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Miércoles, 12 de octubre de 2016

CINE › BRENDA GANDINI ES UNA DE LAS PROTAGONISTAS DE LAS INESES, QUE SE ESTRENA MAñANA

“Armar este personaje era un desafío”

La actriz, que pasó de la factoría de Cris Morena a Vidas robadas, encarna en el film de Pablo José Meza a una madre que está convencida de que le dieron el bebé equivocado.

 Por Oscar Ranzani

La posibilidad de realizar un estudio ADN para conocer una relación filial no era algo frecuente a nivel masivo en 1985, a diferencia de la actualidad. Por esa razón, el director Pablo José Meza sitúa la historia de Las ineses –que se estrenará mañana– en la década del ‘80. La historia que pensó el realizador comienza cuando Carmen (Brenda Gandini) y Rosa (Valentina Bassi) van juntas a dar a luz al hospital. Las mujeres son vecinas y sus maridos, Pedro (Luciano Cáceres) y el negro Ramón (el actor brasilero André Ramiro) se apellidan García. Cuando los García conocen a sus hijas, la sorpresa es inocultable. Pedro cree que la beba morochita que reciben de la nursery no se les parece, y los gritos del negro Ramón juran que la criatura rubia que le acaban de entregar a su mujer no les pertenece. Con un tono más light que profundo y con algunos desajustes actorales transita esta supuesta comedia, de la que no termina de quedar claro si la intención es hacer reír o llorar. “Me atraía el mundo de Carmen por la maternidad. Después de haber sido mamá, esos mundos me atraen mucho más porque están en un lugar donde uno también se siente cómodo, donde podés llegar a entender al personaje”, comenta Gandini en diálogo con Página/12.

–¿Qué le hizo pensar como madre la confusión que se genera en el hospital con los nacimientos?

–Terrible. Desesperación. Nosotros lo contamos en una época donde no existían las pruebas de ADN. Estas cosas ocurrían. De hecho, transcurre en el interior, donde un hospital no estaba preparado para que cosas así no sucedieran. Ese día daban a luz muchas mujeres. Lo que me pasó cuando leí el guión fue pensar que me moriría si me llegara a dar cuenta de que me cambiaron a mi hijo. Sentiría que me están arrancando una parte mía. Acá se cuenta de una manera más liviana. Realmente, ellos están convencidos que por el aspecto físico se los cambiaron. Ese era el pensamiento en los ‘80. Cuando mi hijo nació, era morocho y pensé que era parecido al padre. Cuando nacen los hijos, uno relaciona su aspecto con la madre y con el padre pero, en realidad, traemos una herencia genética de miles de años. Yo soy rubia y de ojos azules, y mis papás son morochos. Entonces, cuando leí el guión me paralicé.

–Si bien actuó en otras películas, éste es su primer protagónico en cine. ¿Cómo vivió la experiencia?

–Lo del protagónico es medio relativo. No tiene importancia la escala a nivel de protagonista o personaje secundario, disfruto cada trabajo que hago. Para mí hacer Las ineses era un desafío porque teníamos que interpretar gente con valores muy humanos, gente buena. Armar ese personaje ya era un desafío y también poder contar algo distinto.

–¿Siente que el cine puede hacerla crecer como actriz?

–No creo que sea el cine en sí. Tanto el teatro, el cine como la televisión pueden hacerme crecer. El trabajo como actriz depende de una, de cómo una quiera evolucionar, cómo una quiera seguir estudiando. No soy de aferrarme a un solo método. Me gusta también ver, en el momento en que estoy, qué necesito para crear un personaje. Si me pregunta cómo pensaba ser actriz hace diez años, la verdad es que contestaría algo muy distinto de cómo lo pienso hoy. Todo da experiencia y depende de uno; por más que tenga un bolo chiquito, algo distinto voy a poder hacer. Hay que encontrar la manera de disfrutarlo. Si no, se padece y no es la idea.

–Suele decirse que en el teatro es más el actor el que deja la marca y en el cine es el director. ¿Usted qué piensa?

