iluminación de Alejandro Le Roux.

Nacido en 1960 y alumno de Olivier Miessiaen cuando tenía 16 años (su maestro, de paso, lo comparó con Mozart), Benjamin ya era un compositor consagrado a los 20. Curiosamente, en los treinta años siguientes cultivó un perfil asombrosamente bajo y se especializó, podría decirse, en el arte de la miniatura (de rara perfección, es claro). Esta ópera es su primera composición dramático musical en gran escala y la orquestación es de una originalidad y un detalle exquisitos.

En la obra se utilizan sonoridades derivadas de estilos musicales antiguos, escalas y modos melódicos que remiten a lo medieval e instrumentos exóticos en el orgánico orquestal actual, como mandolinas o viola da gamba. La percusión, por su parte, incluye tambores de diferentes tipos, tablas indias, cencerros, cascabeles, güiro y hasta una máquina de escribir. En una entrevista publicada por el periódico The Guardian, en 2012, Benjamin confesaba que su destino había tomado un rumbo definitivo cuando a los 6 años vio la película Fantasía, de Walt Disney. “Hoy un niño tendría muchos más problemas para tomar contacto con las tradiciones de la música escrita”, se lamentaba en aquella oportunidad. “En los medios de comunicación no hay nada, absolutamente nada sobre la música contemporánea o acerca de cualquier compositor que esté vivo. Son casi mundos paralelos que no se tocan y las posibilidades de que se crucen en algún momento son realmente muy bajas”. En esa ocasión, Benjamin reflexionaba acerca del uso de materiales “cada vez más simples” en su música. “Es que de esa manera puedo hacer más con ellos”, explicaba. Los modos de componer de Benjamin, en todo caso, nunca son del todo previsibles. Una de sus composiciones más famosas, escrita para medios electrónicos, es “Antara”, una suerte de fantasía (muy) libre sobre la música andina. Y es que todos los días, cuando pasaba por la Plaza Pompidou para llegar a su laboratorio electroacústico en el célebre IRCAM francés, escuchaba al mismo grupo latinoamericano que tocaba en la calle.

Con respecto al uso de materiales tonales, Benjamin es categórico: “Se asume una perspectiva única, pero no hay ninguna regla que diga que uno no pueda trabajar con centros múltiples y que esos centros puedan ser extendidos.” Escucha apasionado de la música de otros, dice que “todos los derechos de autor de toda la música clásica que no es de dominio público, y eso incluye a Stravinsky y Bartók, es la tercera parte del 1% del total que se recauda en Inglaterra”. “Es decir que la música clásica no forma parte de la vida de muchas personas. Es algo cerrado para ellas. Es una actividad totalmente periférica de la sociedad. Y yo no puedo dejar de pensar que es demasiado lo que se pierde para demasiada gente”.

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George Benjamin ya era un compositor consagrado a los 20 años.
 
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