–Sí, la cámara cuenta todo. El ojo es maravilloso. Y dicen que en cine no hay malos actores sino malos directores... Pero es un trabajo en conjunto. En el cine es fundamental el trabajo actor-director. Hay que tener en cuenta que nosotros interpretamos algo que ya está escrito. Un director ve que podés hacerlo de la manera en que él lo tiene en su cabeza. Por eso digo que es fundamental el trabajo en equipo. Y esto sucedió con Pablo. El ya tenía definido de qué manera quería contar la historia. Por ahí, una proponía siempre con mucho respeto porque, además, él la escribió con Victoria Mammoliti. Soy muy respetuosa del trabajo de ellos. Confío siempre y me siento mucho mejor trabajando si siento que estoy sostenida del lado del director, porque no me estoy viendo. Estoy poniendo el cuerpo, mis sentimientos e interpretando lo que le pasa a Carmen, pero el que me está viendo es el director. Los directores son el sostén de todas sus películas.

–La descubrió Cris Morena, pero ¿considera que su primer trabajo fuerte fue Chiquititas o Sos mi vida?

–No, el primer trabajo en el que sentí un quiebre como actriz fue haciendo Vidas robadas. Cuando empecé a trabajar con Cris era como muy inconsciente del mundo al que pertenecía. Era una adolescente buscando qué quería hacer. Venía de Cipolletti con otra vida, adaptándome a Buenos Aires. Gracias a Dios, en los casting que hacía quedaba, porque siempre me gané todo por casting, nunca tuve las cosas tan fáciles. En Vidas robadas, cuando me tocó involucrarme con un tema como era la trata de personas y con semejante elenco, fue donde realmente tomé conciencia de la importancia y de la preparación que requería ser actor. A mi personaje la secuestraban, la violaban. Entonces, una tiene que interpretar esas situaciones de una manera respetuosa y estar preparada de que lo puede hacer. También sumaba el grupo humano de actores: estaban Jorge Marrale, Virginia Innocenti, Facundo Arana... Todos tenían un nivel de compromiso y una preparación actoral que me contagió y que me hizo saber que realmente había que asumir un compromiso y prepararse para poder hacer todo tipo de escenas. Ese fue mi quiebre.

–Es de cultivar el bajo perfil. ¿Le molesta la fama y el mundo de la farándula?

–En realidad, nací con eso. Mi mamá (Daniela Cardone) empezó a ser modelo desde muy chica. Lo que me molesta es lo que se genera, la invasión a ciertas cosas. Hoy es medio complicado poder mantener la privacidad. A mí me interesa ser conocida por mi trabajo. Ya nací teniendo fama por ser hija de una persona conocida. Después también adquirí fama porque salgo con un actor (Gonzalo Heredia). Entiendo que soy parte del medio. Está en mí. Hay situaciones que prefiero no mostrar, situaciones que por ahí sí. Me gusta guardarme cosas. ¿Por qué tengo que entregar todo? Sí me gusta mostrar fotos y tengo Instagram, Twitter, y sé que a la gente le gusta ver cómo trabajamos, pero me gusta mostrarme en mi trabajo. Es difícil que pueda mostrar situaciones muy íntimas de mi casa.

–¿Extraña por momentos la vida en el sur, donde residió hasta los 18 años?

–Sí, sí, por momentos sí. De hecho, vivo fuera de la Capital. Voy buscando estar en lugares que me hagan el cable a tierra. Necesito viajar una vez al sur, ver a mi familia. Soy muy familiera. Para mí, los lazos son importantísimos. Necesito volver también para sentirme un poco terrenal. A veces, esta profesión te hace entrar como en una vorágine de mucho trabajo y no conectás con lo que está pasando con tu vida en este momento. Extraño un poco los lugares verdes y los momentos de ocio y creatividad que no los puedo tener tanto ahora.

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“Tanto el teatro, el cine como la televisión pueden hacerme crecer”, asegura Gandini.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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